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Los manuscritos autógrafos de Larra

La fórmula Boccherini

    A principios de los años ochenta, en la Universidad Autónoma de Barcelona, oí contar a un historiador cómo un musicólogo norteamericano había encontrado un montón de manuscritos de Luigi Boccherini, el gran músico napolitano que murió en Madrid en 1805: con ayuda del listín telefónico había localizado a quienes suponía que podían ser sus descendientes y éstos le habían permitido acceder a aquel tesoro. El relato se refería sobre todo a la pasividad de las instituciones para hacerse cargo de bienes como aquéllos, y aludía a la vez a que, para investigar cuestiones interesantes con los materiales adecuados, había que improvisar e ingeniárselas para encontrarlos, sin confiar demasiado en bibliotecas ni archivos públicos.

    Poco tiempo después, releyendo la biografía de Carmen de Burgos para redactar una introducción a los artículos Larra, reparé en una página que en ocasiones anteriores me había parecido puramente pintoresca: la reproducción de un árbol genealógico de la familia del escritor, hasta sus descendientes nacidos antes de 1917. Con los nombres que aparecían allí, nada más fácil que imitar al musicólogo norteamericano. Así fue como hablé por teléfono con doña Cristina de Larra y Gullón, bisnieta de Larra por línea directa, viajé a Madrid y vi por primera vez los manuscritos que ella conservaba. A la maravilla de poder manejarlos se unieron en seguida la extrañeza de que hubieran quedado tan olvidados y el temor de que se perdiera su rastro o fueran adquiridos por coleccionistas que no permitieran usarlos para estudiar la obra del escritor.

    En los años que siguieron intenté por diversas vías que la Biblioteca Nacional de Madrid se hiciera cargo del problema y tratara de reunir, si no los manuscritos mismos, sí al menos reproducciones de calidad. No tuve ningún éxito. Quienes nos interesamos por la obra de Larra podemos felicitarnos, pues, de que se hayan catalogado y puedan consultarse en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, aunque con las limitaciones propias de este medio de difusión, algunos de los manuscritos de los que se tiene noticia.

Transmisión

    El primer estudio sobre Larra que aprovechó documentos inéditos fue el de Manuel Chaves, publicado en Sevilla en 1898 (1). El autor obedecía al interés general por la figura y la obra de Larra en el cambio de siglo y aplicaba un enfoque positivista que le impulsaba a documentar detalladamente su relato de la vida del escritor. Fue el propio hijo de éste, Luis Mariano de Larra, que vivió hasta 1901, quien proporcionó a Chaves sus materiales inéditos mediante copias manuscritas.

    Carmen de Burgos publicó en 1919 la biografía hasta entonces más completa, con diferencia (2). Recurrió a procedimientos narrativos que hacen pensar en la novela de folletín -por ejemplo en el subtítulo de su obra: Revelaciones, 'ella' descubierta, epistolario inédito-, pero para algunos pasajes se basó en fuentes valiosas, bien aprovechadas. Se trataba sobre todo de manuscritos autógrafos y otros documentos que había heredado Luis de Larra, hijo de Luis Mariano y por consiguiente nieto de Mariano José; Luis de Larra los había mencionado en un artículo publicado en 1909, pero la escritora, por lo que se deduce de su relato, no accedió a ellos hasta varios años más tarde, después de su muerte.

    Entre los pasajes en los que Carmen de Burgos se expresa con más vehemencia están los que se refieren a los objetos personales de Larra que pudo ver y tocar. El que evoca la caja en la que se conservaban sus manuscritos es uno de ellos. En un libro redactado en muy distinto tono, valioso por otros motivos, Ismael Sánchez Estevan habló algunos años después de "la misteriosa caja de Papeles de Fígaro, que la familia poseedora escondía celosamente de toda mirada extraña" (3). Por motivos diversos, un halo de inaccesibilidad iba rodeando aquellos materiales.

    En los años veinte y primera mitad de los treinta el hispanista norteamericano Frederick Courtney Tarr y el francés Aristide Rumeau pudieron consultar lo que seguía en manos del hijo de Luis de Larra, Carlos de Larra y Gullón. Tarr escribió que muchos de los documentos que había visto Carmen de Burgos habían desaparecido (4). Otros habían sido depositados por Carlos de Larra en el Museo Romántico de Madrid, donde siguen encontrándose efectivamente diversos manuscritos del escritor. Aristide Rumeau utilizó para su tesis doctoral, que defendió en París en 1948-1949, los datos de varios documentos y transcripciones de algunos textos autógrafos.

    La desaparición de manuscritos después de que los usara Carmen de Burgos no fue la última desgracia que afectó al legado de Larra. Tarr había preparado un volumen de Páginas desconocidas, en el que sin duda aprovechó aquellos materiales, pero su trabajo se perdió durante la Guerra Civil, en el incendio de la imprenta de Silverio Aguirre; la temprana muerte del hispanista norteamericano, que tuvo lugar poco después, le impidió reconstruir el resultado, aunque no hay que descartar que se conserven papeles suyos que permitan aún hacerlo. Rumeau no quiso viajar a España durante el franquismo y abandonó el trabajo sobre Larra y sus manuscritos; su tesis permaneció además inédita. Después de la guerra sólo José Luis Varela, gracias a una "dádiva" de "los descendientes del escritor" (5), volvió a trabajar con los mismos fondos, para publicar una parte de la correspondencia de Larra.

    Los manuscritos que tenía Carlos de Larra y Gullón pasaron a manos de su hermana Cristina y luego a familiares de ésta, de tal manera que ahora, dejando aparte lo que menciona José Luis Varela, los fondos de manuscritos transmitidos por la familia del escritor están divididos en dos. Por lo que se sabe, pues, lo principal del legado de manuscritos de Larra es propiedad de sus descendientes y del Museo Romántico de Madrid. Los que la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes empieza por ofrecer al público son los de uno de los descendientes del escritor.

Valor de los manuscritos

    Entre los papeles de Larra que se han conservado hay cartas y apuntes personales, cuentas y borradores de contratos que aportan sobre todo elementos útiles desde el punto de vista biográfico. Para la interpretación de sus artículos hay otro tipo de manuscritos que tienen un interés más directo.

    Cabe señalar para empezar algún apunte suelto en el que se observa la primera plasmación de una idea central, núcleo de todo un artículo. Se trataba sin duda de notas efímeras, de valor auxiliar, que perdían interés una vez iniciada la redacción. Su importancia radica en que nos muestran la forma en que nacían las ideas centrales de los artículos. De momento no puede ofrecerse aquí ninguno de esos apuntes.

    Lo principal para el estudio de la obra de Larra son los textos autógrafos de artículos enteros. Éstos interesan por dos motivos. Por un lado se advierte en algunos de ellos que se trata de una primera redacción, a vuelapluma, con vacilaciones y correcciones. Se ve en esos manuscritos el modo de trabajar de Larra, cómo desarrolla y precisa ideas e imágenes que marcan el decurso de sus relatos y reflexiones. El descuido en la puntuación subraya el carácter preliminar de la redacción. Especialmente en algunas correcciones, se aprecia la atención a los detalles significativos. Esos manuscritos son importantes para entender el estilo de Larra y la génesis de sus textos, para estudiar el tipo de reflexión que toma forma en ellos y su extraordinaria sensibilidad en cuanto a los modos de desarrollarla.

    Por otro lado, varios de los manuscritos nos permiten observar sin lugar a dudas que en algunos de los textos publicados, los que todos conocemos mejor, influyeron voluntades ajenas al escritor, especialmente a través de la censura gubernativa. El propio Larra declaró en una carta abierta a otro periódico que se proponía señalar en los textos de El Pobrecito Hablador todos los lugares en los que los censores intervinieran, y así lo hizo. Gracias a los manuscritos conservados podemos reconstruir indirectamente, aunque falte una fase intermedia de la redacción, lo que los censores suprimieron. Uno de los manuscritos que se reproducen aquí, aunque parcialmente, la "Carta 2.ª de Andrés Niporesas" (que acabó titulándose "Carta última de Andrés Niporesas"), tiene esa utilidad adicional (6).

    Para los textos posteriores a 1834 el cotejo de los manuscritos que se han conservado con los textos publicados, tarea que por otro lado no se ha abordado, no permitirá determinar tan inequívocamente la intervención de los censores. El reglamento de censura aprobado en 1834 puso buen cuidado en prohibir que los autores o editores de los periódicos indicaran las mutilaciones que se les imponían. No obstante, si se observan supresiones, la índole de las mismas permitirá sin duda hacer suposiciones fundadas.

    Así como algunos de los manuscritos conservados presentan claramente la redacción inicial, otros parecen resultado de una elaboración posterior. El estudio sistemático de todos ellos para establecer la fase de redacción que representan está por hacer. Ese estudio, unido al cotejo con los textos impresos, abrirá sin duda una perspectiva nueva sobre los artículos de Larra. Gracias a sus resultados, en resumen, se podrán entender mejor tanto el estilo del escritor como la influencia que tuvieron en la forma final de su obra factores contextuales, históricos, como la censura.

Alejandro Pérez Vidal
Universitat de Girona


1. Manuel Chaves, Don Mariano José de Larra. Su tiempo, su vida, sus obras, Sevilla, Imp. de "La Andalucía", 1898.

2. "Fígaro", epílogo de Ramón Gómez de la Serna, Madrid, Imprenta de "Alrededor del Mundo", 1919.

3. Mariano José de Larra (Fígaro). Ensayo biográfico redactado en presencia de numerosos antecedentes desconocidos y acompañado de un catálogo completo de sus obras, Madrid, Hernando, 1934, p. 6.

4. "More light on Larra", Hispanic Review, IV (1936), p. 92, n. 14.

5. "Larra, diputado por Ávila", en Estudios sobre literatura y arte dedicados al profesor Emilio Orozco Díaz, vol. III, Granada, Universidad de Granada, 1979, p. 515 (también en Larra y España, Madrid, Espasa-Calpe, 1983, p. 248).

6. Sobre los manuscritos que permiten reconstruir parcialmente textos mutilados por la censura puede verse "Larra y la censura: un manuscrito olvidado", en Trienio, 7 (mayo de 1986), pp. 235-259, y la edición crítica de la "Carta última ..." y de "El mundo todo es máscaras, todo el año es carnaval", en Fígaro. Colección de artículos dramáticos, literarios, políticos y de costumbres, estudio preliminar de Leonardo Romero Tobar, Barcelona, Crítica (Biblioteca Clásica, 92), 1997, pp. 665-681 y pp. 746-751 del aparato crítico.

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