Antigua. Historia y Arqueología de las civilizaciones Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Culturas y civilizaciones

> Mundo Micénico


Introducción histórica
Jaime Molina Vidal
(Universidad de Alicante)

     La caída de los palacios y el declive de la talasocracia cretenses ha de relacionarse con un cambio en el contexto histórico del Mediterráneo oriental. En la Grecia continental se habían o producido lentos y progresivos procesos migratorios centroeuropeos (aqueos) a lo largo de la primera mitad del II milenio a.C. que no alteraron significativamente las estructuras sociales existentes. Pero entre 1700 y 1500 a.C. se detectan cambios que se relacionan con un supuesto «despertar aqueo»: cambian las sepulturas; se desarrollan armas de bronce; aparecen carros de guerra; aparecen los reinos; se fortifican los núcleos protourbanos transformándose en palacios-fortalezas, y se establecen fronteras estables, fruto de la creación de las primeras estructuras estatales. Dichos cambios se relacionan con el auge de aristocracias bélicas aqueas que desarrollan las «ciudades-fortaleza» y la cultura micénicas (1500-1200 a.C.).
     Las fortalezas micénicas actúan como centros económicos, que administran los excedentes de la sociedad, y políticos de carácter aristocrático, la creación de un sistema de escritura como el Lineal B responde a dichas necesidades administrativas. Los palacios-fortaleza se sitúan en colinas cercanas a la costa, bien comunicadas por mar y tierra. Presentan un marcado carácter defensivo, estando rodeadas de murallas ciclópeas de hasta 6 metros de espesor, con escaso desarrollo urbano, puesto que apenas hallamos calles, casi todo el espacio construido es el palacio y sus almacenes. Obviamente el palacio-fortaleza no es el núcleo habitativo principal, pues la población se encuentra dispersa por el territorio u organizada en poblados formados en las cercanías de las fortalezas. El núcleo principal del centro administrativo es de reducidas dimensiones y se estructura en torno al palacio ubicado en la parte alta de la acrópolis, ocupando aproximadamente la mitad del espacio intramuros. El Megaron es el núcleo principal del palacio y actúa como salón del trono y hogar central, núcleo de referencia de la corte. El Wanax es el rey, la culminación de un complejo sistema administrativo que constaba de altos funcionarios de la corte (TE-RE-TA, LA-WA-QUE-TA, E-QUE-TA) y funcionarios territoriales (KO-RE-TE, PRO-KO-RE-TE), que controlan una rica economía basada en la agricultura y el comercio marítimo.
     El enterramiento aristocrático propio del mundo micénico con los Tholoi, grandes tumbas colectivas de cámara que se desarrollan de forma paralela a la formación de los núcleos micénicos a partir del 1500 a.C. Los Tholoi están formados por un dromos (pasillo de acceso), stomion, (entrada) y la cámara, que es el verdadero recinto funerario en el que se depositaban suntuosos ajuares, mostrando su carácter aristocrático o real.
     Las ciudades-fortaleza entran en crisis en torno al 1200 a.C.; destrucción de palacios-fortaleza; desaparición del Lineal B; abandono de áreas rurales, y signos de acoso militar en el conjunto de los territorios micénicos. Las causas de ese declive se mantienen en el terreno de la hipótesis, como las luchas entre sociedades micénicas, los conflictos sociales, la crisis de saturación del territorio o variaciones climáticas. Precisamente en este ambiente de declive y desestructuración de las sociedades micénicas habría que encuadrar la leyenda de la caída de la mítica Troya.
     La caída del mundo micénico se ha relacionado tradicionalmente con un fenómeno que ha sido interpretado reiteradamente de forma interesada: las invasiones dorias. La tesis tradicional hunde sus raíces en la propia memoria legendaria de la Grecia Antigua según la cual los dorios, protagonistas del mítico «Retorno de los Heraclidas», procedentes del centro de Europa, habrían llegado como fuerzas invasoras produciendo la caída del mundo micénico e importantes transformaciones que abrieron la llamada época oscura y las bases de la cultura griega. Estas invasiones habrían alterado importantes elementos de la esfera cultural, social, económica y material: desarrollo del dialecto dórico; llegada del hierro; difusión de la incineración de cadáveres y tumbas individuales; decoración geométrica de vasos; producción de la cerámica «Barbarian Ware», o la proliferación de la planta absidiada de los núcleos domésticos. Pero ninguno de estos elementos parece estar directamente relacionado con la llegada de los dorios: el dialecto dorio no es anterior al resto de dialectos griegos y algunas de sus formas ya estaban presentes en el lineal B, anterior a la supuesta llegada de dorios; el hierro aparece antes en Chipre y el Mediterráneo oriental y su utilización no parece depender de importaciones, al ser un metal fácil de encontrar; la difusión de la incineración de cadáveres y tumbas individuales encuentra sus precedentes en las inhumaciones individuales en cista del 1700 a.C. y además su desarrollo no coincide con las cronologías de la difusión del dialecto dorio; la decoración geométrica de vasos no aparece de forma contemporánea en todas las regiones, por lo que no se puede relacionar directamente con la llegada de los dorios; la difusión de la cerámica «Barbarian Ware» encuentra sus precedentes en las cerámicas hechas a mano y bruñidas anteriores a la época micénica; además también se ha descubierto este tipo de cerámica en algunos palacios-fortaleza, y la difusión de planta absidiada tiene sus precedentes en el Bronce Medio, se abandona en la época micénica y se retoma en el Bronce tardío. Finalmente la adscripción de estos cambios a las invasiones dorias no concuerda con las grandes diferencias regionales que se detectan en Grecia, y no sólo entre el norte y el sur. Además de que los cambios no siempre aparecen ni todos juntos, ni de forma contemporánea. En conclusión, como ha apuntado Snodgrass, no tenemos pruebas arqueológicas de que las invasiones dorias causasen la caída del mundo micénico. Es más, parece posible apuntar la continuidad durante todo el II milenio y principios del I milenio a.C., a excepción del periodo micénico que sería un paréntesis o excepción, por lo que la época oscura no sería un retroceso sino una vuelta a la norma.
     La cuestión de los dorios hay que encuadrarla en un contexto general de migraciones, conflictos sociales y movimientos de pueblos que afectan en esta época no sólo a Grecia, sino al conjunto de regiones del Mediterráneo oriental, asimilables a los llamados «Movimientos de los Pueblos del Mar». Desde 1250 a.C. las fuentes escritas y materiales hacen referencia a movimientos de poblaciones (los Ahhiyawa mencionados por los hititas o los piratas y mercenarios griegos que llegan a Egipto, por ejemplo) que parecen impulsados por un «efecto dominó» en el que unas poblaciones empujan y desplazan a otras. Estas convulsiones poblacionales parecen ser un factor importante, aunque no el único, para explicar una serie de fenómenos constatados de forma contemporánea en distintas partes del Mediterráneo oriental: caída del imperio hitita (Hattusa 1200 a.C.), del mundo micénico (1200 a.C.) y Ugarit (1180 a.C.); las invasiones en Egipto (desde 1220 a.C.), o la presión greco-filistea en Siria y Palestina, con la consiguiente aparición de nuevos estados (arameos, neohititas, fenicios, estados neobabilónicos, hebreos desplazados desde Egipto).




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