En la palabra de Ana María Fagundo, creación y amor se aúnan en un proceso de configuración de la identidad personal y del mundo circunstante. Como materia de mujer, la palabra insiste en su deseo de afirmación ontológica que, consciente de lo inventado de su empresa, no ceja por ello de mantenerse enhiesta, como la isla natal de la autora en medio del mar, afirmando su ser y estar ante la disolución y la nada.