Antigua. Historia y Arqueología de las civilizaciones Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

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Los Asirios en Capadocia: cartas de Kultepe Volver al principio

En el siglo XVIII, el estado asirio comienza un período (Imperio Antiguo Asirio) de expansión sobre diversos territorios del Próximo Oriente. Desde su capital, Assur, se ejerce el control comercial en el interior de Anatolia, en donde se establecen una serie de puntos de comercio (Karum y Wabartum), el principal de los cuales era Kanish. Los comerciantes asirios recibían allí protección para realizar su actividad comercial a gran escala.
En el siglo XVI, la formación de un estado hitita en la región, así como la crisis de las ciudades asirias por la presión exterior de Mitanni, desembocaron en el final de esta presencia asiria en Anatolia . (Pilar González-Conde).

1) A los enviados de la ciudad y el Kárum Kanish habla: así [dijo] el Kárum Wahshushana: El príncipe de Washkhania envió [un mensaje]. Así [decía] él [en este mensaje]: yo acudí al trono de mi padre. ¡Hacedme jurar el juramento! [En contestación a este mensaje] decimos así: «El Kárum Kanish [es] nuestro superior. Enviaremos [un mensaje a las autoridades competentes]. Ellos enviarán [un mensaje] a vosotros, o ellos enviarán [un mensaje] a nosotros. Dos [hombres] del gobierno vendrán a vosotros y entonces también harán que juréis el juramento. Ello os corresponde. Que vuestra directiva venga aquí. Nosotros dimos a nuestros mensajeros 10 minas de cobre.
2) El Kárum Kanish habla. Así [dijo] el Kárum Tsumia: los enviados del Kárum Durkhunit fueron al príncipe de Tammia para jurar. Le llevaron un regalo, y así [dijo] él a los enviados: «¿Dónde [están] los enviados de mi padre del Kárum Kanish? Que vengan a mí, de ellos tomaré un juramento. Él nos insulta, y así [dijo] él: «Yo construiré una ciudad... nosotros le llevaremos un regalo. Nosotros hemos abierto nuestros oídos. Que ellos no insulten al mensajero.

Traducción de Raquel López Melero et alii, Historia Antigua Universal. Edad Antigua. Grecia y Oriente Próximo, Ed. Vicens Vives, Barcelona, 1992,p. 100, sobre un texto de Louis Orlin, Assyrian Colonies in Cappadocia, La Haya, 1970, p. 118.



La fundación de Kar-Tukulti-Ninurta Volver al principio

En el siglo XIII a.C., en el alto Tigris renació el estado asirio, cuyos monarcas tuvieron que recuperar el control de los territorios circundantes. El rey Tukulti-Ninurta (segunda mitad del siglo XIII a.C.) realizó una serie de conquistas que llevaron al Imperio Medio Asirio a un momento de esplendor. En aquellos años fue fundada la ciudad de Kar-Tukulti-Ninurta en la orilla del Tigris, cerca de Assur.
El texto que relata la creación de la ciudad habla de la iniciativa del monarca, responsable de la prosperidad del país, que levanta sus construcciones e invoca la necesidad de que éstas sean conservadas y restauradas para la posteridad. (Pilar González-Conde).

Tukulti-ninurta, rey del universo, rey de Asiria, rey de Sumer y Akkad, rey de las cuatro regiones [del mundo], favorito de Assur y Shamash, yo soy. El honrado príncipe, el rey favorecido de Enlil, que gobierna su país en salvedad con su pacífico cetro; gran sacerdote, llamado por Anu, que por el poder de su fuerza ha subyugado príncipes y todos los reyes; justo gobernante que alegra el corazón de Ea, que ha establecido sus años en poder sobre las cuatro regiones del mundo...
Por aquel tiempo Assur, el señor, deseaba de mí una ciudad, al otro lado del río de mi ciudad, Bait-ilâni y ordenó la construcción de su morada, al mandato de Assur, el dios que me ama, en frente de mi ciudad de Assur, en la ribera del Tigris, en los yermos de los campos inundados, donde no existía ni casa ni vivienda, [donde] no se había echado tierra ni escombro, y donde no se habían puesto ladrillos, yo construí la ciudad de Assur, al otro lado del río, le di por nombre Kar-Tukulti-ninurta. Cortando en los lugares bajos, a cordel, y elevándola por las difíciles de las altas montañas mediante túneles, abrí un canal [míhírtu], llamado «Establecer la vida del País, producir abundancia», e hice que los campos de mi ciudad tuvieran riego abundante.
Por la abundancia del agua del canal, aseguré los suministros debidos a Assur y sus grandes dioses, mis dueños, para siempre.
Por aquel tiempo, en mi ciudad de Kar-Tukulti-ninurta, ciudad que había edificado, erigí una casa santa una vivienda imponente, para morada de Assur, mi señor, Ekurmeshane le di por nombre. En ella terminé una poderosa torre del templo (zigurat), como vivienda para Assur, mi señor, y erigí unas estelas commemorativas.
Que todo príncipe venidero, cuando la torre y el templo de Assur, mi señor, caigan en ruinas restaure sus restos, unte con aceite mis estelas conmemorativas, ofrezca sacrificios, y los vuelva a su lugar. Assur, Enlil y Shamash escucharán su plegaria. El que no restaure las ruinas de la torre templaría y el templo de Assur, mi señor, y borre mi nombre escrito, o destruya esa torre dejándola en un lugar malo o escondido, que maquine una fechoría o la lleve a cabo contra la torre, el templo de Assur, mi señor, que Assur, Enlin y Shamash, los dioses, mis protectores, le aflijan con pesares y mal de corazón. En la guerra
y la batalla, que ellos le quiebren sus armas, le acarreen la derrota de su ejército, y le pongan en manos del rey que lo mortifique, y en el país de sus enemigos que le encadenen, que destruyan su reino, su nombre, su simiente que la borren de la tierra.

Traducción de Raquel López Melero et alii, Historia Antigua Universal. Edad Antigua. Grecia y Oriente Próximo, Ed. Vicens Vives, Barcelona 1992, p. 224, sobre un texto de Daniel David Luckenbill, Ancient Records of Assyria and Babylonia. Historical Records of Assyria from the Earliest Times to Sargon, Chicago 1926-1927, pp. 163 y 167-169.



Campañas de Salmanasar III Volver al principio

Durante el reinado Salmanasar III (858-824 a.C.) y mediante campañas anuales los ejércitos asirios llegaron a controlar el valle del Éufrates hasta Babilonia, pero en los territorios occidentales no pudieron vencer a una coalición internacional formada por Damasco, Hamath e Israel, y apoyada por Egipto. La batalla de Qarqar (853 a.C.) supuso un freno a la expansión asiria ya que, a pesar de lo afirmado por la propaganda oficial -según recoge el texto seleccionado-, en los años posteriores los asirios continuaron en sus intentos por controlar esta región. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).

En el año de (el epónimo) Daian-Ashur, en el mes Aiaru, el día 14, partí de Nínive. Crucé el Tigris y me aproximé a las ciudades de Giammu, junto al río Balih. Quedaron despavoridos a causa del terror que emana mi posición de señor supremo, así como a causa del esplendor de mis violentas armas, y maté a su señor Giammu con sus propias armas. Entré en las ciudades de Sahlala y Til-sa-Turahi y llevé mis dioses/imágenes a sus palacios. Abrí (su) tesoro, inspeccioné lo que había ocultado; transporté como botín sus posesiones, trasladándo(las) a mi ciudad Ashur. De Sahlala me fui y me acerqué a Kar-Salmanasar. Crucé el Éufrates otra vez durante su crecida en almadías (que flotaban por medio) de pellejos de cabra. (hinchados). En Ina-Ashur-utir-asbat, que las gentes de Hattina llaman Pitru, al otro lado del Éufrates, en el río Sagur, recibí tributo de los reyes del otro lado del Éufrates, esto es, de Sanagara de Karkemish, Kundaspi de Commagene, de Arame, hombre de Gusi, de Lalli de Melitene, de Haiani, hijo de Gabari, de Kalparuda de Hattina (y) de Kalparuda de Gurgum (que consistió en): plata, oro, estaño cobre (o bronce), recipientes de cobre.
Partí de las riberas del Éufrates y me acerqué a Alepo. Ellos (esto es, los habitantes de Alepo) temieron luchar y cogieron mis pies (en sumisión). Recibí plata y oro por tributo suyo y ofrecí sacrificios ante el Adad de Alepo. Partí de Alepo y me aproximé a las dos ciudades de Irhuleni de Hamat. Conquisté las ciudades Adennu, Barga (y) Argana, su residencia real. Transporté de ellas su botín (y) sus posesiones personales.
Incendié sus palacios. Partí de Argana y me aproximé a Karkara. Destruí, derribé e incendié Karkara, su residencia real. Trajo para ayudarle 1200 carros de guerra, 1200 jinetes, 20.000 infantes de Adad-idri de Damasco, 700 carros, 700 jinetes, 10.000 infantes de Acab, el Israelita, 500 soldados de Que, 1000 soldados de Musri, 10 carros, 10.000 soldados de Irqanata, 200 soldados de Matinu-balu de Arwad, 200 soldados de Usanata, 30 carros, 1 [...]000 soldados de Basa, hijo de Ruhubi, de Ammón- (en conjunto) éstos fueron doce reyes. Se levantaron contra mí [en una] batalla decisiva. Luché con ellos con (el apoyo de) las poderosas fuerzas de Ashur, que Ashur, mi señor, me ha dado, y con las fuertes armas que Nergal, mi guía, me ha donado (y) les infligí una derrota entre las ciudades de Karkara y Gilzau. Maté 14.000 soldados suyos con la espada, al caer sobre ellos como Adad cuando envía un aguacero. Esparcí sus cadáveres (por doquier), llenando la llanura con sus diseminados soldados (fugitivos). Durante la batalla hice correr su sangre por el hur-pa-lu del distrito. El llano resultó demasiado pequeño para que (todas) sus almas descendieran (al mundo inferior), el vasto campo se agotó (cuando hubo que) enterrarlos. Con sus cadáveres llegué a uno y otro lado del Orontes antes de que hubiera un puente. Incluso durante la batalla les arrebaté sus carros, sus caballos habituados al yugo.

Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 56-57, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (Ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1955 (2.ª edición), pp. 277-281.



Asedio de Jerusalén por Senaquerib Volver al principio

Instigados por Egipto, los territorios más occidentales del Imperio Asirio se rebelaron contra Senaquerib (705-681 a.C.). En esta sublevación participó Ezequías de Judá en contra de los consejos del profeta Isaías. A lo largo de varias campañas, los asirios pacificaron Fenicia y el país de los filisteos -destrucción de Ascalón-, derrotaron al ejército egipcio y, ya en 701, sometieron toda Judá a excepción de su capital, Jerusalén. Ezequías pidió la paz y los asirios levantaron el sitio. Sin embargo, la victoria de Senaquerib queda evidenciada por la destrucción de cuarenta y seis ciudades y la deportación de 200150 personas, tal como indica el Prisma de Senaquerib (II 37 III 49) -de donde procede el texto seleccionado-, que cuenta en las fuentes bíblicas con el paralelo de 2 Reyes, 18. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).

En mi tercera campaña marché contra Hatti. Luli, rey de Sidón, a quien el aterrador hechizo de mi señorío había dominado, huyó a lo lejos, allende los mares, y pereció. El sobrecogedor esplendor del Arma de Ashur, mi señor, abrumó sus fuertes ciudades (tales como) Sidón Grande, Sidón Pequeña, Bit-Zitt, Zaribtu, Mahalliba, Usu, Akzib (y) Akko, (todas) sus ciudades fortificadas, amuralladas (y bien) provistas de alimentos y agua para sus guarniciones, y se inclinaron en señal de sumisión a mis pies. Puse a Etbáal en el trono para que fuese rey sobre ellos y le impuse tributo (debido) a mí (como) superior suyo, (para que se pagase) anualmente sin interrupción.
En cuanto a todos los reyes de Amurru- Menashem de Samsimuruna, Tubalu de Sidón, Abdiliti de Arwad, Urumilki de Biblos, Mitinti de Asdod, Buduili de Bet-Ammón, Kammusunadbi de Moab (y) Aiarammu de Edom, trajeron suntuosos presentes (igisu) y, cuadruplicados, sus pesados presentes iamartu a mí y besaron mis pies (...)
En cuanto a Ezequías el Judío, no se sometió a mi yugo. Puse sitio a 46 ciudades fuertes, baluartes e innumerables aldehuelas de sus inmediaciones, y (las) conquisté mediante terraplenes bien construidos y arietes acercados, el ataque de infantes, y minas, brechas y trabajo de zapa. Saqué (de ellas) 200.150 personas, jóvenes y ancianos, varones y hembras, caballos, mulas, asnos, camellos, ganado mayor y menor sin cuento, y (los) consideré botín. A él mismo hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en una jaula. La cerqué con terraplenes a fin de molestar a los que abandonaban la puerta de su ciudad. Las ciudades que había pasado a saco desgajé de su país y las entregué a Mitinti, rey de Asdod, a Padi, rey de Eqrón, y a Sillibel, rey de Gaza. Así reduje su país, pero aumenté aún el tributo y los presentes katru (debidos) a mí (como su) superior, que le impuse (después) además del tributo anterior para que se pagase anualmente. El propio Ezequías, al que el temible esplendor de mi señorío había abrumado, y cuyas tropas irregulares y escogidas, que entró en Jerusalén, su residencia real, para fortalecer(la), le habían desertado, me envió más tarde a Nínive, mi ciudad señorial, además de 30 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas, antimonio, grandes bloques de piedra roja, lechos (taraceados) con marfil, sillas nimedu (taraceadas) con marfil, cueros de elefante, madera de ébano, madera de boj (y) toda clase de valiosos tesoros, sus hijas, concubinas, músicos y músicas. Para entregar el tributo y rendir obediencia como un esclavo envió su mensajero (personal).

Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 60-61, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1955 (2.ª edición), pp. 287-288.



Caída de Nínive Volver al principio

Tras el sobresaliente reinado de Assurbanipal (ca. 669-627 a.C.), el Imperio Asirio se derrumbó con una rapidez sorprendente. Reinados extremadamente breves, usurpaciones, guerras civiles, secesiones como la de Babilonia e incursiones de pueblos invasores como los cimerios y, sobre todo, los medos, caracterizan los quince años que siguen a la muerte del último gran rey de Asiria. El saqueo de Assur por el medo Ciaxares en 614 a.C. provocó una enorme conmoción en la población, pero el golpe definitivo cayó sobre la capital Nínive en 612 después de tres meses de asedio por parte de la alianza entre los medos y Nabopolassar de Babilonia. Conocemos los hechos a través de una crónica del babilonio Nabopolasar correspondiente al decimocuarto año de su reinado. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).

[Año catorce]: El rey de Akkad con[gregó] su ejército y [Ciaxar]es, el rey de las hordas manda (umman-manda) marchó contra el rey de Akkad, [en] (...) se encontraron. El rey de Akkad (...) y [Ciaxar]es (...) él cruzó en barca y avanzaron (río arriba) por el terraplén del Tigris y (...) [plantaron su campamento] contra Nínive (...) Desde el mes de Simanu hasta el mes de Abu, tres ba[tallas se riñeron; después], llevaron a cabo un gran ataque contra la ciudad. En el mes de Abu, [el (...) día, la ciudad fue capturada y una gran derrota] infligió [a la] totalidad de la [población]. En aquel día, Sinsharishkun, rey de Asi[ria] huyó al (...) muchos prisioneros de la ciudad, sin cuento, deportaron. La ciudad [convirtieron] en montes de ruinas y cúmu[los (de restos). El rey] y el ejército de Asiria escapó, (sin embargo), ante el rey (de Akkad) y [el ejército] del rey de Akkad. (...) En el mes de Ululu, el día 20, Cixares y su ejército regresaron a su país. Después, el rey de A[kkad] (...) marchó hasta Nisibe. Botín y ga-lu-tu de (...) y (de) el país de Rusapu llevaron al rey de Addad, a Nínive [En el mes] (...) Asuruballit (...) sentóse en Harrán en el trono para ser rey de Asiria. Hasta el mes (...) [el rey de Akkad permaneció] en Nínive (...) Desde el día 20 del mes [de Tasritu] el rey [de Akkad] (...) en el mismo mes de Tasritu en la ciudad (...)

Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, p. 62, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1969 (3.ª edición), pp. 304-305.





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