La poesía de José Luis Puerto se ha constituido en una memoria del jardín, relicario del paraíso de la infancia, el espacio rural y la vocación trascendente. En ella alientan algunas ascuas de la plenitud que resisten milagrosamente a los embates del tiempo y de la sociedad tecnolátrica. Fruto de la contemplación entrañada de las cosas y de la aspiración a lo que está más allá de ellas, estos versos señalan el camino del repliegue interior, en los predios de la aventura unitiva.