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1510, Pedro de Alvarado

(Badajoz, 1485-Guadalajara (México), 1541)

Su padre, Gómez de Alvarado, era de rancio abolengo montañés e hijo de un comendador de la Orden de Santiago; su madre, Leonor de Contreras, de noble familia extremeña. En 1510 pasó a la isla La Española junto a sus hermanos Gonzalo, Jorge, Gómez, Hernando y Juan, reuniéndoseles, al poco, otro Juan, éste hermano bastardo. Todos ellos buscaban el amparo de su tío Diego de Alvarado, vecino de la isla antillana y caballero de Santiago. También emigraron varios primos suyos de igual apellido. Pedro participó en la conquista de Cuba (1511) a las órdenes de Diego Velázquez, y allí recibió una capitanía y quedó de encomendero. En 1518 se unió a las expediciones de Grijalva al mando de un buque, recorriendo el litoral del Yucatán y luego el de México. Peleó en Campeche y, adelantándose al resto, penetró en el río Papaloapán, al que dio su nombre (junio de 1518). Grijalva, sin saber qué hacer, decidió enviar Alvarado a Cuba para dar cuenta del descubrimiento de aquellas tierras continentales y llevar a Velázquez los regalos de Moctezuma. Este viaje de vuelta hizo que Velázquez organizara la expedición que dirigiría Cortés, aunque en un principio pensara en Alvarado aunque lo desestimó, al parecer, por encontrar a éste poco sumiso a sus órdenes...

Una vez que Cortés hubo partido hacia Trinidad, allí se unió Alvarado a la expedición junto a toda su vasta familia, configurando, rápidamente, un pequeño clan que hacía sentir su peso. A partir de entonces, Pedro de Alvarado se mostró como un inquebrantable aliado del futuro conquistador de México, defendiéndole contra los que deseaban destituirle, a pesar que Cortés le reprendió por haberse adelantado en la llegada a la isla de Cozumel.

De aquí en adelante, su actuación resultaría muy destacada en todas las batallas que hubieron de sostener los españoles contra los indígenas. Tabasco, Centla y Ulúa, fueron lugares donde comenzó a admirarse el valor de Alvarado. Cuando se firmó la paz con los tlaxcaltecas, se casó con una princesa, hija del cacique Xiconténcatl, bautizada como Luisa Xiconténcatl. Debido al color rubio de sus cabellos, los indios comenzaron a llamarle Tonatiuh, el sol, apodo que permanecería para siempre. Tras ser enviado por Cortés a una embajada a Tenochtitlán, junto a Bernardino Vázquez de Tapia, Alvarado participó en la matanza de Cholula, en la marcha sobre la capital azteca, y en el solemne recibimiento de Moctezuma (8 de noviembre de 1519). Tomó parte en la prisión del caudillo azteca, que quedó bajo su custodia. Pero junto a sus cualidades militares, Alvarado también se mostraba como un hombre cruel y ambicioso, manifestadas en su afán por saquear los tesoros de México y Tezcoco, para cuya obtención, según acusación de Vázquez de Tapia, no dudó en torturar al rey Cacama. Al arribar Pánfilo de Narváez a las costas de Yucatán para someter a Cortés, éste dejó a Alvarado al mando de Tenochtitlán mientras él se dirigía a enfrentarse al enviado de Velázquez.

Y fue precisamente en esa ocasión en que quedaba como amo y señor de Tenochtitlán cuando Pedro de Alvarado efectuó uno de los hechos que ensombrecen totalmente su memoria: celebrándose la fiesta Tóxcatl, en la que se reunían muchísimos nobles de la confederación azteca, el lugarteniente de Cortés sospechó que se preparaba con este motivo una sublevación contra los españoles y quiso abortarla de raíz, llevando a cabo en el teocalli una terrible matanza. Las consecuencias de este sangriento suceso ya las conocemos en el apartado dedicado a Hernán Cortés (rebelión, muerte de Moctezuma, Noche Triste, batalla de Otumba,...).

Tras tener una destacadísima actuación en la conquista de Tenochtitlán, se dedicó a someter el resto de México y de los territorios de sus alrededores en que se había fijado Cortés, destacando su gobierno en Guatemala.

De espíritu inquieto, soñó con nuevas empresas y preparó una expedición hacia Quito, que suponía no haber sido conquistado todavía por Pizarro, poniendo toda su fortuna y la de sus hermanos en esta empresa. Una capitulación de 1532 le autorizaba a conquistar tierras en el Pacífico. Finalmente, una expedición de unos 600 españoles y 3.000 indios y negros se embarcó en Nicaragua con destino incierto. Desembarcaron en Puerto Viejo (Ecuador) y se internaron en la selva y llegaron, finalmente, a los pies de los Andes. Tras una travesía espeluznante, los hombres de Alvarado llegaron a la meseta de Quito pero, en lugar de las riquezas presentidas del inca Atahualpa, se encontraron a Belalcázar y, poco después, a los hombres de Almagro, que ya habían conquistado el territorio. En 1536 regresó a Guatemala.

Incapaz de estarse quieto, Pedro volvió a organizar una nueva expedición, ésta a las islas Molucas. Mientras tanto le llegaba el permiso real, sufrió juicio de residencia que terminó en forma favorable a sus intereses y recibió una petición de socorro por parte de Andrés de Cereceda, gobernador interino de Honduras. Pedro abandonó de inmediato sus proyectos y partió en ayuda de su amigo a Honduras, donde fundaría las villas de San Pedro de Sula y Gracias a Dios. Hacia 1537 volvió a España y se le confirmó la gobernación de Guatemala por siete años, otorgándosele, también, una capitulación para que explorara las costas occidentales de México e ir a las islas del Poniente (las Molucas), en una gran expedición a su costa y para la que se asoció con el virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza (1538); también se le reconoció el gobierno de Honduras, con facultad de permutarlo con Montejo por el de Chiapas. En España contrajo nuevo matrimonio con doña Beatriz de la Cueva, hermana de su primera esposa.

Con tres navíos, 300 soldados y numeroso séquito, llegó a Puerto de Caballos (Honduras) en abril de 1539. El virrey Mendoza, por su parte, organizó varias expediciones (las de Marcos de Niza, Vázquez Coronado y Hernando de Alarcón) sin contar con su socio Alvarado. Finalmente, un arreglo entre ambos llevó a la organización de una expedición que recorrería el Pacífico en busca de nuevos territorios. El piloto encargado fue Urdaneta (1540) y el convoy fue dividido en dos grupos: el primero iría mandado por Ruy de Villalobos y se dirigiría al oeste del Pacífico; el otro, recorrería las costa norteamericana del Pacífico hasta su terminación por el Norte y lo mandaría Rodríguez Cabrillo. Mientras se preparaban los expedicionarios estalló una gran revolución india en Nueva Galicia y Alvarado se apresuró en acudir en auxilio de los españoles. En el asalto al peñón de Nochistlán, la resistencia indígena le obligó a retirarse y fue atropellado por el caballo de un soldado fugitivo; gravemente herido fue llevado a Guadalajara, donde, al decir de las crónicas, falleció cristianamente el 4 de julio de 1541.



Bibliografía básica

  • BARÓN CASTRO, R. Un colaborador de Cortés: Pedro de Alvarado. Madrid, 1948.
  • VV. AA. Diccionario de Historia de España. Madrid: Alianza Editorial, 1979, 1981, 1986. 3 volúmenes, tomo I, pp. 190-195.

 
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