Antigua. Historia y Arqueología de las civilizaciones Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Culturas y civilizaciones

> Grecia Arcaica


Introducción histórica
Jaime Molina Vidal
(Universidad de Alicante)

     Tras la caída del mundo micénico y los «Movimientos de los Pueblos del Mar», Grecia ofrece un panorama de empobrecimiento generalizado, posible vuelta a las condiciones socioeconómicas anteriores a la cultura micénica, que nos ha legado escasos documentos y elementos de estudio, abriendo lo que la tradición historiográfica ha denominado la Época Oscura (1200-800 a.C.). Esta división académica y ampliamente discutida de los periodos de la Historia destaca la época Arcaica (desde la aparición de la polis a mediados del siglo IX a.C. – Guerras Médicas a principios del siglo V a.C.) por la formación de lo que entendemos como estados griegos. Sin embargo, ha de valorarse en su justa medida la época oscura como el verdadero período de formación de lo que entendemos por cultura, comunidad política o entidades estatales griegas.
     La desaparición de las estructuras protoestatales micénicas y el consecuentemente empobrecimiento económico de la Grecia continental ofrece un nuevo panorama sociopolítico: desaparición de los núcleos micénicos; descenso de población y núcleos habitados; discontinuidad de poblamiento; dispersión población; colapso político y fin de la mano de obra controlada por los poderes centrales, y regionalización e inestabilidad geográfica. Esta situación de empobrecimiento socioeconómico generalizado, de la que apenas se salvan regiones como Ática y sobre todo Eubea, provocó la necesidad de emprender un proceso migratorio desde la Grecia continental a las regiones costeras de Anatolia, conocido como la «Primera Colonización Griega» (1140-1050 a. C). Este proceso migratorio aprovechaba el vacío dejado por la caída del imperio hitita que le permitía crear núcleos de población griega en Asia Menor, que serán el origen de los ámbitos culturales eolio, jonio y dorio, germen de las futuras ligas. A principios del I milenio a. C. el imperio neohitita vuelve a generar una gran presión sobre las poblaciones griegas de Anatolia que se concentrarán y aumentarán su densidad creando las condiciones adecuadas para crear algunos de los elementos fundamentales de la cultura griega antigua: la lengua griega; el panteón y las teogonías; el paso del mito al logos; los fundamentos del arte griego y, sobre todo, la formación de la polis, como principal prototipo de estructura estatal griega.
     La polis es una comunidad jurídicamente autónoma y soberana de carácter agrario, dotada de un lugar central que actúa como núcleo económico, político, social, administrativo y religioso. Su origen se encuentra en Anatolia (Esmirna 850 a.C.) y pronto se difunde por el resto del Egeo y, tras la Gran Colonización Griega de parte del Mediterráneo, conformará la base de otros modelos estatales semejantes, como la propia civitas romana. La polis está formada por el asty (núcleo central amurallado dotado de urbanismo funcional en el que encontramos la plaza pública, ágora, y la acrópolis, templos urbanos) y la chora (el territorio dependiente articulado administrativamente a través de los santuarios periféricos). La polis, como centro de acumulación de poder y excedente, debe su formación a la aristocracia que desde sus inicios controlará de forma absoluta todos los mecanismos políticos, sociales, legales y religiosos del estado. Esta situación inicial y la progresiva saturación de los pobres territorios griegos, fruto del crecimiento demográfico, agudizarán las diferencias sociales generando un conflicto social casi endémico, la stasis. En cualquier caso, habríamos de recordar que la evolución política de las distintas ciudades-estado griegas será muy dispar, al tratarse de entidades territoriales diferentes. Sólo algunos elementos de carácter sociocultural dan algo de coherencia a los pueblos helénicos: la lengua común, el oráculo de Delfos, los juegos olímpicos (1.ª Olimpiada 776 a.C.) y, con el tiempo, el enemigo común: los persas.
     La stasis se vio agudizada cuando los grupos desfavorecidos de la sociedad pasaron a tener un nuevo instrumento de presión, su presencia en los ejércitos hoplíticos, la nueva estructura militar que se extiende en Grecia, al menos, desde el siglo VII a.C., y que depende de la participación masiva de soldados de infantería. Ante la creciente saturación poblacional y la stasis, las aristocracias de muchas ciudades-estado derivaron a parte de sus excedentes poblacionales al exterior, configurando la Gran Colonización Griega. La primera fase a partir del siglo VIII a.C. se dirigió hacia occidente (Magna Grecia en Italia y Sicilia, 1.ª colonia: Pitecusa 775 a.C.), y después, a partir de la segunda mitad del siglo VII a.C., a otras regiones del Mediterráneo desde Ampurias, en la península Ibérica, hasta el Mar Negro. Pero este proceso también tuvo importantes motivaciones comerciales. De hecho, la colonización, basada en la fundación de nuevas ciudades (apoikia) también generó otras formas de contacto comercial complementarias basado en la difusión de los emporia, puertos de comercio generadores de intensas transacciones económicas y culturales.
     Sin embargo, la stasis seguía cuestionando la continuidad de las comunidades políticas, por lo que las aristocracias trataron de frenar la conflictividad social con el nombramiento de legisladores encargados de poner por escrito el derecho consuetudinario. La actividad de los legisladores (siglo VII a.C.) pretendía reducir la arbitrariedad de una justicia que, de todas formas, seguía estando controlada por los propios aristócratas y cuyo principal asunto era la cruda cuestión de las deudas, que estaba llevando a gran parte de la población campesina a formas de dependencia («esclavitud por deudas», hectemorado). Finalmente la dependencia que la polis tenía de los ejércitos hoplíticos compuestos por los mismos ciudadanos empobrecidos y sometidos por los aristócratas, que controlaban la ciudad-estado, provocará el estallido social: las tiranías (siglos VII-VI a.C.). Los tiranos eran cabecillas del ejército hoplítico, generalmente aristócratas segundones, que con el apoyo de los soldados dieron golpes de estado bajo la promesa de mejorar sus condiciones de vida, solucionar la cuestión de las deudas y atenuar la presión de la aristocracia. La ulterior evolución de las tiranías fue muy desigual, aunque en muchas ciudades-estado fue un factor fundamental para el desarrollo de sistemas políticos democráticos.
     Sin duda, Atenas fue el paradigma de las ciudades-estado que desarrollaron sistemas democráticos. Fruto del proceso sinecista que integra los territorios y las poblaciones de Eleusis, Ática y Braurón, surgió la polis de Atenas que desde el siglo VIII a.C. inició un largo recorrido político que le lleva desde sus orígenes míticos, relacionados con divinidades como Atenea o Poseidón y reyes como Erictonio o Teseo, hasta la creación de una plena democracia en el siglo V a.C. Como muchos otros estados griegos, Atenas estuvo sometida a fuertes tensiones sociales, ligadas al empobrecimiento campesino y al desarrollo del hectemorado (poblaciones sometidas por deudas). La respuesta ateniense a la stasis presenta peculiaridades ya que después del legislador Dracón (630-625 a.C.) hemos de destacar la figura de Solón (594 a.C.) que puso las bases del sistema socioeconómico ateniense de carácter comercial (producción de vino, aceite y productos artesanales para la exportación y la obtención de grandes beneficios comerciales que, en parte, sirven para importar el grano con el que alimentar a la población). Además Solón acometió la solución, al menos parcial, del conflicto social: abolió el hectemorado; anuló las deudas y prohibió el préstamo que llevaran al hectemorado con carácter retroactivo; fraccionó los latifundios; prohibió exportar productos agrícolas excepto aceite; introdujo la moneda, y dividió la población en cuatro grupos en función de su riqueza (pentakosiomedimnoi, hippies, zeugitai y thetes), reflejo inequívoco del desarrollo de los ejércitos políticos en Atenas. No obstante, los rescoldos de la stasis produjeron la aparición del tirano Pisísitrato (561-528 a.C.) que con una ambigua política populista y demagógica mejoró las condiciones económicas y políticas de Atenas, acometiendo importantes reformas urbanísticas que dejaron su huella en la ciudad. Después de graves disputas internas y en un ambiente de gran tensión política, especialmente alimentada por la aristocracia, destaca la figura de Clístenes (511 a.C.), que instauró un sistema isonómico (igualdad social y política), clave del ulterior desarrollo democrático. Clístenes reorganizó las tribus (base de la representación sociopolítica de la población) rompiendo su estructura territorial y aristocrática; creó una nueva estructura de administración territorial, el demos; despojó al areópago de las funciones legislativas que concentró en el nuevo consejo de la Boule y los pritanes; comenzó a utilizar las penas de ostracismo contra los traidores al estado, y potenció las funciones de la Ekklesia (asamblea).
     La evolución política de Atenas y del resto de ciudades-estado griegas se vio interrumpida a principios del siglo V a.C. ante el empuje expansionista del Imperio Persa. Los ejércitos helénicos hicieron frente a los persas en la 1.ª Guerra Médica (victoria ateniense en Maratón 490 a.C.) y la definitiva 2.ª Guerra Médica (480-479 a.C., derrota griega en las Termópilas y victorias en Salamina y Micala), que ralentizó el conflicto hasta la definitiva paz de Calías (449/8 a.C.).




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