Matad al guionista... y acabaréis con el cine
{c}Entrevista a Rafael Azcona{/c}
Alicia Luna
P. 128
Pregunta.- ¿Lo imprescindible para que un guión funcione?
Respuesta.- Perderle el miedo a los monstruos. Hablar y hablar sin reparos antes de ponerse a
escribir.
En realidad no se trata de un método, sino de una costumbre: suelo ver al director en la
calle o en cafés, cafeterías, bares, pubs, terrazas... porque a la hora de verse, y sin duda a muchas
otras, ya dijo el actor Antonio Gamero que en cualquier sitio se pasa mejor que en casa. Estas
reuniones, de dos o tres horas diarias, y en las que no se toman notas, pues sólo se olvida lo que
no sirve para nada, se prolongan hasta que tenemos un argumento con su final.
En cambio, para escribir me quedo en casa y en casa trabajo sobre lo que podríamos
llamar un preguión: la historia estructurada en secuencias y con un esbozo de los diálogos.
Nueva salida a la calle y otra serie de reuniones con el director para discutir ese preguión:
el ideal es conseguir que, en principio, parezca imposible cortar algo en el montaje sin que la
historia se resienta.
En casa otra vez, escribo y rescribo el guión cinco o seis o siete veces antes de
entregárselo al productor: cuando escribía a máquina consumía alrededor de mil holandesas para
llegar a las ciento cincuenta útiles; ahora ahorro papel y sudores gracias a Macintosh.
P. 159
Pregunta.- ¿Qué opinión tienes de los géneros en el cine actual? Mezcla de géneros, tonos...
Respuesta.- En el actual y en el de siempre me gusta la mezcla de géneros, prefiero las películas
de risa y me aburre el melodrama; ¿puedo decir que me jode mucho el reverencial respeto por
la lágrima y el gratuito desdén por la carcajada?, y detesto los efectos, las truculencias especiales.
P. 194
Pregunta.- ¿Una secuencia fallida de tu filmografía?
Respuesta.- El guión es una cosa y la historia otra, y como estoy convencido de que el guión se
sume, desaparece, se pierde en el film, nunca juzgo en función del guión lo que veo en la
pantalla; quizá por eso me quedo pasmado cuando se habla o se escribe sobre guiones que,
evidentemente, no han sido leídos. En otras palabras: si la película funciona lo paso divinamente;
de lo contrario me arrepiento de haber pagado la entrada.