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La guerra dácica y la muerte de Decébalo Volver al principio

Durante el reinado de Trajano (97-117 d.C.), Roma se enfrentó a una confederación de pueblos de la Dacia (actual Rumanía) que se habían agrupado bajo el mando de su rey Decébalo. Durante los años 101/2 y 105/6 se llevaron a cabo dos campañas, que culminaron con el triunfo de las legiones sobre estos pueblos del bajo Danubio (antiguo Ister) y la conversión del territorio en provincia del Imperio. Según la versión de Dión Cassio, Decébalo se suicidó cuando la derrota ya era inminente, y su cabeza fue llevada a Roma como testimonio de la victoria. En los relieves de la Columna de Trajano, Apolodoro plasmó este acontecimiento, reproduciendo la figura del rey dacio que se degollaba a sí mismo con la espada curva de los Dacios.
Los resultados de las guerras dácicas de Trajano fueron la extensión de la frontera romana más allá del Danubio, la creación de una nueva provincia y, sobre todo, la explotación de los recursos del territorio, entre los que destacaban especialmente sus minas de oro (Pilar González-Conde).

Trajano, habiendo cruzado el Ister por medio de este puente, dirigió la guerra con segura prudencia y no con impaciencia, de modo que después de un duro enfrentamiento venció a los Dacios. En el curso de la campaña él mismo protagonizó muchos actos de valentía y dotes de mando, y sus tropas corrieron muchos riesgos y realizaron grandes proezas en su nombre. He aquí que cierto jinete, después de haber sido evacuado con los heridos de la batalla con la esperanza de que podría curarse, cuando se dio cuenta de que no se podría salvar, salió aprisa de la tienda (pues su lesión no había afectado aún a su corazón) y, ocupando de nuevo un puesto en las líneas, murió después de dar grandes muestras de valor. Decébalo se suicidó cuando su capital y todos su territorio habían sido ocupados y él mismo corría el riesgo de ser capturado; y su cabeza se trajo a Roma. De esta manera, Dacia pasó a manos de los romanos, y Trajano fundó allí ciudades. También se descubrieron los tesoros de Decébalo, escondidos bajo el río Sargetia que discurría más allá de su palacio. Con la ayuda de algunos cautivos, Decebalo había desviado el curso del río, había hecho una excavación en su lecho, y había ocultado en esta cavidad una gran cantidad de plata y de oro y otros objetos de gran valor que podían resistir una gran humedad; luego había acumulado piedras encima de estos tesoros y lo había cubierto con tierra, devolviendo luego el río a su curso original. También había obligado a los mismos cautivos a depositar sus túnicas y otros artículos de un cierto valor en estas cuevas, y después de hacerlo les dispersó para impedirles descubrir cualquier cosa. Pero Bicilis, un compañero suyo que sabía lo que había ocurrido, al ser capturado proporcionó la información de estos hechos.
Más o menos por esas mismas fechas, Palma, el gobernador de Siria, se hizo con el control de la parte de Arabia situada alrededor de Petra y la puso bajo el dominio de los romanos.

Dión Cassio, Historia romana, 68, 14, 1-5. Traducción de Pilar González-Conde sobre la versión inglesa de 1982.



Apolodoro y el puente sobre el Danubio Volver al principio

El Emperador Trajano (97-117 d.C.) llevó a cabo dos guerras contra los Dacios (101/2 y 105/6) que terminaron con la victoria de Roma y la conversión en provincia de aquel territorio del bajo Danubio. Para ello fue necesario el desplazamiento de algunas legiones y la realización de obras de infraestructura para alcanzar y vencer a los Dacios. Una de las obras más conocidas fue el gran puente sobre el río Danubio, obra de Apolodoro de Damasco, mencionado por Dión Cassio en el relato de los acontecimientos y cuyos restos aún son parcialmente identificables en Drobeta (Rumanía). En la Columna de Trajano, realizada también por Apolodoro para conmemorar la victoria, quedó testimonio del puente y de otros trabajos de ingeniería llevados a cabo por el ejército romano. El puente sobre el Danubio se convirtió así en una de las imágenes que la población de Roma podía identificar con las hazañas romanas en el bajo Danubio, hasta tal punto que se convirtió también en motivo principal de reverso de algunas monedas acuñadas durante el reinado de Trajano (Pilar González-Conde).

Trajano construyó sobre el Ister un puente de piedra que desborda mi admiración hacia él. De hecho, aunque fue brillante en todas sus hazañas, ésta fue la mayor. Tiene veinte pilares cuadrados de piedra de ciento cincuenta pies de altura desde los cimientos y sesenta de anchura; están situados a intervalos de ciento setenta pies y unidos por arcos. ¿Cómo puede alguien dejar de asombrarse por la gran inversión que se hizo, o por la forma en que cada uno de estos pilares fue anclado tan profundamente en un río cuyas aguas están llenas de remansos y con un fondo tan barroso? Evidentemente, para ello fue imposible ello desviar el curso de las aguas. He hablado de la anchura del río; pero el caudal no tiene una anchura uniforme, pues en algunos sitios anega el doble y hasta el triple de tierra; sin embargo, el caudal habitual en esta zona aconsejó construir un puente con la anchura citada. Además, hay que tener en cuenta que aquí el río pasa de un amplio caudal a un cauce estrecho, después del cual vuelve a extenderse a una anchura mayor, lo que lo convierte en violento y profundo; y esta circunstancia debe ser tenida en cuenta para comprender la dificultad que supuso construir el puente. Al mismo tiempo, una de las circunstancias que muestran la grandeza de los planes de Trajano es que el puente no se hizo para usarlo nosotros; la sola presencia de los pilares erguidos, aunque no se hagan intentos de cruzarlo, hace creer que hubieran sido erigidos con el único propósito de demostrar que no hay nada que el ingenio humana no puede lograr. Trajano construyó el puente porque temió que si alguna vez el Ister se helaba en medio de una guerra podía sorprender a los romanos en aquella orilla, y era necesario asegurar el acceso hasta ellos con estos medios. Por el contrario, Adriano tuvo miedo de que también pudiera hacer fácil el paso para los bárbaros, que tras derrotar a la guardia del puente podrían cruzar a Moesia; por eso, desmontó esta gran estructura.

Dión Cassio, Historia romana, 68, 13, 1-6. Traducción de Pilar González-Conde sobre la versión inglesa de 1982.




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