La Razón, 30 de octubre de 1999
Rafael Azcona, escritor: «Para mí, escribir es penoso».
Es uno de los escritores más importantes del país, le conozco hace más de 30 años y es la
primera entrevista que le hago. Quiere esto decir que Rafael Azcona es un hombre reservado,
alejado de cualquier forma de exhibicionismo, que ahora comparece ante los medios porque
presenta un libro, Estrafalario (Alfaguara), y no ha encontrado forma de escurrir el bulto como
en el cine, donde el guionista se esconde tras el actor, el director, etc.
-Estrafalario. ¿Lo es?
-Sin exagerar, sí. La normalidad es aburrida. Tengo manías. Por ejemplo, el orden. Soy
ordenado por comodidad.
-Es comodón.
-No soy un hombre de grandes esfuerzos. Eso está bien si tienes ambiciones. Yo no tengo
ambiciones.
-¿Ninguna?
-Bueno, morir de mayor, en perfecto estado de salud y durmiendo.
-Como Alberti.
-Algo así.
-No le gusta el protagonismos, no le gusta publicar... ¿Por qué este libro?
-Por la insistencia de Juan Cruz, un amigo.
-Me parece que ya estaba arrepentido a la segunda entrevista...
-Arrepentirse no sirve para nada.
-Antes nos decían que para ir al cielo.
-Ya ni para eso: ha dicho el Papa que no hay, o que no es como lo imaginábamos.
Esperpento
-Ha escrito 90 guiones en 50 años. Dicen que su humor es negro, amargo, realista...
-Yo creo que el humor negro no es un genero español, pese a Solana, Quevedo, etc. Lo
nuestro es el esperpento. Yo estaría más cerca del esperpento, pero he leído más a Baroja que a
Valle.
-¿Amargo, realista...?
-Nada de eso. Hablo de la realidad. Y como la realidad a palo seco no es nada, le doy una
pequeña vuelta de tuerca, la distorsiono un poco. Un escritor ve la realidad y luego exagera.
-Rafael, no me dirá que no es un escéptico.
-Sí, pero dudo hasta de mi escepticismo, porque los sentimientos traicionan mucho.
-¿Es llorón?
-No. No lloro nada. Prefiero la risa.
-¿Qué te hace reír?
-Primero, yo mismo. Luego, el mundo, la estupidez humana, sus pretensiones... Me río y al
mismo tiempo me enternezco. Me hace reír lo mismo que me enternece. Parece una
contradicción, pero...
-En la contradicción está la salvación. Sé que es un gran observador de lo cotidiano..
-Sí, antes en los cafés, ahora por la calle, en los autobuses, donde puedo. Escucho las
conversaciones, soy un poco espía. De eso vivo.
Exhibirse
-Me imagino lo que estará sufriendo con las entrevistas...
-No me lo paso bien, pero soy una persona educada. En el cine me he podido escaquear: dan
la cara los actores, el director... Pero cuando escribes un libro, el único responsable eres tú. No
puedo escurrir el bulto. La verdad es que no me gusta exhibirme.
-Dirán que es tímido o raro.
-Ni lo uno ni lo otro. Para mí, un placer inmenso es llegar a una ciudad que no conozco y salir
del hotel sabiendo que no te va a conocer nadie. Y sin embargo, soy muy sociable.
-La contradicción. Dice Fernán-Gómez: «El cine es un vehículo de expresión pero no estoy
muy seguro de que sea un arte».
-Puedo suscribir esa opinión. Yo no tengo la impresión de que he hecho arte. El cine es un
espectáculo. A veces, como ocurre en la pintura o en la literatura, se producen obras que tienen
algo que ver con el arte.
-Pero, ¿le gusta el cine?
-No. Lo que me gusta es leer. Es más cómodo.
-Lo suyo es la vagancia...
-Sí. Si me tocara la lotería, no escribiría ni una línea. Para mí, escribir es penoso, me cuesta
mucho.
-¿Qué hace cuando no escribe?
-No escribir es lo que más hago. Yo me entretengo con cualquier cosa. Voy al Corte Inglés
a ver a la gente, me siento en una terraza a ver a la gente.
-Hablemos de política, Rafael.
-Voto, nada más. Antes había muchos salvadores, ahora hay muchos profesionales de la
política que hablan de lo que les conviene a ellos, no a usted o a mí. ¿La política es el arte de
gobernar o de ganar las elecciones? No tengo respuesta. Me gustaría ser republicano federal,
como Pi y Margall, a ver si se calmaban los nacionalismos. Pero no sé, no tengo un sistema de
ideas.
-Acaba de cumplir 73 años. ¿Para qué es buena tal edad?
-No sé... Es una buena edad para beber vino. Yo sólo tengo dos o tres enfermedades
incurables con las que me llevo muy bien.
-Mejor a la tasca que a Lourdes.
AMIBILIA