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CALDERÓN, LOS CLÁSICOS Y EL FLAMENCO
Navegar por la poesía y el teatro de los siglos XVI y XVII dejando que en cada caso
concreto fueran sugiriéndome estilos determinados del repertorio flamenco ha sido una
gratificante aventura. Encontrar las correspondencias flamencas a los versos de Calderón,
Lope, Góngora, San Juan, Tirso, Quevedo, Cervantes o Santa Teresa, ha supuesto no sólo un
ejercicio indagatorio de formas, compases, acentos y resoluciones métricas basado en la
reciprocidad, sino una tarea cuya principal recompensa se fundamenta en un gozoso
descubrimiento: las más que evidentes similitudes entre la manifestación poética de entonces
y el lenguaje flamenco de ahora . Este hecho, gustosamente sorpresivo, me ha llevado a la
conclusión de que los textos del flamenco clásico, es decir, las letras más tradicionales, han
conservado a través del tiempo una íntima conexión semántica con un glorioso pasado, y que
esos vínculos se han mantenido hasta hoy de forma espontánea, lo que me hace pensar que el
flamenco, entre otras cuestiones, ha servido de hilo conductor y, a la vez, como depositador
de unas maneras expresivas, las más populares que usaron en su época los grandes maestros
de la literatura española, algo que sospechaba, aunque no me atrevía a ratificarlo.
Para llevar a cabo esta labor, he respetado por encima de todo la integridad de los versos
escogidos, es decir, su versión primigenia. A ellos, que considero sagrados e intocables, les
he ido adaptando unos giros flamencos, atendiendo a su configuración y el carácter
especifico de cada copia, ya que no es igual la naturaleza de un martinete que la de una soleá,
el espíritu de unas alegrías que el de unos tientos. 0 sea, encuadrar cada cante en contextos
literarios específicos, teniendo además presente la temática y, en algunos casos, su propuesta
argumental, aunque sea mínima.
La poesía clásica está ensamblada en el flamenco también clásico, en un juego de
correlaciones done he procurado que ambos elementos conserven su estructura original, tanto
rítmica como melódica, sin necesidad de fracturar o violentar sus peculiaridades. En último
caso, y al haberle añadido una nueva dimensión, la musical, el lenguaje poético toma otros
rumbos, enardece su simbología y aviva, aún más si cabe, el sentido de unos versos que en
las voces de José Menese y Ginesa Ortega hubieran hecho saltar de júbilo a nuestros más
venerables autores.
José Ma Velázquez-Gaztelu
Madrid. Septiembre. 2000
| GÉNERO |
FLAMENCO |
| DIRECCIÓN ARTÍSTICA |
NORBERTO DOTOR |
| COORDINACIÓN MUSICAL-LITERARIA |
JOSÉ Mª VELÁZQUEZ-GAZTELU |
| COORDINACIÓN ARTÍSTICA |
LUIS TORRES |
| PRODUCCIÓN |
LUIS TORRES |
| SONIDO E ILUMINACIÓN |
VIDOSA SONIDO |
| ESCENOGRAFÍA |
JOSÉ LUIS PASTOR |
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ELENCO ARTÍSTICO |
| CANTE |
JOSÉ MENESE
GINESA ORTEGA |
| GUITARRA |
PEPE HABICHUELA
JERÓNIMO AMAYA |
| PALMAS |
GREGORIO FERNANDAZ
M PANTOJA «CHICHARO» |
| BAILE |
CARMEN LEDESMA |
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