La presencia de Pedro A. de Alarcón en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes está plenamente justificada gracias a su arte narrativo. La creación de un Portal que recoge la totalidad de su corpus literario y crítico es, igualmente, pertinente por la existencia de otros Portales dedicados a lo más granado de la gran novela española de la segunda mitad del siglo XIX: Galdós, Clarín, Pardo Bazán, Valera, Fernán Caballero. Alarcón es un eslabón imprescindible en esta relación de escritores por múltiples causas, aunque la mas importante de todas sea, sin lugar a dudas, la de ser un excelente creador. En sus narraciones o crónicas de viajes - Diario de un testigo de la guerra de África, De Madrid a Nápoles, La Alpujarra, Viajes por España- Alarcón advierte, capta y describe como pocos escritores el color y la vivacidad del contexto social de su época desde una perspectiva asaz personal. Idéntica percepción se aprecia en sus cuentos y narraciones breves -Cuentos amatorios, Historietas nacionales y Narraciones inverosímiles- o en sus novelas -El final de Norma, El sombrero de tres picos, El escándalo, El Niño de la Bola, El capitán Veneno y La Pródiga-, pues tanto en un corpus literario como en el otro, pese a su adoctrinamiento ideológico, Alarcón se muestra ante los ojos del lector como un hábil y versado escritor, especialmente, en sus relatos breves, en una de sus joyas literarias de difícil adscripción a un específico género narrativo: El sombrero de tres picos.
Sus novelas, especialmente El escándalo, y su postura ideológica, al igual que su credo estético, motivaron agrias polémicas y virulentos ataques a su persona. Su prurito didáctico y moralizador ha enfrentado a la crítica y a los lectores. De lo que no hay duda -tal como lo corroboran las numerosísimas ediciones llevadas a cabo sobre su obra, especialmente de El escándalo y El sombrero de tres picos- es el éxito literario que sus relatos tuvieron en su época, convirtiéndose en el escritor más popular del momento a raíz, fundamentalmente, de la publicación del Diario de un testigo de la guerra de África y El escándalo. Pese a la crítica hostil de un determinado sector de la prensa, enfrentada a quienes reivindicaron su obra, Alarcón emerge de todo este totum revolutum de enjuiciamientos como un hábil y excelente narrador. Desde la perspectiva del tiempo transcurrido, se le puede enjuiciar como una de las figuras más señeras de la literatura española del siglo XIX.
Enrique Rubio Cremades