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Autor:: BiografíaPosteridad A los cervantistas de la Ilustración -Mayans y Siscar, Vicente de los Ríos, Juan Antonio Pellicer- se debe un primer acopio de datos, sacados en su mayoría de la obra del Manco de Lepanto, a partir de los cuales van a elaborar una narración de su vida no exenta de errores. Durante el reinado de Fernando VII, Fernández de Navarrete encuentra y publica una serie de documentos, profundizando su examen crítico en un alarde de erudición que se sistematizará en los años posteriores. Pero, si bien se hace así más densa la trama de los acontecimientos, el perfil que se bosqueja ahora de Cervantes permanece sin cambiar: para decirlo con frase de Navarrete, éste se impone como «uno de aquellos hombres que el cielo concede de cuando en cuando a los hombres para consolarnos de su miseria y pequeñez». Escritor clásico por antonomasia, trasciende gustos y modas, sin padecer, como Góngora, Quevedo o Calderón, la condena del barroco. Así es como llega a encarnar el genio hispano, en su vertiente nacional y universal, en un momento en que España se esfuerza en reivindicar el lugar que ha de corresponderle en el concierto de las naciones civilizadas. Durante el siglo XIX, en la estela de la escuela romántica inglesa que se mostró capaz, con Boswell y Carlyle, de abrir nuevos caminos al género biográfico, se adscribe como finalidad a los cervantistas la representación auténtica del autor del Quijote, al que se pretende captar en su totalidad y su intimidad a la vez. En los inicios de la Restauración expone Ramón León Máinez, en 1876, un proyecto de biografía total. Pero no consigue poner en obra su ambicioso programa, a falta de poder alcanzar por vía racional la verdad íntegra de una existencia singular. Tan sólo perdura, como legado del biografismo romántico, la voluntad de someter la representación de la vida de Cervantes al imperialismo del testimonio autentificador. Así es como se hace cada vez más patente, en este proceso de reconstrucción, el peso de las fuentes, hasta tal punto que, con el triunfo del positivismo erudito, la pesquisa documental acaba por cobrar plena autonomía. Especial mención merece, en este particular, la benemérita labor de Cristóbal Pérez Pastor y de Francisco Rodríguez Marín, en los primeros años del siglo XX. Así y todo, ninguno de ellos pretende compendiar los frutos dispersos de sus descubrimientos, para reconstruir la concatenación de los acontecimientos e incorporarlos a la misma sustancia del vivir cervantino.
La labor desempeñada por los actuales biógrafos
de Cervantes tiende, por el contrario, a asentarse en una metodología
rigurosa: primero estableciendo, con todo el rigor requerido, lo que se sabe
de su vida y separando lo fabuloso de lo cierto y de lo verosímil; también
situándolo en su época, en tanto que actor oscuro y testigo lúcido
de un momento decisivo de la historia de España; por último, siguiendo
hasta donde sea posible el movimiento de una existencia que, de proyecto que
fue inicialmente, se ha convertido en un destino que nos esforzamos por volver
inteligible. Pero el laconismo de los documentos, en lo que toca al cómo
de la vida del autor del Quijote, se convierte en mutismo cuando tratamos
de indagar su porqué. De ahí la fascinación que sus obras
ejercen sobre nosotros, en nuestro deseo de acercarnos a su intimidad, llevándonos
a aventurarnos en el terreno resbaladizo del conocimiento de un ser inasequible
que, en otro tiempo, se proyectó en un acto de escritura. Así
es como se ha intentado encontrar el misterio del «yo» de Cervantes,
o bien en su presunta «raza», o bien en una homosexualidad latente.
Pero, fuera de que ni ésta ni aquélla están documentalmente
comprobadas, los modelos explicativos así propuestos tienden a convertir
al individuo y su conciencia en un mero epifenómeno, una superestructura
Cervantes, cabe afirmarlo con fuerza, estará siempre más allá de cualquier esquema reductor y no hay narración que pueda restituir su expansión vital. Los futuros biógrafos que se adentren por este camino sembrado de escollos siempre tendrán que desconfiar de cualquier clave interpretativa deducida de un modelo teórico formalizado de antemano, aceptando, con plena clarividencia, los compromisos y sacrificios que exige cualquier forma de inteligibilidad de la compleja trama de un determinado vivir. |
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