Antigua. Historia y Arqueología de las civilizaciones Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Culturas y civilizaciones

> Mesopotamia


Textos



Poema de Gilgamesh (fragmento) Volver al principio

El poema de Gilgamesh corresponde a un mito sumerio elaborado en torno a la figura de un personaje, Gilgamesh de Uruk, convertido en leyenda, pero cuya historicidad es objeto de debate. Su nombre aparece en la lista real sumeria, como rey de la ciudad de Uruk (ca. 2700), en un episodio de rivalidad entre Uruk y Kish, en el marco de los conflictos entre ciudades que caracterizan al período protodinástico.
El texto sumerio original se conoce por una serie de tablillas halladas en Nippur y otras ciudades de la Baja Mesopotamia. Con el tiempo, el ciclo épico en torno al personaje se complicó, añadiendo otros episodios que no estaban en el original. También entre los Asirios se copió y se completó el poema hasta época de Assurbanipal. El resultado fue una historia en la que el personaje vive diferentes episodios, algunos de ellos muy tardíos: Gilgamesh y Agga de Kish, Gilgamesh y el País de la Vida, La muerte de Humbaba (guardián del Bosque de los Cedros), Enkidu y los infiernos. El episodio del encuentro de Gilgamesh con el héroe del diluvio es un añadido posterior de un mito diferente en origen. (Pilar González-Conde).

Columna VI del texto babilónico.

Las lágrimas corren por la cara de Gilgamesh
(al tiempo que dice):
—«(Voy a recorrer) un camino
por el que nunca he andado.
(Voy a emprender un viaje)
desconocido para mí.
(...) Debiera estar contento,
con el corazón gozoso (...).
(Si triunfo te haré sentar en) un trono.»
Ellos le trajeron su armadura,
(...) poderosas espadas,
el arco y el carcaj,
y se lo pusieron en sus manos.
Él cogió las azuelas,
(...) su temblor,
(el arco) de Anshan;
puso la espada en su cinturón.
Podían comenzar el viaje.
La plebe se apiñaba cerca de Gilgamesh:
(—«¿Cuánto tiempo estarás ausente de Uruk?)
¡Que puedas regresar pronto a la ciudad!»
Los ancianos le rindieron homenaje
y le dan consejos sobre el viaje:
—«No confíes, Gilgamesh, únicamente en tu fuerza;
marcha con ojo alerta ¡Ten cuidado!
Que Enkidu vaya delante de ti,
pues conoce la ruta, ha recorrido el camino
hasta el desfiladero del bosque de Huwawa.
El que va delante puede proteger a su compañero.
Prepara su viaje y sálvate así con su ayuda.
¡Que Shamash te de la victoria,
que tus ojos puedan ver
lo que tu boca ha anunciado!
Que ante tí el sendero sea llano,
que el camino se abra para que puedas pasar
y que la montaña se abra, también, a tu paso.
¡Que el dios Lugalbanda
durante la noche diga la palabra que te alegre!
¡Que no se aleje de tí, para que tu deseo se cumpla!
¡Que él restablezca tu fama como la de un joven héroe!
Después que haya muerto Huwawa, acción en la que te vas a esforzar,
¡lávate tus pies!.
En tus horas de reposo nocturno, cava un pozo
para que puedas tener agua pura en tu odre.
Ofrece en honor de Shamash libaciones de agua fresca.
¡Que el dios Lugalbanda pueda guardarte tus intenciones!»
Enkidu abrió la boca y dijo a Gilgamesh:
—«Ya que has resuelto batirte, ponte en camino.
Que tu corazón no se asuste; ten confianza en mí.
Confía y sigúeme, pues conozco la morada
y también los lugares que frecuenta Huwawa.»
(...)
Cuando los ancianos oyeron estas palabras
dejaron partir afuera al héroe, a su camino:
—«Ve, Gilgamesh, ojalá (...)
¡Ojalá los dioses caminen a tu lado!»

Versión de Federico Lara Peinado, El poema de Gilgamesh, Editora Nacional, Madrid, 1980, pp. 148-149.



El mito sumerio del diluvio Volver al principio

El mito del diluvio universal, difundido con posterioridad a través del Antiguo Testamento (Génesis 6-8), es en realidad un antiguo mito sumerio, conocido en su versión más antigua por una tablilla hallada en Nippur. En ella, los dioses castigan a los «cabezas negras» enviando una catástrofe natural, de la que se salva un hombre, Ziusudra, constructor de una embarcación en la que se refugiarán las diferentes especies animales. El tema está también presente en la literatura asiria, en donde el héroe es Atrahasis. El proceso de reelaboración posterior que sufren algunos mitos sumerios hace que la historia del diluvio se incorpore al poema de Gilgamesh, provocando que éste se entreviste con el supreviviente de la catástrofe.
Los restos de un desastre natural han sido buscados en la baja Mesopotamia, para probar la historicidad del episodio, aunque sin resultados aparentes. Lo cierto es que el diluvio sirvió de referente temporal entre las comunidades sumerias, cuya más antigua historia dinástica se hace entroncar con él. Así por ejemplo, «...después del diluvio, la realeza bajó del cielo por segunda vez a la ciudad de Kish...». El mito transmite la existencia de la ciudad y de la monarquía como procesos anteriores al período en el que los sumerios sitúan el diluvio. (Pilar González-Conde).

...
Yo quiero (...) la destrucción de mi raza humana,
para Nintu quiero atajar la destrucción de mis criaturas.
Haré retornar a las gentes a sus establecimientos.
Construirán ciudades en todos los lugares
y haré que su sombra sea apacible.
Colocarán de nuevo los ladrillos de nuestros templos en los santos lugares,
(y) los lugares de nuestras decisiones los restablecerán en los lugares consagrados.
Yo prepararé convenientemente allí el agua santa que apaga el fuego,
completaré las divinas reglas y los sublimes decretos,
la tierra estará regada y estableceré allí la paz.
Después que An, Enlil, Enki y Ninhursag
hubieon creado el (pueblo) de los cabezas negras,
la vegetación se desarrolló, lujuriante, sobre la tierra,
los animales, de todos los tamaños, los cuadrúpedos, fueron colocados como adecuado onamento de las llanuras
[---]
yo quiero tener en cuenta (sus afanosos esfuerzos).
(Después que) el constructor del país hubo fijado los fundamentos,
(cuando el cetro) de la realeza hubo descendido del cielo,
después que la sublime tiara (y) el trono de la realeza hubieron descendido del cielo,
él completó (las divinas reglas y los sublimes destinos).
Fundó (las cinco) ciudades en (lugares puros);
pronunció sus nombres y las designó como centros de culto.
La primera de estas ciudades, Eridú, la dio al jefe Nudimmud,
la segunda, Baltibira, la dio al nugig,
la tercera, Larak, la dio a Pabilsag,
la cuarta, Sippar, la dio al héroe Utu,
la quinta, Shuruppak, la dio a Sud.
Él proclamó los nombres de aquellas ciudades y las designó como centros de culto;
no detuvo el (anual) diluvio, (sino que) excavó la tierra y trajo el agua,
y estableció la limpieza de los pequeños canales y las zanjas de irrigación.
[---]
el diluvio (...)
(...)
así fue convencido (...).
Entonces Nintu lloró (por sus criaturas) como un (...);
la divina Inanna entonó un lamento por su pueblo;
Enki tomó consejo de sí mismo.
An, Enlil, Enki (y) Ninhursag,
los dioses del universo prestaron juramento por los nombres de An y Enlil.
Entonces el rey Ziusudra, el pashishu de (...)
construyó (...).
Humildemente, obediente, con reverencia él (...);
ocupado cada día, constantemente él (...).
Aquello no era un sueño; saliendo y hablando (...),
invocando al cielo (y) al mundo subterráneo, él (...).
En el ki-ur, los dioses, un muro (...).
Ziusudra oyó a su lado,
estando de pie en el lado izquierdo del muro (...):
«Junto al muro, yo te diré una palabra, (escucha) mi palabra,
presta oído a mis instrucciones:
Un diluvio va a inundar todas las moradas, todos los centros de culto,
para destruir la simiente de la Humanidad (...).
(Tal) es la decisión, el decreto de la Asamblea (de los dioses).
(Tal) es la palabra de An, Enlil (y Ninhursag).
(...) la destrucción de la realeza.
Ahora (...)»
[---]
(...)
Todas las tempestades y los vientos se desencadenaron;
(en un mismo instante) el diluvio invadió los centros de culto.
Después que el diluvio hubo barrido la tierra durante siete días y siete noches,
y la enorme barca hubo sido bamboleada sobre las vastas aguas por las tempestades
Utu salió, iluminando el cielo y la tierra.
Ziusudra abrió entonces una ventana de su enorme barca,
y Utu hizo penetrar sus rayos dentro de la gigantesca barca.
El rey Ziusudra
se prosternó (entonces) ante Utu;
el rey le inmoló gran número de bueyes y carneros.
«Invocaréis por el cielo y por la tierra (...)»
An (y) Enlil invocaron por el cielo y por la tierra (...),
e hicieron aparecer los animales que surgieron de la tierra.
El rey Ziusudra
se prosternó ante An (y) Enlil.
An (y) Enlil cuidaron de Ziusudra,
le dieron vida como (la de) un dios,
hicieron descender para él un eterno soplo como (el de ) un dios.
Entonces al rey Ziusudra,
que salvó de la destrucción la simiente de la humanidad en aquel tiempo,
allende los mares, en el Oriente, en Dilmun, (le) hicieron vivir.

Versión de Federico Lara Peinado (ed.), Mitos sumerios y acadios. Editora Nacional. (Clásicos para una biblioteca contemporánea 41), Madrid, 1984, pp. 60-62.



El origen de Sargón de Akkad Volver al principio

Desde mediados del III milenio, algunos grupos semitas se empiezan a asentar en la Mesopotamia sumeria, en donde, mediante un proceso de integración y promoción social, alcanzan el poder político. Son los Acadios. Unode sus jefes, Sargón, alcanzó el poder y se convirtió en rey del primer gran estado mesopotámico, con capital en Akkad (o Aggadé, no localizada todavía hoy), y proclamándose «rey de Summer y Akkad».
La necesidad de dotar a la dinastía de argumentos de legitimidad, provocó la elaboración de una leyenda en torno al origen de este monarca. Según ella, Sargón habría sido depositado al nacer en una cesta y abandonado en el río (un origen semejante al que después se crearía para Moisés), en donde le recogió un alto funcionario del rey de Kish. (Pilar González-Conde).

Sargón, el soberano potente, rey de Agadé, soy yo.
Mi madre fue una variable (?), a mi padre no conocí.
Los hermano(s) de mi padre amaron las colinas.
Mi ciudad es Azupiranu, situada en las orillas del Eufrates.
Mi variable madre me concibió, en secreto me dio a luz.
Me puso en una cesta de juncos, con pez selló mi tapadera.
Me lanzó al río, que no se levantó (sobre) mí.
El río me transportó y me llevó a Akki, el aguador.
Akki, el aguador, me sacó cuando hundía su p[o]zal.
Akki, el aguador, [me aceptó] por hijo suyo (y) me crió.
Akki, el aguador, me nombró su jardinero.
Mientras era jardinero, Istar me otorgó (su) amor,
Y durante cuatro y [. . .] años ejercí la realeza.
El [pueblo] de los cabezas negras regí, gob[erné];
Poderosos [mon]tes con azuelas de bronce conquisté,
Las sierras superiores escalé,
Las sierras inferiores [atra]vesé,
Las [tierr]as del mar tres veces recorrí.
Dilmun mi [mano] cap[turó],
[Al] gran Der [subí], yo [...],
[...] alteré y [...].
Cualquier monarca que me suceda,
R[ija, gobierne] el [pueblo] de los cabezas negras;
[Conquiste] poderosos [montes] con azuela[s de bronce],
Escale las sierras superiores,
[Atraviese las sierras inferiores],
¡Recorra las [tierr]as del mar tres veces!
[Capture Dilmun su mano],
¡Suba [al] gran Der y [...]!
[... ] de mi ciudad, Aga[dé ... ]
[...]...[...].

Versión de James B. Pritchard, La sabiduría del Antiguo Oriente, Ed. Garriga, Barcelona, 1966, 100-101.



Estela de los buitres de Eannatum de Lagash Volver al principio

Hacia 2460 a.C. Eannatum de Lagash somete los territorios de Umma, Ur y Kish y se hace coronar en Nippur rey del país de Sumer. La denominada Estela de los buitres -un bloque de caliza de 1,80 metros de altura y 1,30 metros de anchura del que sólo se conservan siete fragmentos- conmemoraba gráfica y literariamente la victoria sobre Ush, rey de Umma. El anverso de la pieza muestra una figura de una diosa y al dios Ningirsu golpeando con una maza a los enemigos capturados en una red. En el reverso, el texto se reparte en cuatro bandas en las que también se representan diversas escenas de la batalla: el rey marchando con sus tropas sobre los cuerpos de los enemigos mientras buitres y leones devoran otros cadáveres; el rey en su carro de guerra; la propia batalla; y, finalmente, el funeral de los soldados caídos y las ofrendas a los dioses. El relato se cierra con una serie de juramentos por Ninurshaga, Enki, Suen, Utu y Ninki, y un epílogo final afirmando que la acción del rey supone una mayor gloria para el dios Ningirsu. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).

... Ningirsu implantó la simiente de Eannatum en el seno de Ninurshaga. Ninurshaga lo parió y, con Eannatum, Ninurshaga se regocija. Innana lo toma del brazo. Lo llama de este modo: «Digno de residir en el Eanna de Inana del Ebgal». Ella lo sienta en las rodillas sagradas de Ninurshaga, y Ninurshaga lo alimenta con sus pechos sagrados... Él (Ningirsu) lo midió con su palmo: cinco codos! Él lo midió con su codo: cinco codos y un palmo! Ningirsu se regocija grandemente, le concede la realeza de Lagash.
El llamado de Ningirsu, Eannatum, el poderoso, habla con cólera al país enemigo. Inana ha llamado a Eannatum «Digno de residir en el Eana de Inana del Ebgal», este nombre fue impuesto, su nombre sumerio fue impuesto. El príncipe de Umma, cada vez que con sus tropas... haya comido el Gu-edina, el dominio bien amado de Ningirsu, que éste lo abata.
(Sueño de Eannatum): Aquel que está acostado, aquel que está acostado, él está en su cabecera. Eannatum, acostado, su señor bienamado, Ningirsu, está a su cabecera. A Eannatum, acostado, habla: A Umma, la propia Kish, puesta en cólera por estas bandas de pillaje, no la sostendrá. A tu derecha, Utu se alzará para ti. En tu frente, estará la cinta real.
Eannatum... hirió (a Umma); en seguida enumeró 3.600 cadáveres...
Ningirsu puso sobre el príncipe de Umma su augusta mano y su augusto pie; a la población de la ciudad sublevó contra él, en Umma le mató; destruyó el barrio sagrado.
... Yo, Eannatum, como a un mal viento de tormenta encadené a la tempestad! ...
Eannatum, cuya palabra es justa, delimitó la frontera de Umma, la dejó en el poder de Umma y en el mismo sitio rigió una estela. El hombre de Umma...
Eannatum, sobre el que Sulutula vertió dulces lágrimas, Eannatum venció. Eannatum aniquiló a todos los países enemigos. Eannatum restituyó a Ningirsu su dominio bienamado, el Gu-edina... (Juramento por Enlil): Yo, Eannatum, sobre el hombre de Umma he lanzado la red arrojadiza de Enlil, y por esta red le he prestado juramento. Y el hombre de Umma a Eannatum ha prestado juramento.
¡Por la vida de Enlil, rey del cielo y de la tierra! Un diluvio devoró el campo de Ningirsu: yo decreté un talud de presa. ¡Que nunca franquee la frontera de Ningirsu! ¡Que no altere nunca el talud y la fosa! ¡Que no desplace nunca la estela! ¡Si franquea la frontera, que la gran red arrojadiza de Enlil, rey del cielo y de la tierra, por la que él prestara juramento, sobre Umma se abata!.
¡Yo, Eannatum, soy, en verdad, muy sabio! Dos palomas: sobre sus ojos puse alcohol, en su cabeza apliqué la resina del cedro, para Enlil, rey del cielo y de la tierra, hacia el Ekur de Nippur las solté.
¡Ante Enlil, mí señor, por orden de quién, a instancias de quién, el hombre de Umma se volverá de su palabra? ¡Cuanto duran los días durará esta palabra! ¡Si él transgrede el juramento, que la gran red de Enlil, por la que ha prestado el juramento se abata sobre Umma!

Traducción de F. Marco, N. Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 9-10, a partir de la versión francesa editada por E. Sollberger, J. R. Kupper, Inscriptions royales de Summer et Akkad, París, 1971, pp. 47-58.



Código de Hammurabi: prólogo Volver al principio

Al final de su reinado (ca. 1752 a.C.), Hammurabi de Babilonia promulgó este código legal y mandó grabar varios ejemplares. Uno, posiblemente de Sippar, fue llevado a Susa por el rey de Elam Shutruk-Nakhunte en el siglo XII a.C. Tras su descubrimiento en 1902, fue trasladado al Museo del Louvre. Las disposiciones de Hammurabi están grabadas en una estela de diorita de 2,23 metros cuya imagen superior representa al propio rey ofreciendo su obra a Shamash, dios solar de la Equidad (o, tal vez a Marduk, dios principal de Babilonia). Es el código legal más antiguo conservado íntegramente -ya que de las leyes de Esnunna (1800 a.C.) han pervivido sólo fragmentos. El prólogo es un documento fundamental para el estudio de la propaganda del poder en Babilonia: la presentación que de sí mismo y de los logros de su reinado hace el rey Hammurabi. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).

Cuando Anum, el Altísimo, Rey de los Anunnakus, (y) el divino Enlil, señor de cielos y tierra, que prescribe los destinos del País, otorgaron al divino Marduk, primogénito del dios Ea, la categoría de Enlil [soberano] de todo el pueblo, (y) lo magnificaron entre los Igigus; cuando impusieron a Babilonia su sublime nombre (y) la hicieron la más poderosa de los Cuatro Cuadrantes; (cuando) en su seno aseguraron a Marduk un reino eterno de cimientos tan sólidos como los de cielo y tierra, en aquellos días, Anum y el divino Enlil también a mí, Hammurapi, príncipe devoto (y) respetuoso de los dioses, para que yo mostrase la Equidad al País, para que yo destruyese al malvado y al inicuo, para que el prepotente no oprimiese al débil, para que yo, como el divino Shamash, apareciera sobre los «Cabezas Negras» e iluminara la tierra, para que promoviese el bienestar de la gente, me impusieron el nombre.

Yo soy Hammurapi: El Pastor Elegido del divino Enlil, el acumulador de la abundancia y de la opulencia, el que ha llevado a buen fin cuanto concierne a Nippur-Duranki (y es) devoto cuidador del Ekur; el Rey Eficiente que ha restaurado Eridu en su lugar (y) purificado el ritual del E'abzu; el Huracán de los Cuatro Cuadrantes; el Engrandecedor del nombre de Babilonia, el agrado del corazón de Marduk, su señor, el que acude a diario a servir al Esagil; la Semilla Regia generada por el divino Sin, el enriquecedor de Ur, el humilde, el fervoroso, el que aportó la abundancia al Ekishnugal; el Rey Prudente, obediente al divino Shamash, el poderoso que ha consolidado los cimientos de Sippar, el que ha revestido de frondosidad la capilla superior de Aya, el que ha hecho del Ebabbar un templo excelso, semejante a la morada de los cielos; el Guerrero Compasivo con Larsa, el renovador del Ebabbar para el divino Shamash, su aliado; el Señor Revitalizador de Uruk, el suministrador de aguas de la abundancia a su pueblo, el que ha levantado la cúspide del Eanna, el que ha acumulado abundancia para Anum y la divina Ishtar; el Protector del País, el que ha reunido a las gentes dispersas de Isin, el que ha colmado de abundancia el templo de Egalmaj; el Dragón de los Reyes, el hermano predilecto del divino Zababa, el consolidador de los cimientos de Kish, el que ha rodeado con un aura resplandeciente el Emetelursag, el celebrante fiel de los solemnes ritos de Utar, el administrador del templo Jursagkalamma; la Malla Captora de enemigos, a quien Erra, su compañero, concedió el logro de sus deseos; el engrandecedor de Kuta, el que ha acrecentado inmensamente todo lo del Meslam; el Búfalo Fiero que cornea a los enemigos, el predilecto de Tutu, la alegría de Borsippa, el devoto que no abandona sus deberes para con el Ezida; el Dios de los Reyes [superior a los demás reyes], el sabio perspicaz, el ampliador de los cultivos de Dilbad, el que colmó los silos para el divino Urash, el audaz; -el Señor Merecedor del cetro y la corona a quien hizo perfecto la sabia diosa Mama; el diseñador de los planos de Kesh; el suministrador de los alimentos puros de la divina Nintu;- el Prudente, el Perfecto, el que proveyó pastos y abrevaderos a Lagash y a Girshu, el que suministró las magnas ofrendas al Eninnu; el Captor de Enemigos, el predilecto de Telitum que cumple los oráculos de Sugal, que alegra el corazón de Etar; el Príncipe Puro cuyas oraciones acepta el divino Adad; el que, en Karkara, aplaca el corazón del divino Adad, el guerrero; el proveedor continuo de lo que es debido en el E'udgalgal; el Rey Vivificador de Adab, el organizador del templo Emah; el Príncipe de los Reyes, irresistible en la guerra; el que donó la vida a Mashkan Shapir, el que hartó de agua al Emeslam; el Sabio, el Buen Ecónomo; el que alcanzó las profundidades de la sabiduría; el que amparó a los habitantes de Malgum en la catástrofe, el cimentador de sus casas; el que, en la abundancia, decretó para el divino Ea y la divina DamgaInunna -magnificadores de su reino- ofrendas eternamente puras; el Primero entre los Reyes, el sometedor de los pueblos del Éufrates por orden del divino Dagán, creador suyo; el que se apiadó de los habitantes de Mari y de Tuttul; el Príncipe Piadoso que hizo brillar el rostro del divino Tishpak, el que preparó banquetes santos al divino Ninazu; el salvador de su pueblo en la dificultad, el que consolidó sus cimientos en medio de Babilonia, en paz; el Pastor de la Gente, cuyas obras son del agrado de Ishtar; el que aseguró la presencia de Ishtar en el Elulmash, en el centro de Acad; el Proclamador de la ley inmutable, el caudillo de los pueblos, el restaurador de su Virtud Protectora a la ciudad de Asur; el Silenciador de Rebeldes; el rey que, en el Emesmes de Nínive, proclamó los títulos de la divina Ishtar; el Piadoso Orante ante los Grandes Dioses; el descendiente de Sumulalel, el poderoso heredero de Sinmuballit, la semilla eterna de la realeza; el rey poderoso, Sol de Babilonia que hace amanecer la luz sobre el País de Súmer y Acad , rey sometedor de los Cuatro Cuadrantes, el protegido de Ishtar. Cuando Marduk me mandó a gobernar el pueblo, a enseñarle al País el buen camino, yo hice de la Verdad y la Equidad el asunto mas importante: me ocupé del bienestar del pueblo. En aquellos días.

Versión basada en la traducción de Joaquín Sanmartín Ascaso, Códigos legales de tradición babilónica, Barcelona, 1999.



Código de Hammurabi: selección de disposiciones Volver al principio

Estas disposiciones legales unifican los diferentes códigos de las ciudades del imperio babilónico. Se pretende así establecer leyes aplicables en todos los casos, e impedir que cada uno «tome la justicia por su mano», pues sin ley escrita que los jueces hubieran de aplicar obligatoriamente, era fácil que cada uno actuase como más le conviniera. No obstante, los historiadores en la actualidad discuten sobre si las disposiciones legales del código se habrían llevado o no a la práctica en todas las ciudades del imperio.
El código incluye disposiciones tanto de lo que nosotros llamaríamos derecho civil y como de derecho penal, regulándose comercio, trabajo asalariado, préstamos, alquileres, herencias, divorcios, propiedad privada, penas por delitos de robo, asesinato, etc. La mayoría de las penas son pecuniarias (multas), aunque también existe pena de destierro, mutilación y muerte. En algunos casos la ley opta por aplicar talión, es decir, hacer al agresor lo mismo que él hizo a su víctima siempre que ambos sean de la misma «categoría social»: awilum (libre y con plenos derechos), mushkenum (libre pero con derechos limitados) o wardum/amtum (esclavo/esclava). Además, se distingue si hay intencionalidad o no, y cuál es la «categoría» de la víctima y la del agresor. En el siguiente texto se traduce awilum por hombre, mushkenum por individuo común, wardum por esclavo y amtum por esclava. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).

«Si un hombre ha reventado el ojo de un hombre, se le reventará un ojo.»
«Si revienta el ojo de un individuo común... pagará una mina de plata.»
«Si ha reventado el ojo de un esclavo de un hombre, pagará la mitad de su precio (del precio del esclavo)».
«Si un hombre golpea a otro hombre en una disputa y le causa una herida, aquel hombre jurará 'Aseguro que no lo golpeé adrede' y pagará el médico».
«Si un hombre ha ejercido el bandidaje y se le encuentra, será condenado a muerte.»
«Si un hombre ha acusado a otro hombre y le ha atribuido un asesinato y éste no ha sido probado en su contra, su acusador será condenado a muerte.»
«Si un hombre conoce carnalmente a su hija, se desterrará a ese hombre de la ciudad.»
«Si un hombre, tras la muerte de su padre, yace con su madre, se los quemará a ambos.»
«Si un hijo ha golpeado a su padre se le cortará la mano».
"Si un hombre quiere desheredar a su hijo y afirma ante los jueces 'Quiero desheredar a mi hijo', los jueces determinarán los hechos de su caso y, si él no ha demostrado las razones de la desheredación, el padre no puede desheredar a su hijo.»
«Si una mujer odia a su marido y afirma 'No harás uso carnal de mí', se determinarán los hechos de su caso en un juicio y, si se ha mantenido casta y sin falta en tanto que su marido es convicto de abandono y agravio, esa mujer no sufrirá castigo, tomará su dote (sheriktu) y marchará a la casa de su padre.»

Traducción de Federico Lara, Código de Hammurabi, Madrid, Editora Nacional, 1982.



Descripción de la ciudad de Babilonia Volver al principio

Con sus ascensos y caídas, la historia de la ciudad de Babilonia -literalmente «la Puerta del Dios», en lengua acadia- está jalonada por los acontecimientos más importantes de la historia del Próximo Oriente Antiguo. Su nombre aparece ya en los textos de Sargón de Akkad (ca. 2340-2284 a.C.) y alcanzó su mayor gloria primero con Hammurabi (1792-1750 a.C.) y, siglos más tarde, con el caldeo Nabucodonosor II (604-562 a.C.). Conquistada por el persa Ciro el Grande en 538 a.C., Heródoto la describe tal como era un siglo más tarde, mientras que, todavía quinientos años después, Plinio evoca la grandeza de una capital eclipsada en su época por las vecinas Seleucia y Ctesifonte.
Denominado tradicionalmente el «padre de la Historia», Heródoto (ca. 485-425 a.C.) nació en Halicarnaso, en la costa suroccidental de Asia Menor, viajó a Egipto, Fenicia, Mesopotamia y Escitia, y residió en la Atenas de Pericles, donde formó parte en 444/443 a.C. de la expedición destinada a fundar la colonia panhelénica de Thurios en Magna Grecia. Dedicando cada uno de los nueve libros que la componen a una de las Musas redactó su Historia, una obra inacabada que alcanza desde la época mítica hasta la Segunda Guerra Médica (479 a.C.), centrada en el enfrentamiento entre Europa y Asia, y salpicada de excursos de carácter etnográfico referidos a las tierras por las que viajó su autor.
Cayo Plinio Segundo vivió entre los años 23 y 79 d.C. Amigo de Vespasiano, ocupó importantes cargos en la administración imperial. De su obra literaria sólo se conserva la monumental Naturalis Historia, dedicada a Tito, primogénito de Vespasiano, en el año 77, y publicada tras la muerte del autor por su sobrino e hijo adoptivo Plinio el Joven. Se trata de una extensa obra enciclopédica dividida en treinta y siete libros que contiene todo tipo de informaciones, agrupadas por materias y procedentes de multitud de obras más antiguas. (Pilar Rivero-Julián Pelegrín).

Babilonia según Heródoto (s. V a.C.)
Está situada en una gran llanura, forma un cuadrado y, en cada lado, tiene una extensión de ciento veinte estadios; así, el perímetro de la ciudad tiene en total cuatrocientos ochenta estadios [= algo más de 85 kilómetros]. Esta es, por consiguiente, la enorme extensión de la capital de Babilonia y, que nosotros sepamos, su trazado no era comparable al de ninguna otra ciudad. Primero la circunda un foso profundo y ancho, lleno de agua, y luego un muro que tiene una anchura de cincuenta codos reales y una altura de doscientos codos [= 24,99 * 88,80 metros]. Aparte de esto, debo además explicar en qué se empleó la tierra procedente del foso y cómo se construyó el muro. A medida que abrían el foso, iban convirtiendo en ladrillos la tierra extraída de la excavación y, cuando hubieron moldeado un número suficiente de ladrillos, los cocieron en hornos; posteriormente, utilizando asfalto caliente como argamasa e intercalando cada treinta hileras de ladrillos esteras de cañas, construyeron primero los paramentos del foso y después, y de la misma manera, el muro mismo. En lo alto del muro también levantaron, a lo largo de sus arcenes, unas casamatas de un solo piso, situadas las unas frente a las otras; y entre ellas dejaron espacio para el paso de una cuádriga. En el circuito del muro hay, además, cien puertas, todas ellas de bronce, lo mismo que sus quicios y dinteles. (...)
De esta manera, pues, estaba fortificada Babilonia. La ciudad, por otra parte, tiene dos sectores, pues por su mitad la divide un río, cuyo nombre es Éufrates, que procede del país de los armenios; es un río grande, profundo y de curso rápido que desemboca en el mar Eritreo. Pues bien, por uno y otro lado de la ciudad, la muralla se ve prolongada en ángulo hasta el río, y, a partir de su confluencia, se extienden, a lo largo de las dos orillas del mismo, los contramuros interiores en forma de un vallado de ladrillos cocidos. La ciudad propiamente dicha, que se halla plagada de casas de tres y cuatro pisos, está dividida en calles rectas, tanto las paralelas al río como las transversales que a él conducen. Precisamente frente a cada calle transversal, en el vallado que bordea el río, había unas poternas en número igual al de las callejas. Esas poternas eran, asimismo, de bronce y daban acceso a la orilla misma del río.
Ese muro es, en suma, como una coraza, y por la parte interior corre, paralelo a él, otro muro no menos resistente que el primero pero sí más estrecho. Asimismo, en el centro de cada uno de los dos sectores de la ciudad se alzaba un edificio fortificado; en un sector, el palacio real, dotado de un recinto grande y sólido; y, en el otro, un santuario de puertas de bronce -que todavía existía en mis días- consagrado a Zeus Belo, formando un cuadrado de dos estadios de lado [= unos 355 m]. En la parte central del santuario hay edificada una torre maciza de un estadio de altura y otro de anchura; sobre esta torre hay superpuesta otra torre, y otra más sobre esta última, hasta un total de ocho torres. La rampa de acceso a ellas está construida por la parte exterior, dispuesta en espiral alrededor de todas las torres. Y hacia la mitad de la rampa hay un rellano y unos asientos para descansar, donde se sientan a reponer fuerzas los que suben. En la última torre se levanta un gran templo. (...)
El santuario de Babilonia cuenta, asimismo, con otro templo abajo en el que hay una gran estatua sedente de Zeus, en oro, y a su lado una gran mesa de oro, siendo el pedestal de la estatua y el trono, asimismo, de oro. Estas piezas, al decir de los caldeos, están hechas con ochocientos talentos de oro. Fuera del templo hay un altar de oro y hay, además, otro altar de gran tamaño sobre el que se inmolan las reses adultas, ya que sobre el altar de oro sólo se pueden inmolar lechales. (...)
Por cierto que, entre los numerosos reyes de la ciudad de Babilonia que sin duda ha habido -a ellos aludiré en mi historia sobre Asiria- y que adornaron sus murallas y santuarios, se cuentan, en concreto, dos mujeres. La que reinó en primer lugar, que vivió cinco generaciones antes que la segunda y cuyo nombre era Semíramis, mandó construir a lo largo de la llanura unos diques que merecen contemplarse, mientras que antes el río solía desbordarse por toda la llanura. Por su parte, la reina que vivió con posterioridad a la susodicha, cuyo nombre era Nitocris y que fue más perspicaz que la que le había precedido en el trono, dejó unos monumentos que yo pasaré a describir con detalle, y, de paso, viendo que el imperio de los medos era pujante y que no permanecía inactivo, antes al contrario, que, entre otras ciudades, se habían apoderado, incluso, de Nínive, adoptó contra ellos todas las precauciones que pudo ... Como la ciudad tenía dos sectores y el río pasaba por en medio, en tiempos de los reyes que la precedieron, cuando se quería pasar de un sector a otro, había que hacerlo en barca, cosa que, a mi juicio, resultaba molesta. Pues bien, ella subsanó también esta contingencia, ya que, tras excavar el depósito del lago, merced a esta obra pudo dejar este otro monumento. Mandó co rtar unos enormes bloques de piedra y, cuando tuvo listos esos bloques y excavado el emplazamiento del lago, desvió todo el caudal del río hacia el lugar que había hecho excavar; y mientras el depósito se iba llenando, entretanto, cuando el antiguo cauce se quedó seco, primero canalizó con ladrillos cocidos, con arreglo a la misma disposición que en la muralla, las márgenes del río a su paso por la ciudad y las bajadas que llevaban de las poternas al río; luego aproximadamente en el centro de la ciudad construyó un puente con los bloques de piedra que había hecho extraer, ensamblándolos con hierro y plomo. Y sobre el puente, al rayar el día, hacía colocar unos maderos cuadrangulares, por los que los babilonios pasaban al otro lado; pero, durante las noches, por lo general quitaban los maderos en cuestión con objeto de evitar que, merodeando a favor de la noche, se robasen unos a otros. Y, cuando el depósito que había sido excavado se transformó, merced al río, en un lago lleno de agua y estuvo concluida la construcción del puente, volvió a desviar el río Éufrates desde el lago a su antiguo cauce. Así la transformación de la excavación en una zona pantanosa pareció una obra oportuna y los ciudadanos tuvieron un puente a su disposición.
Heródoto, Historia, I 178-186, traducción de Carlos Schrader, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1977.

Babilonia según Plinio el Viejo (siglo I d.C.)
Babilón, la capital de las naciones caldaicas, consiguió una gran celebridad entre las ciudades del mundo entero, a causa de lo cual el resto de Mesopotamia y de Asiria recibió el nombre de Babilonia. Estaba rodeada por dos muros de sesenta mil pasos, con una altura de doscientos pies y una anchura de cincuenta, siendo la medida de cada pie mayor que la nuestra en tres dedos; por el centro corría el Éufrates con admirables construcciones en uno y otro lado; todavía se conserva allí el templo de Júpiter Belo; él fue el descubridor de la ciencia de las estrellas. Con todo, esta ciudad se ha transformado en un paraje deshabitado, absorbida por la proximidad de Seleucia , fundada a tal fin por Nicátor a menos de cuarenta millas de distancia, en la confluencia del Éufrates, desviado por un canal, y del Tigris. Seleucia, sin embargo, recibe el sobrenombre de Babilonia y hoy es una ciudad libre e independiente, y además con las costumbres de los macedones. Dicen que la ciudad tiene seiscientos mil habitantes y, en cuanto a la configuración de sus murallas, que es la de un águila extendiendo las alas, y que sus campos son los más fértiles de todo el oriente. A su vez los partos, para despoblarla, a tres millas de distancia, en Calonítide, fundaron Ctesifonte , que es ahora la capital de sus reinos, y, al no conseguir ningún resultado, el rey Vologeso fundó no hace mucho otra ciudad, Vologesocerta, en sus proximidades.
Plinio el Viejo, Historia natural, VI 30, 121-122, traducción de María Luisa Arribas, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1998.




Mapa del sitio / Web map Página mantenida por el Taller Digital Accesibilidad Marco legal Página principal Enviar correo