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:: Biografía

Avellaneda

Empresa de más altos vuelos va a ser, durante aquellos años, la continuación de las aventuras de don Quijote y Sancho: una Segunda parte anunciada por el autor al final de la Primera, con la promesa de que la última salida del ingenioso hidalgo acabaría con su muerte. Se suele afirmar que inició su redacción pocos meses después del regreso a Madrid, tal vez a petición de Robles; pero tuvo a buen seguro que suspenderla en varias ocasiones, para llevar a cabo las demás obras que tenía en el telar. Portada del Segundo tomo de las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha por Alonso Fernández de Avellaneda en casa de Felipe Roberto, Tarragona, 1614.En el prólogo a las Novelas ejemplares, redactado en 1612 y publicado, como ya vimos, en el verano de 1613, Cervantes informaba a su lector que pronto iba a ver, «y con brevedad dilatadas, las hazañas de don Quijote y donaires de Sancho Panza». Un año más tarde, pone fecha del 20 de julio de 1614 a una carta de Sancho a su mujer Teresa, incluida a medio camino, en el capítulo 36. Durante el verano, en poco más de dos meses, no redacta menos de 23 capítulos. Es entonces cuando aparece en Tarragona, al cuidado del librero Felipe Roberto, el Segundo tomo de las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas.

No era la primera vez que un libro de éxito suscitaba émulos: La Celestina, el Lazarillo de Tormes, la Diana de Montemayor habían inspirado, en el siglo XVI, continuaciones más o menos fieles al original. En años más cercanos, Mateo Luján de Sayavedra había dado a luz una Segunda parte del Guzmán de Alfarache, mientras Mateo Alemán trabajaba en la finalización de la suya. Ahora bien, este Quijote apócrifo era producto de una superchería, corroborada por una cascada de falsificaciones que afectan a la vez a la aprobación del libro, al permiso de impresión, al nombre del impresor y al lugar de publicación. Además, el nombre de Avellaneda no era más que una máscara, detrás de la cual se escondía un desconocido que, hasta la fecha no se ha podido identificar. Hace algunos años, Martín de Riquer abrió una pista a partir de varios indicios -tics de escritura, incorrecciones y torpezas de estilo, repetidas alusiones al rosario- que denunciarían a Jerónimo de Pasamonte, soldado y escritor que, en el capítulo 32 de la Primera parte, parece haber inspirado el personaje del galeote Ginés de Pasamonte, metamorfoseado, en la Segunda, en Maese Pedro, el famoso titiritero.

De origen aragonés, Jerónimo de Pasamonte habría puesto su pluma al servicio de Lope de Vega para cortar el camino a Cervantes. Con todo, como ha mostrado el llorado Edward C. Riley, esta hipótesis carece de argumentos realmente probatorios. No obstante, cualquiera que sea la identificación propuesta, el prólogo de Avellaneda, atribuido por algunos a Lope de Vega, hirió profundamente a Cervantes, al invitarle a bajar los humos y mostrar mayor modestia, además de burlarse de su edad y acusarle, sobre todo, de tener «más lengua que manos», concluyendo con la siguiente advertencia: «Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus Novelas: no nos canse».

Cervantes contestó con dignidad a estas acusaciones. Mateo Alemán, en la Segunda parte del Guzmán de Alfarache, llega a contarnos cómo Mateo Luján roba a Guzmán antes de hacerse su cómplice y, tras embarcar con él rumbo a Barcelona, enloquece y se arroja al mar. Nuestro escritor prefirió buscar otro camino: primero, reivindica en el prólogo su manquedad, nacida, según adelantamos, «en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros»; luego, en la misma narración, hace que don Quijote llegue a hojear el libro de Avellaneda, al coincidir en una venta con dos de sus lectores, decepcionados por las necedades que acaban de leer; por fin, incorpora a la trama del suyo a don Álvaro Tarfe, uno de los personajes inventados por el plagiario, dándole oportunidad para conocer al verdadero don Quijote y comprender que el héroe de Avellaneda se hizo pasar por otro que él.

Antonio de la Gándara, La Déclamation de Don Quichotte à Sancho Pancha, c. 1912-1913. Colección particular.Este último episodio es inmediatamente anterior al fin de las aventuras verdaderas del caballero. En enero de 1615, quedan concluidos los últimos capítulos del libro. A finales de octubre, están redactados el prólogo y la dedicatoria al conde de Lemos. En los últimos días de noviembre sale a luz la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quixote de la Mancha. Por Miguel de Cervantes, autor de su primera parte: una segunda parte «cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera», pero en un relato «dilatado» de sus nuevas aventuras, es decir prolongado, llevado hasta su término y, también, ampliado y agrandado; una segunda parte que llevó la novela a su perfección, asegurándole una consagración inmediata, confirmada en adelante por la posteridad.

De la fama que Cervantes había llegado entonces a tener, más allá de los Pirineos, se hace eco una anécdota recogida en su aprobación por el licenciado Francisco Márquez Torres, uno de los censores de la Segunda parte. En febrero de 1615, unos caballeros franceses que acompañaban al embajador Sillery, enviado a España para negociar la unión de Luis XIII con Ana de Austria, fueron a visitar al cardenal Sandoval y Rojas, protector de nuestro escritor. Al enterarse de la labor que Márquez Torres estaba desempeñando, «apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes, cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación que así en Francia como en los reinos sus confinantes se tenía de sus obras: la Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria, la primera parte désta, y las Novelas [...]». «Preguntáronme muy por menor de su edad, su profesión, calidad y cantidad -prosigue Márquez Torres-. Halléme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre».

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