GRACIAS, TRICICLE


Hay quien afirma que vuestro único objetivo es hacernos reír. Por eso mismo os doy las gracias. Otros muchos actores o grupos comparten ese objetivo, pero me dan pena. Tal vez sea mi problema. Aunque pienso que ellos también son culpables por cultivar una comicidad vulgar, chabacana y ajena al menor atisbo de imaginación. Vosotros, no. Lo habéis demostrado en vuestras obras. El resultado ha sido el éxito masivo sin la pérdida de la coherencia con unos principios establecidos desde los lejanos tiempos de Manicomic. La gente os ha hecho populares, pero sólo les ofrecéis una sonrisa. Tal vez porque esta oferta sea suficiente. Y hasta generosa en los tiempos que corren.

He visto todos vuestros espectáculos. Y no me canso. Tampoco me disgusta el buen jamón, aunque su sabor sea previsible. Debe ser un vicio. O fidelidad, que en ocasiones es lo mismo. La mía es a un grupo cuya trayectoria ha sido coherente, a pesar del éxito. Lo acabáis de demostrar en vuestro último espectáculo, Sit, donde tantas cosas nos llevan a otros anteriores, incluso a los primeros. Y os lo agradezco. No es una vuelta a lo ya hecho. Es un reencuentro enriquecido por la experiencia de más de veinte años en los escenarios. Ahora todo os sale mejor, aunque no sorprenda a algunos. No me gustan las sorpresas. Prefiero la calidad. La vuestra ha llegado a ser exquisita.

Tiempo habrá de «estudiar» vuestra última obra. Es mi trabajo. Mientras tanto, prefiero agradeceros dos horas de sonrisas. E incluso alguna carcajada. Y hasta sorpresas. Tal vez porque veinte años de profesor universitario de teatro no hayan conseguido desterrar mi ingenuidad como espectador. También puede ser que ya no necesite aparentar ser un pedante. Y si me río, lo digo.

Una vez más habéis conseguido explotar la vertiente cómica de lo cotidiano y lo próximo. En este caso las sillas. Puestas al derecho o al revés, sacadas al trasluz del cine mudo, el circo, el mimo, el fregolismo..., convertidas en un objeto, y en un protagonista, del cual es imposible sacar más jugo humorístico. Tal vez ahora cuando me siente en una ya no me conforme con sentarme. Le daré un empujoncito, la giraré, miraré las patas... esperando que me responda y hasta me haga sonreír. Porque de eso se trata. Sonreír con lo más cercano y próximo gracias a la imaginación. La que vosotros tenéis. Gracias por dejárnosla.

Y gracias también por ese arte del gesto, cada vez más escueto y limpio. También más eficaz. Todavía somos más jóvenes que Marcel Marceau, pero conviene economizar energías gracias a la experiencia. Enhorabuena. La que también se merecen quienes han diseñado un espacio escénico donde cada elemento alcanza su máxima rentabilidad. No me gustan los que abruman, sino los que seleccionan. Habéis dado una lección en ese sentido.

Estoy convencido de que Sit será un nuevo éxito. A pesar de los riesgos asumidos en un espectáculo donde el humor es más abstracto que en otros anteriores. Hay demasiada gente a la que le gusta lo obvio y clarito. Incluso algunos afirmarán «no comprender» vuestra obra. Es un problema de imaginación de quienes no están dispuestos a jugar con aquello que les rodea, empezando con ellos mismos. Yo quiero jugar con cualquier tipo de sillas y sillones, incluso los de la sala de espera de un dentista para acabar cantando una saeta. Gracias por haberme enseñado las reglas del juego.

Estoy seguro de que otros también querrán jugar. Les recomiendo que vean Sit y empiecen a imaginar que su butaca se puede mover...


Juan A. Ríos Carratalá