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"Ver despacio lo que pasa apriesa"
Cervantes (refiriéndose al teatro)
En nuestra época, la gente tiene tendencia a creer que los humanos evolucionamos con la
celeridad de la ciencia, y aunque existen comportamientos circunstanciales que aparecen o
desaparecen en función de los diversos contextos sociales, continúan prevaleciendo numerosas
formas de actuación por las que hoy seguiríamos sin encontrar diferencias substanciales entre un
romano del imperio y un ciudadano actual. Precisamente, llamamos mitos clásicos a todas
aquellas situaciones cuya persistencia a través de los tiempos sufre muy pocas variaciones porque
están fundamentadas en impulsos de muy lenta evolución.
Un ejemplo de ello es el entremés de Cervantes "El Retablo de las Maravillas" donde el temor
a pasar por alguien de dudoso linaje o con sangre judía, hace que unos individuos celebren y
ensalcen algo que objetivamente no existe, pues proclaman como verdad lo que todos reconocen
como una manifiesta mentira. En esencia nada ha cambiado, aunque se trate de una antigua
metáfora oriental que Don Juan Manuel ya recrea un siglo antes que Cervantes en su "Conde
Lucanor" relatando como unos pícaros tejen vestidos que resultan invisibles a todo aquel que no
sea hijo legítimo. La misma trama se encuentra posteriormente en el famoso cuento de Andersen
"El vestido nuevo del Emperador" en el que sólo la inocencia de un niño es capaz de denunciar
la evidente desnudez del monarca y la hipocresía colectiva. La lectura moral de estas situaciones
puede hacerse desde ópticas opuestas. Podemos culpabilizar a los protagonistas de los embustes
o por el contrario responsabilizar a los acomplejados que se dejan engañar voluntariamente, y por
tanto, contribuyen al éxito del estafador. La falsa verdad se propaga tomando como origen la
mente más torpe e ignorante de la sociedad.
Hoy sin duda los medios de comunicación presentan grandes cantidades de "retablos" en los que
una enorme masa comulga ciegamente de sus engaños haciendo realidad aquel dicho "Cada día
que amanece el numero de tontos crece" Estadísticamente esto es indiscutible, hay unos cuantos
millones más de imbéciles que en la época de Cervantes. Incluso encontramos multiplicado un
ejemplar bastante más peligroso y nocivo: el imbécil ilustrado cuya insensata seguridad es capaz
de los peores desastres.
También yo soy víctima de esa insensata seguridad tan propia de nuestros tiempos, pues he
tenido la osadía de hacer algunas variaciones en la obra de Cervantes con vistas a lo que hoy
viene a llamarse, adaptación a la época. Que me perdone el genio mi atrevida ignorancia pero no
he sabido hacerlo mejor.
He tratado de encontrar simplemente un camino que facilite, de la manera más natural posible,
pasar del siglo XVI a nuestros días a fin de señalar dónde se encuentran hoy algunos de estos
"retablos" En este sentido, seguramente la obra de Cervantes era suficiente, pero como siempre
tenemos tendencia a pensar que en el pasado eran más burros que nosotros, he querido precisar
con cierto detalle, algunos "retablos" del presente para poner en tela de juicio una apreciación
tan ligera de la historia.
En primer lugar, mi intención inicial era construir algo basado en la magnífico relato de Jerzy
Kosinski "Desde el jardín". Un relato que además sirvió de base para el guión de la espléndida
película protagonizada por Peter Sellers "Bienvenido Mister Chance". La narración mostraba a
un débil mental que protagonizando un cúmulo de confusiones acaba como presidente de Estados
Unidos. Ciertamente, en el pasado la transmisión por herencia de la monarquía o la nobleza podía
facilitar historias muy parecidas en las que un menguado alcanzaba un poder tiránico, pero hoy
estas situaciones lejos de disminuir, se ven substancialmente aumentadas debido a la inmensa
influencia de los medios de comunicación, capaces de una cretinización colectiva sin
precedentes. En este contexto, el primer indocumentado puede ser elevado a la categoría de genio
o gobernante mediante el clamor popular de las masas y la legitimidad de la democracia.
No obstante, así como en la obra de Kosinski los equívocos son los que provocan la ascensión
del imbécil, yo pretendía pasar también las responsabilidades a los que ensalzan o soportan
pacíficamente tal situación. Encontré entonces que la sencilla trama de "El retablo de las
maravillas" era más cercana a dichas intenciones. Bajo este prisma, y para orientar mejor el
argumento a mi objetivo, hice que no sólo las historias que surgen del retablo constituyeran el
núcleo del embuste sino que incluso el mismo retablo fuera un objeto simulado e invisible como
el tejido de los pícaros sastres en la narración del Conde Lucanor. Después, cambié la condición
de aldeanos a las víctimas del engaño y los sustituí por unos condes cuyo único hijo, un
menguado mental, desespera a sus progenitores hasta que los pícaros, aprovechando la situación,
les muestran mediante el retablo como en el futuro semejantes incapacitados serán tenidos por
santos, genios e incluso emperadores.
Esta es la trama inicial que da pie a construir la parábola cervantina y que después se traslada a
nuestros días sin perder del todo la mirada del pasado merced a varios personajes del siglo XVI
que se irán mostrando en su versión contemporánea. Resulta obvio que las condiciones de nuestra
actual sociedad facilitan una autentica multiplicación de "retablos" con millones de incautos y
acomplejados dispuestos al aplauso de la estupidez. Nosotros sólo hemos retratado algunos tan
evidentes como el arte vanguardista, la cocina experimental, la religión y la política, aunque
tampoco habríamos tenido problema para escoger entre una enorme variedad. En definitiva, la
única diferencia que nos separa hoy de Cervantes, es que en la actualidad, el genio literario no
hubiera dado abasto en satirizar tanta estupidez sacralizada y pagada por el contribuyente.
Albert Boadella
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