Antigua. Historia y Arqueología de las civilizaciones Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Recursos

> Introducción

     Nos ha tocado vivir una época en que, más que nunca, la búsqueda y compilación de información se ha convertido en una tarea primordial en muchos centros de investigación. Gigantescas bases de datos, recursos en Internet para todos los gustos, accesos libres y rápidos a corpora documentales de todo tipo son elementos con los que nos hemos familiarizado en muy poco tiempo. Son escasos los centros de investigación que no compiten por ofrecer hoy vía Internet una base documental que les haga imprescinsibles, y la proliferación de recursos es la tónica general.

     Gran parte de las transformaciones de la última década tienen que ver con la existencia de nuevos recursos electrónicos a nuestro alcance. Estos cambios en los recursos del trabajo cotidiano han producido, sin embargo, una reorganización del trabajo del historiador cuyas consecuencias tardaremos décadas en percibir.

     Detrás de cada sede web, detrás de cada una de las grandes bases documentales, se está formando un núcleo de historiadores que no son ya únicamente documentalistas dedicados a introducir y ordenar los datos. Gran parte de la información que recibimos en nuestras pantallas ha sido objeto de un proceso de selección y de ordenación que tiene con ver con criterios personales y que precisa de una toma de posición. La propia elección del tema a compilar y de los recursos a seleccionar guarda relación con las concepciones históricas de sus autores, de la misma manera de la selección de imágenes o el lenguaje visual empleado forma parte de un sistema de comunicación cuidadosamente elegido.

     Predicar hoy las excelencias de los medios electrónicos como auxilio de la Historia Antigua puede parecer incluso anticuado, pese al escaso tiempo transcurrido desde la generalización de estos recursos. Por el contrario, a muchos les parecerá ignorancia oír que Internet es sólo una herramienta más de nuestro trabajo y no la principal en muchas ocasiones. Esta posición intermedia, blanco predilecto de las críticas en todos los debates historiográficos, merece una explicación(1).

     En los estudios históricos, y en general en toda la tradición de investigación en las mal llamadas humanidades, existe un apego a la tradición historiográfica centenaria que no se da en los estudios científicos o tecnológicos; nuestros colegas de las facultades de Ciencias pueden arrinconar en sus bibliotecas las obras de referencia con más de 10 años de antigüedad por haber quedado ya caducas, mientras que para nosotros, más de la mitad del material bibliográfico supera con creces esa edad. Uno de nuestros maestros suele decir a este propósito que nuestro trabajo «se hace por sedimentación», para lo que la libre disposición de fuentes de difícil acceso forma parte importante de la búsqueda diaria en el trabajo de investigación.

     Cuando uno tiene que echar mano de las Res Gestae augústeas resulta más fácil entrar en la sede web de la Universidad de Zaragoza y leerlas en la versión bilingüe preparada por el Profesor Fatás(2) que recurrir a las ediciones de Brunt o Gagé, por no decir a la de Mommsen(3); facilidad de acceso, comodidad en la búsqueda de términos, etcétera, son méritos que no es preciso elogiar aquí para este tipo de accesos electrónicos a nuestras fuentes de información sobre la Antigüedad. Del mismo modo, ver una inscripción del Museo de Córdoba resulta mucho más fácil en el catálogo fotográfico en línea del Centro CIL-España(4) que emprendiendo un periplo por Andalucía como tuvo que hacer Hübner en su tiempo. No digamos ya si lo que buscamos es una inscripción griega de Anatolia de las recogidas por Cox en sus Monumenta Asiae Minoris Antiqua, en parte aún fuera de museos de fácil acceso, que ahora son visibles en el catálogo fotográfico accesible en Internet; hasta esa biblia del historiador que son las páginas de L'Année Philologique se manejan ahora con un teclado. De lo dicho puede desprenderse la impresión de que el trabajo de investigación en Historia Antigua se puede hacer ya desde el despacho y, sin embargo, la realidad es muy diferente.

     Para el historiador de la Antigüedad, como probablemente para otros historiadores, Internet es hoy una mezcla de lo imprescindible y de lo superfluo. Uno puede encontrar allí miles de datos que evitan un viaje o un préstamo interbibliotecario, al tiempo que la simple navegación por sus páginas puede ser gratuita e innecesaria. Como todos los recursos a nuestro alcance, es útil si se sabe lo que se busca y cómo encontrarlo, y desde esta perspectiva es un instrumento imprescindible, especialmente cuando no se dispone de grandes recursos bibliográficos en el entorno inmediato.

     Sin embargo, quienes estamos familiarizados con este sistema de información, hemos tenido ocasión de comprobar los límites que presenta y los condicionantes que deben tenerse en cuenta. Para recuperar el hilo del discurso anterior, hablaremos en primer lugar de los criterios de selección.

     Desde el punto de vista temático, prácticamente no hay campo del conocimiento histórico que no tenga una entrada en Internet; cuando se realiza una búsqueda de sedes web dedicadas a un determinado aspecto o época, suelen contarse por miles las opciones disponibles. Sólo para textos clásicos en versión completa y en varios idiomas incluido el original, hay al menos seis opciones disponibles dentro de los recursos de calidad. La idea de que todo puede encontrarse aquí es, sin embargo, falsa, puesto que en muchos casos sólo hay disponible una versión inglesa o alemana que no puede facilitarse al alumnado de los primeros cursos e incluso faltan algunas fuentes en beneficio de otras. Eso es lo que ocurre, por ejemplo, cuando lo que busca uno en un texto de Frontino, que hasta la fecha que sepamos no existe en la Red; por el contrario, los discursos ciceronianos están disponibles en diferentes versiones.

     Una clara selección, con criterios personales, es visible también en la edición electrónica de algunas fuentes antiguas. Así ocurre, por ejemplo, con las Leyes de las XII Tablas, que se encuentran en la Red en diferentes formatos, pero sólo una vez en edición original biblingüe.

     Más personal es el criterio de selección en las bibliografías; entre los miles de títulos existentes para cada período o tema, es fácil encontrar un puñado de ellos en la Red, pero escogidos por aquel que hizo la selección, omitiendo títulos que al historiador pueden parecerle fundamentales pero no al autor de la base de datos.

     La percepción del criterio empleado en la elaboración de las grandes sedes web de Historia Antigua o en la selección de sus materiales es difícil, máxime cuando el lenguaje visual empleado altera nuestro interés por unos enlaces u otros. El empleo del color, la rapidez de acceso, la libre disposición de los contenidos, son recursos para los que existen pocas defensas desde nuestra inexperiencia en comunicación visual. Detrás de muchas sedes web está sólo la publicidad de una determinada editorial, que selecciona de su propio fondo bibliográfico los recursos que ofrece para un tema; en otras ocasiones, el criterio no enunciado es la disponibilidad en la biblioteca del centro que elabora la entrada; en diversas sedes web hay una selección idiomática tácita pero real, que silencia obras básicas en lenguas diferentes a la del autor...

     Pese a estas dificultades, Internet se ha convertido hoy en una herramienta de primer orden en la docencia y en la investigación, especialmente como elemento de referencia y de consulta inmediata, y como fuente de materiales docentes. Un claro ejemplo es la posibilidad de obtener mapas de la Antigüedad referidos a cualquier lugar del mundo, con libre acceso para fines educativos y, por lo tanto, con posibilidad inmediata de entrega al alumnado en forma impresa.

     Otro tanto ocurre con el acceso a la mayor parte de los textos clásicos en versión original, grandes corpora epigráficos como las bases de datos de Heidelberg, Frankfurt o CIL II-España, novedades bibliográficas en las redacciones de las grandes revistas con secciones importantes de reseña, etcétera. Un número creciente de revistas es accesible en Internet, con posibilidad de volcar a un ordenador personal un artículo o una selección del mismo; otras revistas facilitan índices de sus versiones impresas incluso antes de la edición de éstas, y una obra de tan complejo manejo como el Aufstieg und Niedergand der römischen Welt tiene un sistema de búsqueda por autor, título, tema y palabra clave(5); hoy es posible hacer una búsqueda en la Prosopographia Imperii Romani(6), leer el bronce latino de Contrebia(7) o los grafitos de Ostia(8), buscar un dato en el Edicto de Precios de Diocleciano(9) o localizar un término exacto en cualquiera de los miles de rescriptos imperiales del Bajo Imperio(10).

     Pero en Internet sigue sin estar el contenido de la mayor parte de las obras bibliográficas que allí se referencian. Hoy no existen dificultades técnicas ya para dar ese paso, e incluso algunos libros, colecciones de artículos(11) y diccionarios ya están ahí a nuestro alcance. Como instrumento de apoyo a la investigación y a la docencia, en ningún caso podrá sustituir al material impreso y tampoco es esa su función.

     Una de las características de estos nuevos sistemas de información es el continuo cambio en las direcciones electrónicas de muchos servidores; estos cambios no siempre permiten la localización de la página que se busca. A modo de ejemplo puede citarse un caso significativo; un artículo aparecido en 1998(12) contenía un buen número de referencias y enlaces electrónicos a sitios de interés, de los que sólo cuatro años después casi la mitad han desaparecido o cambiado de dirección; igualmente, algunos de los enlaces propuestos desde la página de Historia Antigua de Zaragoza(13) ya no está disponible por los mismos motivos(14).

     El número de enlaces directamente relacionados con la Historia Antigua supera hoy el millar, que se multipica al menos por diez en otros enlaces tangenciales, aunque dentro de ese cúmulo de información se pueden encontrar recursos de diferentes calidad e interés.

     La selección que presentamos, elaborada siempre con criterios personales de usuario y no necesariamente compartidos por todos, es sólo una propuesta para navegar en ese bosque virtual que tenemos a nuestro alcance. Ante los posibles cambios de dirección de determinados servidores, hay que advertir que esta relación de enlaces se encontraba disponible a fecha de 7 de julio de 2004.

 

Notas

1.   La utilidad de los nuevos sistemas de información ha sido tratada en diversos trabajos hasta la fecha, algunos de ellos disponibles en la Red. Entre los más significativos, Joaquín Gómez Pantoja y Miguel Ángel López Truijillo, «En las Redes de Clío. Historia Antigua e Internet: un caso práctico», en Memoria y Civilización (Pamplona) 1, 1998, pp. 79-96; Simonetta Soldani y Luigi Tomassini (ed.), Storia & Computer. Alla ricerca del passato con l'informatica, Milano, 1996; Alessandro Cristofori, «Storia Antica e Computer: un approccio», I Viaggi di Erodoto 32, mayo-septiembre 1997, pp. 22-34 (http://www.rassegna.unibo.it y con acceso cómodo desde http://clio.rediris.es/clionet/articulos/clio.htm).

2.     http://FyL.unizar.es.

3.     P.A. Brunt y J.M. Moore, Res gestae divi Augusti. The Achievements of the divine Augustus, with a introduction and commentary, Oxford, 1967; Jean Gagé, Res gestae divi Augusti ex monumento Ancyrano et Antiocheno Latinis Ancyrano et Apolloniensi Graecis, Paris 1977³; Theodor Mommsen, Res gestae divi Augusti ex monumentis Ancyrano et Apolloniensi, Berlin 1883²; Ekkehard Weber, Caio Iulius Caesar Octavianus Augustus. Meine taten. Res Gestae divi Augusti. Nach dem Monumentum Ancyranum, Apolloniense und Antiochenum. Lateinisch-griechisch-deutsch, Munich 1970; Res Gestae diui Augusti (Monumentum Ancyranum; edición bilingüe, Madrid, 1994 [Ediciones Clásicas. Editor Juan Manuel Cortés].

4.     Centro CIL II-España

5.     ANRW..

6.     Buscador onomástico de la Prosopographia Imperii Romani en Internet: http://www.bbaw.de/forschung/pir/suche.html

7.      http://FyL.unizar.es.

8.     Grafitos de Ostia: http://www.ncl.ac.uk.

9.     Texto latino: http://www.hs-augsburg.de/

10.     Honoré, Tony, Palingenesia of Latin Private Rescripts 193-305 AD: from the Accession of Pertinax to the Abdication of Diocletian (Honoré, Tony, Emperors and Lawyers. With a Palingenesia of Third-Century Imperial Rescripts 193-305 AD, Oxford 1994).

11.     Por ejemplo http://www.ub.es/CEIPAC/ceipac.html.

12.     Joaquín Gómez Pantoja y Miguel Ángel López Truijillo, «En las Redes de Clío. Historia Antigua e Internet: un caso práctico», en Memoria y Civilización (Pamplona) 1, 1998, pp. 79-96 (versión electrónica aún existente en http://FyL.unizar.es).

13.     http://FyL.unizar.es.

14.     Es el caso de la conexión con el trabajo de Daniel Béguin, o de Emanuele Narducci

 

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