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La autora

Apunte biográfico


Gabriela Mistral en 1920Porque entre las asperezas de mi vida, se abre como una rosa pálida bañada por los resplandores melancólicos del crepúsculo de mi tristeza; porque entre sus pétalos entreabiertos nace el aroma embriagador de su amor que aspiro con delirante ansiedad, como una esencia de vida, como un soplo que acaricia fresco y puro el corazón abrasado por las ascuas candentes del dolor.

Porque la he visto alzarse sobre el lodo pútrido del mundo, sin que a sus hojas de una albura eucarística lleguen los efluvios de ese fango donde se revuelcan los microbios malditos de las pasiones.

Porque en el cielo siempre negro de mi suerte las ilusiones y las esperanzas han brillado un instante solo y apagado sus falsos fulgores por el soplo del desengaño, he visto brillar con más sinceridad el astro mágico de su amor que me envía sus caricias de luz para alumbrar en el abismo horroroso de mi infortunio.

Por eso mi alma le ha dedicado una página de su libro misterioso…

(Lucila Godoy Alcayaga, «Página de mi alma»,
La Voz de Elqui, 20 de abril de 1905)


... Mi madre

Su madre… Vivió hasta los 84 años. Era una mujer muy hermosa y muy delicada, cuya voz que convendría oír me habla siempre en el recuerdo como la más perfecta voz humana que yo haya escuchado. A esa voz suave y patética se la había subido la caridad maravillosa de su corazón.

(Carta de Gabriela Mistral a Virgilio Figueroa, Puerto Rico, 1933)


... Mi padre

Casa Natal de Gabriela Mistral. Hoy museo… Se llamaba Jerónimo Godoy Villanueva… dejó nuestra casa cuando yo tenía tres años; regresó a visitarnos a Diaguitas, cuando yo contaba unos diez, pero tampoco se quedó con nosotros. Casi toda su vida la pasó en su provincia natal de Atacama, creo que en el valle del Huayco donde su padre don Gregorio Godoy tenía tierra y ganados. Hay sangre suya dejada en esa región, donde él se formó una o más familias accidentales. Había en él igual errantismo que en mí, y nunca vivió mucho tiempo en el mismo lugar; conocía la pasión de la tierra; pero de la geografía caminada, y su vida fue a un mismo tiempo dolorosa y bella, exenta de hábitos burgueses de sedentarismo, y extraña, cuando me la cuentan, como una fábula que me hace llorar. Mi recuerdo de él pudiese ser amargo por la ausencia, pero está lleno de admiración de muchas cosas suyas…

(Carta de Gabriela Mistral a Virgilio Figueroa, Puerto Rico, 1933)


... Mi hermana

Emiliana Molina, hermana de Gabriela Mistral… Emelina Molina, me dio enteramente la educación recibida en la infancia que en buenas cuentas es la única que tuve y que me fue transmitida puede decirse, en las rodillas fraternas. Reemplazó a mi padre en sus obligaciones familiares, y yo lo reconozco el bien definitivo de la asistencia material y moral. El mérito de su formación se me ocurre que sea el de no haber deformado nada en mí, como lo hacen las escuelas mientras más modernas, más pedantes que se conocen en nuestro tiempo, y el haberme enseñado a base de imaginación y de sentimiento, con relatos bíblicos y con la vida del campo…

(Carta de Gabriela Mistral a Virgilio Figueroa, Puerto Rico, 1933)


Empecé a trabajar...

Gabriela Mistral maestra… en una escuela de la aldea llamada Compañía Baja a los catorce años, como hija de gente pobre y con padre ausente y un poco desasido. Enseñaba yo a leer a los alumnos que tenían desde cinco a diez años y a muchachotes analfabetos que me sobrepasaban en edad. A la directora no le caí bien. Parece que no tuve ni el carácter alegre y fácil ni la fisonomía grata que gana a las gentes. Mi jefe se padeció a mí y yo me la padecía a ella…

(Carta de Gabriela Mistral a Virgilio Figueroa, Puerto Rico, 1933)


Sentirás que a tu lado…

Gabriela Mistral
… cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente…
¡y después hablaremos por una eternidad!

(«Los sonetos de la muerte»)


Dejando atrás familia y todo…

Gabriela Mistral en Temuco, 1920Usted no conoce mi vida de maestra y voy a resumirla en cuatro líneas porque la sé noble de toda nobleza para que no la tome en cuenta: Con la obediencia y el deseo de servir de una empleada pública, accedía a ir a Magallanes, dejando atrás familia y todo, a «reorganizar» el Liceo de Punta Arenas. Un pueblo entero, desde el obrero de la federación hasta los capitalistas pueden decir en qué forma cumplí con mi comisión. El Liceo de Temuco se encontraba en un caos de luchas ternas y desorden, cuando el gobierno me mandó allá…

(Pedro Pablo Zegers, Recopilación de la obra mistraliana)


Cuando llegué a México…

Gabriela Mistral en 1922 en México junto a un grupo de maestros… la reforma estaba realizada en la mayor parte de sus puntos capitales; mucho más que dar, yo he tomado ideas de ella, recordando siempre al creador y jamás pasó por mi cabeza el pensamiento necio y malo de arrebatar la gloria de un pensamiento pedagógico original a un hombre que ya me honró lo bastante regalándome una escuela en su país y asociándome en un trabajo como una simple colaboradora.

(Carta de Gabriela Mistral a Virgilio Figueroa, Puerto Rico, 1933)


Lecturas para mujeres…

Gabriela Mistral con un grupo de mujeresMi pequeño trabajo no pretende competir con los textos nacionales, por cierto: tiene los defectos lógicos de la labor hecha por un viajero. He procurado compenetrarme de la sensibilidad y el pensamiento mexicano; no he podido conseguirlo en unos cuantos meses, naturalmente. Un libro de esta índole es, a mi juicio, labor de tres años, y necesita mucha tranquilidad de espíritu y un profundo conocimiento del ambiente. Es este el ensayo de un trabajo que realizaré algún día, en mi país, destinado a las mujeres de América.

(Lecturas para mujeres, pág. 8)


Petrópolis…

PetópolisCada vez que me paro a mirar a los albañiles en Petrópolis -ciudad donde se construye mucho, los veo, cual más cual menos, embarrados y hasta caricaturescos. Prefiero esas trazas a las de los intelectuales tan «comme il faut». La vida como la tierra es cosa que altera y descompone y afea. Y yo quisiera ser un albañil hasta los últimos días.

(Carta de Gabriela Mistral a Luis Oyarzún, ca. 1941)


La mala suerte entró en mi casa…

El hijo de Gabriela Mistral… por tercera vez y peor que antes. Mi Yin, mi «niñito», ahora más «niñito» que nunca, por la locura que me lo llevó, no se fue por dolencia, se me mató. Y escribir estas tres palabras todavía me parece sueño. Y estaré insensata y no tocaré fondo de estabilidad para mí misma, mientras no entienda el absurdo. Me aliviaría, me descansaría sólo con entender y aunque el entender no tenga nada que hacer con el recobrar ni el aceptar.

(«Carta colectiva enviada por Gabriela a varias amigas en Chile, Río de Janeiro,
17 de noviembre de 1943», Isolina Barraza de Estay, Gabriela Mistral
y su sobrino
, Vicuña, [s.n.], 1978, pág. [15])


Tengo la honra de saludar a sus Altezas Reales…

Gabriela Mistral con el Rey Gustavo de Suecia en la entrega del Premio Nobel… los Príncipes Herederos, a los Honorables Miembros del Cuerpo Diplomático, a los componentes de la Academia Sueca y a la Fundación Nobel, a las eminentes personalidades del Gobierno y de la Sociedad aquí presentes:

Hoy Suecia se vuelve hacia la lejana América ibera para honrarla en uno de los muchos trabajos de su cultura. El espíritu universalista de Alfredo Nóbel estaría contento de incluir en el radio de su obra protectora de la vida cultural al hemisferio sur del Continente Americano tan poco y tan mal conocido.

Hija de la Democracia chilena, me conmueve tener delante de mí a uno de los representantes de la tradición democrática de Suecia, cuya originalidad consiste en rejuvenecerse constantemente por las creaciones sociales valerosas. La operación admirable de expurgar una tradición de materiales muertos conservándole íntegro el núcleo de las viejas virtudes, la aceptación del presente y la anticipación del futuro que se llama Suecia, son una honra europea y significan para el continente Americano un ejemplo magistral.

Hija de un pueblo nuevo, saludo a Suecia en sus pioneros espirituales por quienes fue ayudada más de una vez. Hago memoria de sus hombres de ciencia, enriquecedores del cuerpo y del alma nacionales. Recuerdo la legión de profesores y maestros que muestran al extranjero sus escuelas sencillamente ejemplares y miro con leal amor hacia los otros miembros del pueblo sueco: campesinos, artesanos y obreros.

Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza y la indirecta de las muy nobles lenguas española y portuguesa. Ambas se alegran de haber sido invitadas al convivio de la vida nórdica, toda ella asistida por su folklore y su poesía milenarias. Dios guarde intacta a la Nación ejemplar su herencia y sus creaciones, su hazaña de conservar los imponderables del pasado y de cruzar el presente con la confianza de las razas marítimas, vencedoras de todo.

Mi Patria, representada aquí por nuestro culto Ministro Gajardo, respeta y ama a Suecia y yo he sido invitada aquí con el fin de agradecer la gracia especial que le ha sido dispensada. Chile guardará la generosidad vuestra entre sus memorias más puras.

(Discurso de Gabriela Mistral ante la Academia Sueca al recibir el Premio Nobel
de Literatura, el 12 de diciembre de 1945)


Nápoles…

Gabriela Mistral en Chile, 1954Me han ofrecido de Chile un consulado honorario en Nápoles; como ya rehusé a mi gente otro cargo, creo que debo aceptar esta vez este curioso empleo para caballero rico. El clima de Nápoles me gusta mucho: la gente lo ama más de lo que usted pudiera creer; pero no sé si me dure la paciencia para escribir números y notas. Así, hay la probabilidad de que a comienzos de abril yo sea napolitana…

(Carta de Gabriela Mistral a Jorge Mañach, Génova, 24 de febrero de 1932)


Mis pobres muertos…

Retrato de Gabriela Mistral
… miran el sol y los ponientes,
con un ansia tremenda, porque ya en mí se ciegan.
Se me cansan los labios de las preces fervientes
que antes que yo enmudezca por mi canción se entregan.
No sembré por mi troje, no enseñé para hacerme
un brazo con amor para hora postrera,
cuando mi cuello roto no pueda sostenerme
y mi mano tantee la sábana ligera.
Apacenté los hijos ajenos, colmé el troje
con los trigos divinos, y solo de Ti espero,
¡Padre nuestro que estás en los cielos! Recoge
mi cabeza mendiga, si en esta noche muero.

(«Poema del hijo», Desolación)


 
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