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Conjuntos arqueológicos

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Presentación

Museo de las Villas romanas y villa romana de Almenara de Adaja-Puras
Antonio Garnacho del Valle
Director del Museo de las Villas romanas

     El Museo de las Villas Romanas y la Villa Romana de Almenara-Puras (Valladolid) constituyen un centro de interés cultural y turístico relevante de Castilla y León, promovido por la Diputación de Valladolid.

     El conjunto museístico está formado por dos edificios complementarios: el Museo de las Villas Romanas, primer espacio turístico-cultural de este tipo que se puede visitar en España; el segundo edificio cubre los restos recuperados de la lujosa casa señorial de la Villa Romana de Almenara-Puras.

     El Museo de las Villas Romanas ofrece una visión muy completa de la vida rústica romana. Sus contenidos explican cómo era la vida de la época en el campo mediante las construcciones rurales más características: las villas.

     Audiovisuales, maquetas, paneles explicativos, dioramas, reproducciones y piezas originales procedentes de las excavaciones en la Villa Romana de Almenara-Puras sitúan al visitante en el contexto histórico de las villas.

     Antes de realizar el recorrido por la Villa Romana de Almenara-Puras, se podrán visitar las secciones del Museo:

  • Audiovisual: Introducción al mundo romano.
  • Sección 1: Una Villa Romana tipo y tipos de Villas.
  • Sección 2: La actividad económica en las Villas.
  • Sección 3: Villas y naturaleza.
  • Sección 4: El ocio.
  • Sección 5: La religión.
  • Sección 6: El brillo del ocaso.
  • Sección 7: La Villa de Almenara-Puras.

     El edificio anexo al Museo contiene la Villa Romana de Almenara-Puras. Los trabajos de excavación y restauración realizados entre 1996/2002 (ejecutados por la Diputación de Valladolid mediante un Plan Director que ha contado con la colaboración de la Junta de Castilla y León y la Universidad de Valladolid), permiten conocer los restos arqueológicos de una amplia y suntuosa vivienda romana de más de 2.500 m2.

     La visita de esta casa se realiza sobre una pasarela elevada que permite una vista completa de la villa; el itinerario muestra la distribución de los diferentes patios y habitaciones, con sus suelos de mosaico o de mortero, y parte de las pinturas originales todavía adheridas a la pared.

     La casa, construida en la segunda mitad del siglo IV y habitada hasta finales del siglo V, tiene dos patios en torno a los cuales se articulan 30 estancias; de ellas prácticamente la mitad están pavimentadas con suelos de mosaico. Además existen termas (baños) a las que se accede por un pasillo que remata en una gran sala de planta trilobulada.

     Asimismo existen dioramas en los que se muestra cómo se construyeron los muros, las pinturas de las paredes, las techumbres y los mosaicos, así como el proceso de excavación y recuperación arqueológica.


Museo de las Villas Romanas de Almenara-Puras

Ctra. N-601 Valladolid-Adanero, km. 137
(entre los términos municipales de Almenara de Adaja y Puras), Valladolid
Teléfono: 983 626 036; Fax: 983 626 017;
e-mail: info@museodelasvillasromanas.com

Horario de apertura

Domingo de Ramos a 15 de octubre
martes a domingo
10,30 a 14,00 horas / 16,30 a 20,00 horas
lunes cerrado (excepto festivos)

16 de octubre a domingo de Ramos
martes a domingo
10,30 a 14,00 horas / 16,00 a 18,00 horas
lunes cerrado (excepto festivos)

Cerrado: 24, 25 y 31 de diciembre y mes de enero

El yacimiento de «La Calzadilla»

El enclave arqueológico

     El enclave arqueológico donde se ubica la villa romana de Almenara-Puras cuenta con una amplísima historia de 3.000 años de ocupaciones, seguramente discontinuas, y atraídas con toda probabilidad por la existencia de un lavajo en los alrededores, conocido como El Arroyuelo.

     Las evidencias más antiguas remontan al período que los arqueólogos denominan Campaniforme, extendido aproximadamente entre finales del tercer milenio antes de Cristo (a. C.) y primeros siglos del segundo. Parece haber sido el momento en el que los grupos sociales, seguramente pequeñas bandas que explotaban un territorio determinado, comienzan a establecer jefaturas que gustan de alterar las ancestrales costumbres funerarias de enterramiento colectivo y comienzan a ostentar símbolos de riqueza en sus ajuares funerarios.

     Los arqueólogos caracterizan a estos grupos por el uso de unas cerámicas de perfiles más o menos acampanados, en nuestras tierras decoradas con bellos frisos de incisiones. Así son las halladas en el vecino término municipal de Fuente Olmedo (Valladolid), de donde procede uno de los hallazgos campaniformes más ricos de Europa.

     La siguiente fase constatada es conocida entre los especialistas como Cogotas I. Debe su nombre a un emblemático castro abulense -Las Cogotas- y ocupa un lapso cronológico extendido entre fines del segundo milenio y el 800 a. C., aproximadamente. Parece tratarse de una etapa cultural identificada, entre otros rasgos, por el uso de una vajilla decorada con dos técnicas muy características, la incisión y el boquique.

     Hasta hace poco tiempo, las gentes de Cogotas I pasaban por ser típicos pastores nómadas, pero en la actualidad se piensa más bien en grupos relativamente sedentarios, con poblados de arquitectura efímera -cabañas de piedras, barro y ramaje-, unas gentes que apenas dejaron otra huella en el paisaje que unos característicos campos de hoyos, utilizados probablemente como silos y amortizados luego como vertederos, al estilo de los encontrados bajo el suelo del actual museo.

     La etapa cultural que sigue a Cogotas I se constata también en el yacimiento. Se trata de la Primera Edad del Hierro, un período cultural extendido aproximadamente entre la octava y quinta centurias a. C., caracterizado por el inicio de los poblados agrícolas estables de casas de adobe y, curiosamente, la ocultación a nuestros ojos de toda evidencia funeraria, entre otros rasgos.

     Delata su presencia una cerámica de paredes lisas, casi sin decorar, bien diferente del barroquismo de las gentes cogotianas. Si tradicionalmente éste era uno de los argumentos para señalar una clara diferencia entre unos y otros grupos, hoy se entiende la sucesión de ambas culturas como parte de un proceso común, cuyos perfiles no acaban de ser bien conocidos.

     Señalemos finalmente que todas estas etapas quedan delatadas por fragmentos cerámicos, a menudo muy rodados y nunca acompañados de estructuras ni de estratigrafías, debido esto último a que la naturaleza arenosa del suelo dificulta la formación de lechos estratigráficos bien definidos.

     Escapan a estas afirmaciones los citados hoyos y una inhumación, acaso parcial, recientemente localizada. La ausencia de ajuar asociado a los restos óseos dificulta adelantar una asignación cultural. Podemos afirmar, eso sí, su carácter prehistórico y aventurar para ella algún momento de la Edad del Bronce, quizá durante el Bronce Medio. Ulteriores estudios permitirán precisar éste y otros extremos.

     Salvada sin evidencias de ocupación la Segunda Edad del Hierro, identificada en nuestra zona con la cultura de los vacceos, los siguientes seres humanos que vivieron en esta zona lo hicieron durante los siglos I y II d. C. Apenas queda nada de ellos, pero sabemos de su presencia por numerosos fragmentos de cerámica de tradición indígena y terra sigillata.

     Más sólidos son los testimonios de ocupación romana durante el siglo III. Un basurero que comenzó a ser utilizado en dicha época ha deparado hallazgos notables entre los que destaca la pieza superior de un molino circular. Cuenta esta muela con dos rebajes destinados a facilitar el engarce de una pieza metálica -la lavija- que delata el uso de engranajes para facilitar el esfuerzo o incrementar su rendimiento.

     Diversos muros de cimentación y parte de un conjunto termal, parcialmente destruido al erigir la villa que hoy podemos ver, completan la breve relación de antecedentes de la villa bajoimperial, del siglo IV, que constituye la pieza estelar del Museo de las Villas Romanas de Almenara de Adaja-Puras.


Campañas arqueológicas en el yacimiento

     Las primeras noticias sobre la existencia de un yacimiento arqueológico en el pago conocido como «La Calzadilla», entre los términos municipales de Almenara de Adaja y Puras (Valladolid), se remontan a 1887, cuando V. M. Fernández de Castro dio a conocer el hallazgo de un gran mosaico.

     Mucho tiempo transcurrió desde esta primera información hasta 1942, fecha de la primera actuación de envergadura de la que conservamos noticias. Corrió a cargo de Gratiniano Nieto Gallo, profesor de la Universidad de Valladolid, que exhumó un total de 1.500 m2 de yacimiento, 400 de ellos pavimentados con mosaico.

     A esta intervención le siguió una larga etapa de letargo, que duró hasta 1969, fecha en la que la Diputación Provincial de Valladolid adoptó el acuerdo de adquirir los terrenos del yacimiento. Éste fue el inicio de una serie de excavaciones arqueológicas llevadas a cabo por diferentes miembros del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Valladolid, que permitieron descubrir nuevas estancias de la villa bajoimperial y ampliar notablemente el horizonte de ocupación del enclave.

     Diversas publicaciones en medios especializados fueron dando a conocer los resultados de las sucesivas intervenciones y sentaron las bases para que el enclave fuera declarado Bien de Interés Cultural en 1994, esto es, le fuera otorgado el máximo nivel de protección de los previstos en la Ley del Patrimonio Histórico Español.

     Pero el impulso decisivo para el conocimiento y la divulgación de los valores culturales del yacimiento se inició en 1996. En esa fecha, la Diputación de Valladolid y la Universidad de Valladolid firmaron un acuerdo a largo plazo para la recuperación del yacimiento arqueológico y la difusión pública de sus valores culturales.

     Desde este momento y hasta la actualidad, ambas instituciones han desarrollado un esfuerzo continuo, poniendo en juego numerosos recursos humanos, financieros e institucionales, gracias a los cuales ha sido posible exhumar la totalidad de la parte urbana de la villa, dotarle de una digna cubierta y acondicionarla para su visita.

     Pero la actuación no concluye ahí. Se entendió que la visita a la villa quedaría inmejorablemente contextualizada si se completaba con una adecuada explicación. Y así surgió la idea del Museo de las Villas Romanas, que pretende mostrar desde una perspectiva científica y didáctica el amplio y complejo mundo de las villas romanas.

     Es de agradecer la colaboración financiera de la Junta de Castilla y León en este último esfuerzo, que nos permite hoy poner al servicio de los ciudadanos una ejemplar referencia cultural.


La villa romana de Almenara de Adaja-Puras

     Esta lujosa casa se construyó en la segunda mitad del siglo IV d. C. en un solar ya ocupado por una villa al menos desde el siglo III d. C.

     Los vestigios más coherentes que se conservan de la villa anterior a la del siglo IV pertenecen a unos baños. Estos restos están construidos en hormigón (opus caementicium), y su orientación es claramente diferente a la de las otras estructuras visibles. Se trata de las cámaras de calefacción por aire (hipocausto) situadas bajo la zona cálida (caldario), y su horno exterior; sobre ellas hubo dos habitaciones con sendas bañeras. El resto de estas pequeñas termas fue desmantelado en el siglo IV para construir la casa de los mosaicos. El abastecimiento de agua para ambos edificios lo resolvía el ancho pozo situado en las proximidades.

     Además de las termas se han identificado otras estructuras relacionadas con la zona de trabajo y almacenes del asentamiento previo, como son diversos muros de cantos rodados, pavimentos de tierra apisonada o tejas, varios dolios alojados en el suelo, y la solera de un pequeño horno.

     De la conocida como Villa Romana de Almenara-Puras, es decir la correspondiente al siglo IV, se han exhumado de forma completa el edificio con función residencial para los dueños (pars urbana) y una muy pequeña parte de la zona dedicada a la explotación agropecuaria (partes rustica y fructuaria), en total 4.800 m2.

     La vivienda, verdadero palacio campestre, está orientada al este. Ocupa un área de 2.500 m2 y se organiza a partir de dos grandes patios bordeados de pórticos. De la puerta principal se pasa a un patio con corredores en sus cuatro lados, que constituye el centro de la zona destinada a las actividades sociales. Diferentes ambientes de recepción abren sus puertas a los corredores; entre ellos destacan el gran triclinio absidado frente a la puerta principal, y el magnífico salón de cabecera pentagonal con contrafuertes al exterior.

     Una habitación con dos puertas afrontadas permite la comunicación con el patio sur que es un gran espacio a cielo abierto con un jardín bordeado de pórticos a través de los cuales se accedía a los dormitorios, comedores y salas de estar donde principalmente transcurriría la vida familiar. Pero también hay aquí dos amplias habitaciones asociadas a las celebraciones de actos sociales: una de planta octogonal con antesala, probablemente un salón para recepciones, y otra de planta semicircular peraltada, posible comedor de verano.

     Al oeste de la casa están los baños. A ellos se accedía desde el peristilo sur por un pasillo, iluminado desde un pequeño patio interior, que llevaba al vestuario (apoditerium) y luego a una gran estancia (frigidarium) con amplia bañera fría (piscina). De esta sala se pasaba al ambiente templado (tepidarium) con baño de agua caliente (alveus) situada sobre un pequeño hipocausto que aprovecha, después de una reforma, el hueco de una piscina anterior con fondo de mosaico decorado con peces. La última estancia (caldarium) era el ambiente con calefacción de aire bajo el suelo y otra bañera, más grande que la anterior, para agua caliente. Al final del pasillo se abre una gran sala de planta trilobulada, seguramente un lujoso espacio sin calefacción para reuniones, etc., añadido a los baños en un momento avanzado del siglo IV. Esta sala trícora con sus complejas cubiertas y gran presencia arquitectónica, asociada siempre a edificios especialmente suntuosos, pone de manifiesto el alto estatus del dueño de la villa.

     El área servil podría localizarse en los espacios situados en el ángulo nordeste del edificio, particularmente en una gran estancia con tres soportes; allí transcurriría buena parte de la vida y actividades de los esclavos y estarían las cocinas y parte de las despensas.

     Los muros son de hormigón romano (opus caementicium). Las paredes estaban al interior pintadas al fresco, habiéndose conservado parte de los zócalos que imitan placas de mármol. Los tejados eran de tejas curvas (imbrices), alternando la techumbre a dos aguas con las bóvedas en función de las variantes en planta. En cuanto a los suelos, Almenara ofrece, de entre las villas hispano-romanas, uno de los conjuntos de mosaicos más nutrido e interesantes: catorce estancias y las cuatro galerías del patio norte tienen bellos pavimentos musivos, y otras quince lo tienen de sólido mortero (opus signinum). Los mosaicos revestían las piezas más importantes de la casa, mostrando motivos geométricos y vegetales de rica policromía. Destaca por su hermosa factura y su carácter figurativo, el que decora el centro de un gran salón octogonal con una escena mitológica protagonizada por el caballo Pegaso.

     La residencia señorial sufrió un proceso de abandono durante el siglo V d. C. Las huellas de hogueras, visibles sobre algunos mosaicos, apuntan a que las ruinas se utilizaron ocasionalmente como refugio; luego fueron expoliadas y sus muros desmontados para reaprovecharlos como material constructivo. Todo ello ha determinado una notable escasez de materiales y ajuar doméstico en los niveles arqueológicos.

     En lo que respecta a la zona rústica de la Villa Romana de Almenara-Puras, hasta ahora se conoce muy poco por excavaciones aunque, a través de fotografía aérea, se ha documentado buena parte de sus estructuras, consistente en dos grandes alas de 70 m. de largo por 5 m. de ancho, separadas por un gran espacio abierto y adosadas a la fachada oriental del palacio. En las excavaciones se han descubierto restos de instalaciones muy arrasadas, probablemente relacionadas también con las actividades rústicas de la villa. Al norte de este edificio, entre otras estructuras de difícil interpretación, existen fondos de mortero de cal y arena de pequeñas balsas, tal vez relacionables con la elaboración de vino. Al sur, hay cimientos de las despensas (cellae) de la vivienda, con vasijas de almacenamiento alojadas en el suelo de tierra.

     Con la construcción del Museo de las Villas Romanas de Almenara-Puras, la Diputación de Valladolid ha acometido el proyecto de recuperación y restauración del Patrimonio Arqueológico más importante de los últimos años en Castilla y León.




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