Antigua. Historia y Arqueología de las civilizaciones Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Conjuntos arqueológicos

> Lucentum (Tossal de Manises, Alicante)


Presentación
Manuel Olcina Doménech (Museo Arqueológico de Alicante)
Rafael Pérez Jiménez (Diputación de Alicante)

     El yacimiento del Tossal de Manises, está situado sobre una colina de 38 metros sobre el nivel del mar junto a la costa y a tres kilómetros al norte del centro urbano de Alicante, una zona intensamente urbanizada en los tres últimos decenios lo cual ha provocado que el recinto antiguo, de 5 hectáreas de extensión y vallado en 1973, haya quedado rodeado completamente de altos y densos edificios de apartamentos. Al pie de la vertiente nororiental se establecía un estrecho entrante marino, una albufera, que fue desecada en la segunda década del siglo XX.

     La investigación arqueológica anterior consideraba que la ocupación arrancaba del siglo IV a. C. como poblado ibérico destacado y, sin solución de continuidad, transformado en municipio romano que se deshabitaba en el siglo III d. C. Por otra parte, durante las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado se consideró que Lucentum no se ubicó en el Tossal de Manises sino en el otro extremo de la ciudad de Alicante (el barrio de Benalúa) interpretando como vestigios de la ciudad romana (por los trabajos de M. Tarradell y G. Martín), lo que en realidad eran testimonios constructivos y objetos de villae tardorromanas.

     Hoy en día está fuera de toda duda que el municipio romano citado por las fuentes (Plinio, Nat. Hist., III, 3; Pomponio Mela, Chor., II, 93; Ptolomeo, Geogr., 6, 14), radicó en el Tossal de Manises. Por otra parte, la vida de este yacimiento no se presenta como un recorrido continuo sino como un proceso marcado por momentos de vigor y desarrollo y otros de atonía, reflejo de las épocas históricas y el contexto regional en el que está inserto.

     Época prerromana

     Los materiales arqueológicos indican una fecha de ocupación que arranca de finales del siglo V a. C. o principios del siglo IV a. C. Sin embargo, éstos se encuentran formando parte de niveles arqueológicos asociados a construcciones muy posteriores, de finales del siglo III a. C., es decir, fuera de contexto. Ante esta situación caben dos posibilidades. La primera es que no existe población antes de la última fecha indicada y que los testimonios materiales son traídos al Tossal de Manises desde otros puntos cercanos, formando parte de tierras de relleno o bien, la segunda hipótesis es que el núcleo ibérico se situara circunscrito solamente a la culminación del cerro y que tuviera una extensión pequeña, en torno a una hectárea.

     Sin embargo, el entorno no está desierto. El cercano establecimiento del Cerro de Las Balsas, a escasos 300 metros al oeste del Tossal de Manises y al otro lado de la antigua albufera, se ha revelado, por recientes excavaciones, como un gran poblado ibérico que presenta una fuerte ocupación en el siglo IV y primera mitad del siglo III a. C. Es posible que la conocida necrópolis de la Albufereta fuera el espacio funerario, en esos momentos, del Cerro de Las Balsas y no del Tossal.

     Superada esta fase por ahora indefinida, el panorama cambia radicalmente, como hemos dicho, a finales del siglo III a. C. Ahora se documenta la fundación de un núcleo de población. Las evidencias son contundentes. En primer lugar se constata la creación de una fortificación que abraza una superficie, en planta, de 2,2 hectáreas, caracterizada por una muralla jalonada por torres y delante, en varios tramos, un potente antemural. Esta construcción se levanta, en las zonas exploradas, sobre terreno virgen. De ahí provienen también las dudas expresadas sobre el poblamiento anterior.

     El tipo de fortificación remite a modelos de avanzada arquitectura defensiva helenística no adscribibles a la cultura ibérica. Algunas de las torres son huecas y están concebidas para la instalación, en un piso superior, de catapultas, hecho que también se refuerza por la aparición, en contexto estratigráfico del momento, de proyectiles de piedra para ballistae. Esta característica más la fecha de construcción, dentro de los últimos tres decenios del siglo III a. C., nos mueven a pensar que se trata de una creación bárquida pensada como espacio de control de la costa y afianzamiento territorial derivado de la expansión cartaginesa, quizá posterior a la fundación de la capital en Cartagena. Dos de las torres documentadas, por ejemplo, presentan una división tripartita en la base que recuerda enormemente la muralla púnica de dicha ciudad. Por otra parte, en el interior contra la muralla se construyen cisternas de tipo «a bagnarola» de clara tipología púnica.

     Sin embargo no se debe obviar que gran parte del contexto material y de algunas construcciones documentadas de esta fase (un edificio con varias habitaciones en la que la principal cuenta con un gran hogar circular y bancos de adobes adosados a las paredes) son claramente ibéricas lo cual puede señalar una comunión de intereses y estrechas relaciones entre indígenas y púnicos que habrán de definirse en un futuro.

     Este establecimiento sufrió una destrucción en los últimos años del siglo III a. C. o primeros del siglo II a. C. El marco temporal derivado del material arqueológico nos remite a esas fechas pero pensamos que debió producirse durante la Segunda Guerra Púnica más que a la represión romana inmediatamente posterior. En estos contextos de destrucción (estratos de incendio y derrumbes) se ha documentado, por primera vez, la presencia tan al sur de la Contestania, de cerámicas ibéricas decoradas con el estilo narrativo o también llamado «Liria-Oliva» muy probablemente importadas, no realizadas aquí.

     Los primeros tiempos de ocupación romana

     Durante el siglo II a. C. los datos de ocupación son muy escasos. El lugar no está abandonado puesto que se documentan algunos vertederos y utilización, aunque no limpieza o mantenimiento, de cisternas anteriores.

     El panorama vuelve a cambiar radicalmente a caballo de los siglos II y I a. C. Se trata, otra vez, de construcciones de carácter militar (segunda fase de amurallamiento). Se levanta, contra la anterior fortificación y sin variar el espacio previamente acotado, otra muralla dotada de torres macizas. Ambos elementos presentan zócalos de aparejo irregular en el caso de la muralla y de sillares en las torres, y todo recrecido de adobes. Sus paralelos más claros remiten a construcciones helenísticas de Sicilia (Gela, Heraclea Minoa).

     Inmediatamente después, dentro de la primera mitad del siglo I a. C., se levantan otras dos construcciones defensivas que refuerzan el dispositivo mencionado. La más espectacular es la creación de una puerta en el lado oriental, dotada en sus flancos por una torre de base maciza y un bastión. El vano es cerrado por una doble puerta de dos hojas con escasa separación entre sí. El otro refuerzo consiste en una enorme torre o bastión en el ángulo SE del circuito amurallado. Todas estas edificaciones sugieren un establecimiento militar, un fortín, cuya justificación podría estar relacionada con las crisis bélicas de primera mitad del siglo I a. C. (guerras sertorianas y cesarianas).

     Dentro del espacio cercado no se han localizado por ahora otras construcciones relacionadas claramente con esta fase. Sólo un gran edificio de planta cuadrangular, donde posteriormente se ubicará el foro augusteo, presenta una cronología que puede se acorde con las fortificaciones mencionadas, pero su fecha es por ahora imprecisa, sólo podemos decir que es del siglo I a. C., anterior a su último cuarto.

     El municipio

     A partir del tercer cuarto del siglo I a. C. se asiste a la creación de la ciudad romana. La trama viaria adopta una retícula groseramente ortogonal condicionada por el perímetro urbano fijado en la muralla republicana. Se remodela la Puerta Oriental y ahora es una construcción civil, desprovista del carácter militar anterior. Se construye el foro y las termas llamadas «de Popilio». Toda esta efervescencia urbana ha de estar relacionada con el ascenso a municipio de derecho latino del núcleo urbano en época augustea, hecho deducido por la cita de Plinio el Viejo (Nat. Hist., III, 3).

     Del paisaje urbano creado merece destacarse el pequeño foro que se ha excavado parcialmente hace poco tiempo. Se ha sacado a la luz el área de la plaza, rodeada de tres pórticos (el sureste doble), que está delimitada al NE por pedestales de estatua que flanquean la vía que suponemos atravesaba transversalmente el complejo forense que quedaba delimitada a este y oeste por sendas puertas. Esta forma arquitectónica nos hace suponer que al otro lado de la calle hubo de situarse el templo, quizá uno de los mencionados en la epigrafía (CIL II, 3563 y 3557). En enero de 2005 se iniciará la excavación que pretende exhumar la posible área religiosa de este foro. Con el foro se construyen las termas mencionadas, un edificio a caballo entre los edificios balnearios republicanos e imperiales, ya que sólo cuenta con hypocaustum en el alveus y en el caldario.

     Lucentum disfruta de vigor urbano durante los tres primeros cuartos del siglo I d. C. En este momento la ciudad se dota de alcantarillado en algunas calles y amplía la oferta termal con la construcción de otro edificio en el lado SO (las llamadas «termas de la muralla»). Este período de despegue se advierte también en el territorio inmediato con la construcción de numerosas villae. Asimismo, barrios suburbanos se extendieron por las vertientes, sobre todo la recayente al mar y en la costa se instalaron factorías de salazones. Probablemente de este momento de auge es el embarcadero excavado recientemente en el lado oriental de la zona húmeda, junto a la costa, de no muy grandes dimensiones ya que sólo podría servir para el atraque de barcazas, pero que remarca el carácter comercial del municipio.

     De igual modo, la necrópolis romana, localizada al pie de la vertiente oriental, en el área llamada de Fapegal-Parque de las Naciones, tiene un inicio de finales del siglo I a. C. y sería, por tanto, el cementerio que arranca con la etapa municipal. Las primeras tumbas documentadas presentan urnas cinerarias ibéricas (con decoración simbólica tipo «Elche-Archena»), lo que sugiere un componente social en gran parte indígena, acompañadas de ajuares con Terra Sigillata Itálica y campanienses B-oides.

     A partir de época flavia el municipio entra en decadencia: las cloacas se colmatan y a partir de finales del siglo I ya no hay mantenimiento de este servicio. En la segunda mitad del siglo II y principios del siglo III se expolian las construcciones y las superficies de circulación no siguen el trazado viario de inicios del Imperio. La crisis, prolongada, hay que enmarcarla en el contexto regional, sobre todo por el desarrollo de la vecina Ilici. En contraste con Lucentum, la colonia ilicitana, mejor situada en la trama viaria regional y con un ager enorme y de gran rendimiento agrícola y además con un gran puerto (el Portus Ilicitanus en Santa Pola), mermó la capacidad económica lucentina. Ilici disfrutó de una gran prosperidad en época altoimperial reflejada en su paisaje urbano y en los elementos de ornamentación (mosaicos, esculturas, etc.) a diferencia de la situación de abatimiento de Lucentum.

     El último acto de ocupación en el Tossal de Manises lo protagonizan los difuntos. Sobre las ruinas de los edificios romanos, se establece un extenso cementerio islámico, probablemente anterior al siglo XI. No conocemos sin embargo la ubicación del núcleo de población altomedieval. Quizá estuviera en la vertiente suroeste descendente al mar, en una zona hoy totalmente construida.

     Un yacimiento visitable

     El Tossal de Manises es, en la actualidad, un yacimiento abierto al público gracias a los trabajos de puesta en valor llevados a cabo en los últimos años, a iniciativa y financiación de la Diputación de Alicante a través del Museo Arqueológico Provincial y el Servicio de Arquitectura. La dirección ha corrido a cargo de los autores de este texto, M. Olcina Doménech (conservador de Arqueología del MARQ) y Rafael Pérez Jiménez (director del Área de Arquitectura y Conservación). El proceso de recuperación consistió en una primera fase de documentación y consolidación de los restos excavados anteriormente, y una segunda fase de musealización que dotó al yacimiento de los elementos necesarios (itinerario, información, mobiliario, infraestructuras y servicios), para posibilitar la visita pública.

     El visitante se acerca al yacimiento ascendiendo por la vertiente oriental y accede al mismo a través de un pequeño edificio de acogida donde encuentra los primeros elementos de información. A continuación puede recorrer el espacio urbano penetrando por la puerta urbana y, recorriendo las calles romanas, contemplar los principales edificios antiguos: murallas, foro, termas, tabernae, etc., un itinerario jalonado por una veintena de paneles informativos. Puede acceder también a la parte superior del cerro desde donde, a pesar de la intensa urbanización contemporánea, es posible entrever el entorno geográfico. El yacimiento puede ser recorrido en su práctica totalidad por personas con minusvalías físicas debido al esfuerzo realizado en la supresión de barreras arquitectónicas. Cuenta con servicio de seguridad las 24 horas del día con sistemas de alarma instalados en la valla perimetral y asimismo es vigilado por medio de cámaras de seguridad, colocadas en las torres de iluminación cuya luz permite la visita nocturna en los meses de verano. A mitad del recorrido se ha habilitado un espacio arbolado desde donde se puede contemplar la bahía de la Albufereta y cerca de la entrada existe un pequeño edificio con terraza aneja que cuenta con aseos públicos y una dependencia con máquinas expendedoras de refrescos. Asimismo se ha dispuesto un jardín con especies autóctonas de árboles y arbustos cada uno de los cuales dispone de una ficha explicativa sobre el origen de la especie y, en su caso, usos en la Antigüedad.

     El horario de visitas es de 9 a 12 h. y de 19 a 22 h. de junio a septiembre, y de 16 a 18 h. el resto del año. Domingos y festivos de 10 a 14 h. Las entradas pueden ser adquiridas en el propio yacimiento o en el MARQ.

     En este Museo están depositados todos los materiales arqueológicos exhumados desde las primeras campañas en los años 30 del siglo XX y en su sala de Cultura Romana están expuestos muchos de ellos, así como dibujos de reconstrucción urbana y otros elementos informativos. Merece destacarse la gran proyección, en la que a través de nueve escenas que combinan escenarios infográficos de gran calidad y personajes reales, el visitante contempla la reconstrucción de partes de la ciudad romana (que ha visto o verá en el yacimiento) y su entorno rural y costero, así como escenas de la vida cotidiana.

     Por último, en la página www.peregrinus.org de Internet, es posible contemplar la reconstrucción infográfica de varios edificios de Lucentum a partir de su estado de conservación actual.

Bibliografía básica
  • OLCINA DOMÉNECH, M., «El Tossal de Manises en época romana», en Historia de la ciudad de Alicante. Edad Antigua, Alicante, 1990, vol. I, pp. 151-188.
  • _____, «Las primeras excavaciones en Lucentum (El Tossal de Manises, Alicante)», en La Cultura Ibérica a través de la fotografía de principios del siglo XX. El litoral mediterráneo, Madrid, 2000, pp. 109-117.
  • _____, «Lucentum», en Valencia y las primeras ciudades romanas de Hispania, Valencia, 2002, pp. 255-266.
  • OLCINA DOMÉNECH, M.; PÉREZ JIMÉNEZ, R., La ciudad ibero-romana de Lucentum (El Tossal de Manises, Alicante). Introducción a la investigación del yacimiento arqueológico y su recuperación como espacio público, Alicante, 1998.
  • _____, «Lucentum: la ciudad y su entorno», en "Las ciudades y los campos de Alicante en época romana", Canelobre, 48, 2003, pp. 90-119, Alicante.
  • OLCINA DOMÉNECH, M.; RAMÓN SÁNCHEZ, J., Las cerámicas africanas de Lucentum (Tossal de Manises, Alicante): los fondos antiguos del Museo Arqueológico Provincial y consideraciones en torno a la decadencia de la ciudad romana. Scripta in Honorem E. Llobregat, Alicante, 2000, pp. 391-431.



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