Antigua. Historia y Arqueología de las civilizaciones Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

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Informe de Chang Ch'ien Volver al principio

Entre los años 138 y 126 a.C. Chang Ch'ien (Zhang Qian según la transcripción Pinyin) recorrió Asia Central y la India enviado por el emperador Wu-Ti, de la dinastía Han, a las Regiones Occidentales para establecer una alianza con las tribus Yüeh-chih (los tocarios de los textos grecolatinos) frente a los Hsiung-nu (hunos). A su vuelta presentó un informe al emperador en el que describe los territorios de Bactriana -a la que se refiere como Ta-Hsia- ocupados ya por los nómadas Yüeh-chih, lo cual proporciona un terminus ante quem para datar el final del dominio griego en esta región.
Dicho informe sirvió como fuente para el relato histórico incluido poco después en las Shih-chi o Memorias históricas de Ssu-ma Ch'ien (145 - ca. 87 a.C.; Sima Qian según la transcripción Pinyin). Se trata de la primera historia general de China, en ciento treinta volúmenes que abarcaban desde los tiempos legendarios hasta la época del propio autor, y proporciona un enorme caudal de informaciones de carácter histórico, cronológico, mitológico, astronómico, biográfico, etc., en lo que sin duda es la obra histórica más importante producida durante la dinastía Han y la base de la historiografía posterior. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).

Los Ta-Hsia [= Daxia, según la transcripción Pinyin], situados al sur del río Oxus (...) poseen ciudades y casas amuralladas (...) No tenían reyes o jefes importantes. Algunos pueblos y ciudades contaban con pequeños jefes. Sus soldados eran débiles y temían el combate. Eran hábiles en el comercio. Cuando los Ta Yüeh-Chi [= Da Yuezhi, según la transcripción Pinyin] emigraron hacia el oeste, los atacaron y derrotaron y subyugaron a los Ta-Hsia.

Ssu-Ma Ch'ien, Shih Chi - Memorias históricas, 123, 5 b, traducción propia a partir de la versión inglesa recogida por AK Narain, «The Greeks of Bactria and India», en The Cambridge Ancient History, vol. VIII, Cambridge, 1989, (1984), pp. 388-421, 418.



Los seres y la seda Volver al principio

El conocimiento que del Extremo Oriente tuvo el mundo grecorromano fue muy limitado. Tradicionalmente se relacionó al pueblo de los seres con los chinos productores de seda, y en el texto aquí recogido, tras localizar geográficamente los dominios de estas gentes, el romano Plinio el Viejo llega a afirmar que la materia prima de este tejido crecía en los árboles.

Cayo Plinio Segundo vivió entre los años 23 y 79 d.C. Amigo de Vespasiano, ocupó importantes cargos en la administración imperial. De su obra literaria sólo se conserva la monumental Naturalis Historia, dedicada a Tito, primogénito de Vespasiano, en el año 77, y publicada tras la muerte del autor por su sobrino e hijo adoptivo Plinio el Joven. Se trata de una extensa obra enciclopédica dividida en treinta y siete libros que contiene todo tipo de informaciones, agrupadas por materias y procedentes de multitud de obras más antiguas. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).

Después del mar Caspio y del océano Escítico, nuestro camino tuerce hacia el mar Eoo, dado que la línea costera se vuelve hacia el Este. Su parte primera, a partir del cabo Escítico, es inhabitable a causa de las nieves; la que sigue está salvaje por la brutalidad de los pueblos que la habitan. Tienen allí su asiento los escitas antropófagos, que se alimentan de carne humana; en consecuencia, en su entorno existen parajes deshabitados inmensos y una multitud de fieras que acometen la crueldad de unos hombres en todo semejante a la suya. A continuación, una vez más, se encuentran los escitas, y de nuevo desiertos con animales salvajes, hasta una montaña que se yergue sobre el mar, a la que llaman Tabis. Aquella zona no está habitada sino a partir aproximadamente de la mitad de la línea de su costa, que mira hacia el oriente estival.
Los primeros hombres que se conocen son los seres, famosos por el vellón de sus bosques; ellos cardan la parte blanca del follaje después de empaparla en agua, y de esta operación se origina una doble tarea para nuestras mujeres, devanar los hilos y tejerlos de nuevo; con un trabajo tan complicado y en un país tan remoto, se busca que las matronas aparezcan en público con vestidos transparentes.
Los seres son apacibles, ciertamente, pero también ellos, a semejanza de las fieras, rehúyen la compañía de los demás mortales, y aguardan expectantes las mercaderías.
De su territorio el primer río que se conoce es el Psitaras, a continuación el Cambari, y en tercer lugar el Lano; a partir de aquí se encuentran el cabo Crise, el golfo de Cirnaba, el río Atiano y el golfo y el pueblo de los atacoros, aislado de todo viento nocivo por soleadas colinas y con la misma temperatura de la que gozan los hiperbóreos. Amometo escribió un volumen especialmente referido a ellos, como Hecateo otro en torno a los hiperbóreos. Después de los atacoros están los pueblos de los funos y de los tócaros y, ya formando parte de los indios, en el interior y en dirección a los escitas, el pueblo de los casiros -se alimentan de carne humana-; andan errantes también los nómadas de la India.

Plinio el Viejo, Historia natural, VI 53-55, traducción de María Luisa Arribas, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1998.




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