Víctor Botas ha cultivado una poesía de aliento clásico en la que conviven la recreación de los motivos culturales grecolatinos, la pulsación elegíaca y el impulso burlesco. A lo largo de su obra, el autor elaboró una cosmovisión personal donde la exaltación vitalista y el efecto humorístico tratan de atenuar las huellas de una caducidad que se refleja en las ruinas arqueológicas, las páginas de la literatura y los vestigios de la propia experiencia.