Alejándose de la tradición romántica que cruza el siglo XX, del hombre solo frente a la inmensidad de la naturaleza, la poesía de María Cinta Montagut está atravesada por un empeño de conciliación, sea cruzando espacios urbanos y domésticos, sea caminando por escenarios naturales, que no son sino voluntad humana de durar y discernimiento de lo que jamás ha de volver.