Mis charlas con Juan Antonio Bardem: El poder del deseo
Juan Eugenio Julio de Abajo de Pablos
-El poder del deseo, un guión de Rafael Azcona. Película también pensada para Marisol. [99]
-En esa pérdida de tiempo en que te fastidian el invento de hacer El Rey y la Reina, de Sender,
que lo iba a hacer con la Paramount, con dos primerísimas estrellas americanas de
protagonistas, y todo eso se va «al carajo» cuando estábamos ya listos para hacerlo, yo con un
contrato firmado, es cuando no me queda más remedio que mirar otras cosas. Intento hacer una
historia que me [100] gusta mucho, que es una adaptación que hice yo de una novela de mi
amigo Ignacio Aldecoa. Se trataba de una de sus mejores novelas, por lo menos para mí.
Estuvimos en la Isla Graciosa, que es donde se sitúa la acción, y otra vez en Lanzarote,
localizando y haciendo números. Salía muy caro aun haciéndola con eso que llamo yo «los restos
del naufragio» de actores americanos, o con los actores que hay en España. Incluso así era
carísima, definitivamente, por lo cual, no se podía hacer. [101]
Y entonces dijimos: hagamos otra cosa. Había una novela de Pedrolo, estupenda por otra
parte, titulada Juego sucio. Y ahí es donde, de nuevo, entra en juego Marisol.
-¿Qué sucedió después?
-Te lo cuento. Sobre el año 56, leí una novela de Ramón J. Sender, del cual ya conocía otra
obra. Sender escribía en el extranjero, porque estaba absolutamente prohibido en España. Tenía
un extraordinario libro que había escrito antes de la Guerra Civil, y que es la historia del
desastre de la guerra. Es -pudo ser- una película maravillosa. Pero hacía falta todo el dinero del
mundo. También [102] había otro proyecto, El Venus se hizo Sexo, que era de un escritor
extraordinario que ganó el Premio Nacional de literatura y que es uno de los mejores narradores
de la literatura española. Narradores, no estilistas como la mayoría. Ramón J. Sender es
narrador. Además, durante la guerra, las pasó «canutas». Su hermano era alcalde republicano
de Huesca y lo fusilaron los fascistas. Él estuvo en la guerra luchando por el partido y hay
muchas historias interesantes a contar sobre él. Dolores me contó muchas cosas sobre este
personaje que luego se exilió a Méjico. Más tarde, terminó dando clases de español en los
Estados Unidos, concretamente en la Universidad del Sur de California. Yo leí en París un libro
de Ramón J. Sender, traducido al francés, del castellano al francés por otro gran escritor que
era Manuel Robles. El libro era El Rey y la Reina, y yo le dije a Manuel que me parecía
maravilloso. Y me costó mucho tiempo ponerme en contacto con Sender, hasta que contacté con
él telefónicamente y hablamos de la posibilidad de realizar este proyecto. Ramón J. Sender me
mandó un ejemplar de la edición, de la primera edición que se hizo en el año cuarenta y ocho
o cuarenta y nueve en Méjico, y yo lo leí inmediatamente. De nuevo, me puse en contacto con
él. Yo le dije que esta película no se podía hacer ahora, pero que algún día se podría hacer en
España. Es una historia que transcurre en el primer año de la Guerra Civil, y es bellísima. Me
puse en contacto con el mismo productor que había producido Felices Pascuas, que había
intervenido en la producción de Varietés, y que luego fue el que forzó a Manzanos a hacer La isla
misteriosa, y que luego fue engañado también. Quería hacer la película conmigo y yo le dije que
estupendo. Me puse a escribir el guión. Tuve muchas broncas de la Censura, porque entonces
estaban de segundos García Escudero y Florentino Soria. Querían quitar muchas cosas. Como
se cuenta al principio, los primeros días de la novela transcurren en Madrid y a los censores les
parecía que, aquello, se podía distorsionar. Yo me negué categóricamente. Afirmaba que la
historia era así y me di cuenta de que a los franquistas les dolía que la única derrota que
tuvieron al comienzo de la guerra fue la de que el ejército franquista fuera al Cuartel de la
Montaña y fueran los madrileños los que entraron en el Cuartel con todas esas [103] cosas que
hubo. Posteriormente esta historia se complica mucho. La Paramount tenía los intereses
económicos bloqueados y no podían sacar nada de España. Por eso siempre hacían una película
detrás de otra. Pero, de pronto, cambió la cosa y nombraron dirigente de la Paramount a un
individuo que era León Cibaltas, que venía aquí para producir películas. Era la época en que el
señor Ponce era vicepresidente de la Paramount y me dijo que quería hacer no sé cuántas
películas conmigo. Una de las que me propusieron hacer y yo estaba encantado, era una que se
llamaba Un tal Ted Michigan, y que luego, traducido al castellano, fue Villa cabalga. Y ya tenían
a los actores elegidos y todo montado, tan sólo les faltaba el director. Ted Richmond propuso
mi nombre y estaban tan contentos que hasta me enseñaron el que iba a ser mi despacho. Pero
parece ser que hubo problemas, porque la excusa que dieron es que los actores no aceptaban
mi nombre. La estrella era Charles Bronson. Pero, en el fondo, lo que yo pienso que pasa, fue
que la Paramount iba a dar cuatro millones para que los tirara un español, cuando, en realidad,
a ellos les interesaba más que los tirase un director americano, y por eso Villa cabalga la dirigió
Buzz Kulik, que era el sobrino de Mary Pickford. Y Mary Pickford era la Paramount.
¿Comprendes? Un desastre que no termino de entender.