La obra literaria en la acción poligráfica de Bello
La empresa ciclópea que Bello se echó sobre sus hombros al regresar a América, responde a un
profundo convencimiento doctrinal, acerca de lo que debían acometer las nuevas Repúblicas para
orientar los destinos de cada nación. Lo estampa en el primer artículo que publica, apenas llegado a
Santiago, en El Mercurio Chileno, nº 16, de 15 de julio de 1829. Comenta la edición de las Poesías,
de José Fernández Madrid, Londres, 1828. Diríase que se está trazando su plan de acción para el
resto de su vida. Desde luego, su criterio ha de responder a las conclusiones elaboradas durante su
estancia en Inglaterra, al reflexionar sobre el futuro de las naciones que habían alcanzado su
emancipación.
A mi juicio, constituye la más profunda meditación sobre el rumbo que debían tomar las sociedades
americanas para edificar la propia cultura. Escribe Bello:
En los pueblos que gozan de una civilización antigua la razón pública se ha
formado por la lenta acción de los siglos, y sufriendo grandes intervalos, en los
cuales los extravíos y los errores han ocupado el lugar de la sensatez y de la
verdadera cultura. La perfección presente supone la asidua labor de la experiencia,
y ésta no se forma sino con escarmientos y retractaciones.
Nosotros tenemos la fortuna de hallar tan adelantada la obra de la perfección
intelectual, que todo está hecho para nuestros goces y para nuestros progresos.
Las convulsiones políticas externas nos han sido igualmente favorables.
Este mismo pensamiento de 1829, lo reitera en otros términos en 1841, en las columnas de El
Araucano, al comentar el proyecto de Código Civil. Dice:
Nos hallamos incorporados en una grande asociación de pueblos, de cuya
civilización es un destello la nuestra. La independencia que hemos adquirido nos
ha puesto en contacto inmediato con las naciones más adelantadas y cultas;
naciones ricas de conocimientos, de que podemos participar con sólo quererlo.
Todos los pueblos que han figurado antes que nosotros en la escena del mundo
han trabajado para nosotros.
Es natural que, provisto de tales convicciones, Bello se sintiese en el deber de dar a sus actividades
la necesaria amplitud de temas, de que era capaz, a fin de abarcar los múltiples campos de acción
educadora para los cuales se sentía preparado. Aparte de su tarea diaria en la administración pública
del Gobierno chileno, acometió seguidamente su obra de publicista, con la edición de los Principios
de Derecho de Gentes (1832); inició clases de Derecho Romano en su domicilio particular; aceptó
la redacción de El Araucano, del que fue asiduo y ejemplar colaborador desde 1830 con sus propios
escritos; desde sus columnas divulga artículos de crítica y de filosofía; inserta algunas poesías; estudios
de crítica histórica; comentarios a proyectos legislativos, aun antes de ser elevado a la condición de
senador de la República; es decir, lleva a cabo una labor poligráfica, desde los días iniciales en Chile,
de la que sólo escapan los análisis de filosofía, que publicará más tarde, y sus investigaciones de
literatura medieval que deja de lado, ante las urgencias de los asuntos de orientación educativa social.
Todo ello forma un conjunto unitario que es difícil separar, por cuanto que constituye un plan de
trabajos ensamblados por una finalidad común. Y a este programa será fiel Bello durante los 36 años
de actividad en Chile, hasta su muerte en 1865. Lógicamente el trabajo de un hombre de genio,
metódico, sin pausa, todos los días, durante tan largo período, había de dar un fruto extraordinario,
como así fue. Pronto trascendió la obra de Bello las fronteras de Chile y su magisterio se extendió por
todo el continente de habla castellana y portuguesa. La obra literaria está integrada a su labor conjunta:
como internacionalista, como autor del Código Civil, como gramático, como educador. Sus poesías
corrieron en sucesivas ediciones por todos los pueblos hispánicos.
Su labor de crítico tuvo un campo más restricto: Chile, donde ejerció evidente influencia en la
educación del gusto y en la orientación de los estudios y lecturas. También en la vida del teatro en
Chile, a la que prestó particular atención.