publicidad

 

Página inicio Miguel de Cervantes Saavedra Página inicio Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes Saavedra
Página inicio

Autor

:: Biografía

Retorno a las letras

Tiziano, Retrato de Felipe II, 1551-1553. Madrid, Museo Nacional del Prado. La obra pictórica completa de Tiziano, Barcelona-Madrid, Editorial Noguer, S. A., 1974, lámina XXXIX.A pesar de presentar información de sus servicios, Cervantes no consigue la recompensa esperada: tal vez por no poder prevalerse de los apoyos indispensables en un momento en que se agudizaban en la Corte las luchas de facciones, mientras Felipe II se había ido a ceñir la corona de Portugal, recién incorporado a sus dominios. A raíz de un viaje a Tomar, donde el rey había convocado las Cortes portuguesas, tan sólo se le encarga, en mayo-junio de 1581, una breve misión a Orán, donde se entrevista con el alcaide de Mostagán y cuya finalidad exacta se ignora.

Al volver a Madrid, inicia una vida marcada por varios episodios íntimos: unos presuntos amores con una tal Ana de Villafranca, también llamada Ana Franca de Rojas, esposa de un tabernero, que le dará una hija natural, Isabel, nacida en otoño de 1584; y, en diciembre del mismo año, su unión por legítimo matrimonio con Catalina de Salazar, hija de un hidalgo recién fallecido de Esquivias, tierra de viñedos y olivares. Este casamiento le lleva a afincarse en el pueblo de su mujer, sin perder por ello contacto con los medios literarios de la Corte.

Durante estos años, en efecto, se sientan las bases de una auténtica industria del espectáculo, promovida por las cofradías de beneficencia que, gracias al producto de las representaciones, sagradas y profanas, que comanditan, subvienen en cada ciudad al mantenimiento de hospicios y hospitales. Este impulso, en el que colaboran las compañías itinerantes de actores, favorece la construcción en cada ciudad importante de salas permanentes, los llamados «corrales de comedias». En ellos es donde los artífices de una tragedia al estilo español -Argensola, Rey de Artieda, Virués, Juan de la Cueva- tratan de elevarse por encima de las contingencias de un teatro de puro consumo, para dar a la escena, amparándose en el ejemplo del «español Séneca», la dignidad que según ellos le falta.

Portada del manuscrito de La Numancia.  Manuscrito 15000-29 Biblioteca Nacional (España). Cervantes participa en este esfuerzo que no dio los resultados esperados, con varias piezas, de entre las cuales dos nos han llegado en copias manuscritas: El trato de Argel, inspirado en los recuerdos del cautiverio argelino, y la Numancia. Pero mal se puede apreciar, por falta de testimonios, la acogida que recibieron del público, a pesar de haber sido representadas, si hemos de creer al autor, «sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza». Por otra parte, se ignora el paradero de las veinte o treinta comedias que Cervantes declara haber compuesto por aquellos años, limitándose a darnos el título de diez de estas obras. Pero, sea de ello lo que fuere, el hecho es que él mismo evocaría, no sin nostalgia y decepción, aquellos tiempos en el prólogo a Ocho comedias y ocho entremeses, ya en 1615:

Y esto es verdad que no se me puede contradecir, y aquí entra el salir yo de los límites de mi llaneza: que se vieron en los teatros de Madrid representar Los tratos de Argel, que yo compuse; La destruición de Numancia y La batalla naval, donde me atreví a reducir las comedias a tres jornadas, de cinco que tenían; mostré, o, por mejor decir, fui el primero que representase las imaginaciones y los pensamientos escondidos del alma, sacando figuras morales al teatro, con general y gustoso aplauso de los oyentes; compuse en este tiempo hasta veinte comedias o treinta, que todas ellas se recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza; corrieron su carrera sin silbos, gritas ni barahúndas. Tuve otras cosas en que ocuparme; dejé la pluma y las comedias, y entró luego el monstruo de naturaleza, el gran Lope de Vega, y alzóse con la monarquía cómica; avasalló y puso debajo de su juridición a todos los farsantes; llenó el mundo de comedias proprias, felices y bien razonadas, y tantas, que pasan de diez mil pliegos los que tiene escritos, y todas (que es una de las mayores cosas que puede decirse) las ha visto representar, o oído decir, por lo menos, que se han representado; y si algunos, que hay muchos, han querido entrar a la parte y gloria de sus trabajos, todos juntos no llegan en lo que han escrito a la mitad de lo que él sólo.

[...]

Algunos años ha que volví yo a mi antigua ociosidad, y, pensando que aún duraban los siglos donde corrían mis alabanzas, volví a componer algunas comedias, pero no hallé pájaros en los nidos de antaño; quiero decir que no hallé autor que me las pidiese, puesto que sabían que las tenía; y así, las arrinconé en un cofre y las consagré y condené al perpetuo silencio. En esta sazón me dijo un librero que él me las comprara si un autor de título no le hubiera dicho que de mi prosa se podía esperar mucho, pero que del verso, nada; y, si va a decir la verdad, cierto que me dio pesadumbre el oírlo, y dije entre mí: «O yo me he mudado en otro, o los tiempos se han mejorado mucho; sucediendo siempre al revés, pues siempre se alaban los pasados tiempos». Torné a pasar los ojos por mis comedias, y por algunos entremeses míos que con ellas estaban arrinconados, y vi no ser tan malas ni tan malos que no mereciesen salir de las tinieblas del ingenio de aquel autor a la luz de otros autores menos escrupulosos y más entendidos. Aburríme y vendíselas al tal librero, que las ha puesto en la estampa como aquí te las ofrece.

Portada de La Galatea por Juan Gracián, Alcalá, 1585.De modo simultáneo, redacta la Primera parte de la Galatea, dividida en seis libros y que, en marzo de 1585, sale de las prensas al cuidado del librero Blas de Robles: un hito significativo en la trayectoria de la narrativa pastoril, inaugurada a mediados del siglo XVI por La Diana de Montemayor. Cervantes, años más tarde, recordará con ironía los tópicos del género en El Coloquio de los perros -ambiente bucólico, eterna primavera, quejas del amante que se enfrenta con la indiferencia de la amada-:

BERGANZA.-   Digo que todos los pensamientos que he dicho, y muchos más, me causaron ver los diferentes tratos y ejercicios que mis pastores, y todos los demás de aquella marina, tenían de aquellos que había oído leer que tenían los pastores de los libros; porque si los míos cantaban, no eran canciones acordadas y bien compuestas, sino un «Cata el lobo dó va, Juanica» y otras cosas semejantes; y esto no al son de chirumbelas, rabeles o gaitas, sino al que hacía el dar un cayado con otro o al de algunas tejuelas puestas entre los dedos; y no con voces delicadas, sonoras y admirables, sino con voces roncas, que, solas o juntas, parecía, no que cantaban, sino que gritaban o gruñían. Lo más del día se les pasaba espulgándose o remendando sus abarcas; ni entre ellos se nombraban Amarilis, Fílidas, Galateas y Dianas, ni había Lisardos, Lausos, Jacintos ni Riselos; todos eran Antones, Domingos, Pablos o Llorentes; por donde vine a entender lo que pienso que deben de creer todos: que todos aquellos libros son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos, y no verdad alguna; que, a serlo, entre mis pastores hubiera alguna reliquia de aquella felicísima vida, y de aquellos amenos prados, espaciosas selvas, sagrados montes, hermosos jardines, arroyos claros y cristalinas fuentes, y de aquellos tan honestos cuanto bien declarados requiebros, y de aquel desmayarse aquí el pastor, allí la pastora, acullá resonar la zampoña del uno, acá el caramillo del otro.

No obstante, La Galatea es más que una obra de mero principiante: expresa en una mezcla de prosa y versos intercalados, a través de la búsqueda de una imposible armonía de almas y cuerpos, el sueño de la «Edad de Oro».

<< anterior  |  siguiente >>

 

SUBIR Ir al inicio de la página

Mapa del sitio / Web map Página mantenida por el Taller Digital Accesibilidad Marco legal Página principal Enviar correo