Monólogo para doce intérpretes
María José Rague-Arias
Memorias de Adriano (***)
Dirección: Maurizio Scaparro.
Escenografía: Roberto Francia.
Intérpretes: José Sancho, con Rosa Novell y Pirondello. Bailarín: Ygor Yebra. Cantante:
Patricia Sevilla.
Escenario: Teatre Grec. Último día.
La gran novela de Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano (1951) es una compleja,
profunda y amena reflexión sobre el poder a partir de la vida. La adaptación de Jean Launay y
la dirección de Scaparro ofrecen una reducidísima versión de la novela, en la que el tema
principal es la muerte y en la que la anécdota gira en torno a la vida de Adriano para centrarse
especialmente en la necesidad que del teatro -la máscara- siente el emperador romano.
Es, en esencia, un monólogo. Un monólogo ilustrado con coreografías de danza y pantomima,
con pequeños números circenses, con canciones de arcaico sabor tradicional muy bien
interpretadas por Patricia Sevilla. Un monólogo que, hacia el final, se interrumpe para dejar el
escenario a la excelente danza de Ygor Yebra, resulta totalmente fuera de contexto. ¿Hubiera sido
mejor un monólogo sin ilustraciones?
José Sancho dice bien el texto, utiliza muy bien su bella voz. Su personaje es de una gran
corrección. Pero no es un actor capaz de emitir la necesaria energía como para cautivar al
público. No hay magia en el escenario. Rosa Novell, en su breve intervención, muestra su
elegante y poderosa presencia y supera el reto del castellano aún evidenciando que,
efectivamente, se enfrenta a un obstáculo. Pirondello cumple con su papel, sin la brillantez que
tuvo la temporada pasada en La Tempestad. Pero esperábamos mucho más de las Memorias de
Adriano de Maurizio Scaparro.