Refrescante comienzo en las Veladas teatrales del Pimentel. Un derroche de humor inteligente, de
saber hacer, provocando la carcajada del público sin echar mano a esos recursos a los que nos tienen
habituados los humoristas más conocidos, haciéndonos gozar en cada uno de los números
esquemáticamente perfectos de este espectáculo de Yllana titulado Glub glub.
Fidel, Juan, Raúl y Joe son cuatro buenos actores que han bebido, dirigiéndolo de maravilla, en las
fuentes de los grandes maestros del humor clásico cinematográfico (Keaton y Chaplin), también en la
de los actuales (Jerry Lewis).
De ahí los movimientos de sus rostros, a veces impenetrables, otras con una leve mueca que es todo
un discurso o, en las situaciones extremas, altamente distorsionados.
Aparte del magnífico trabajo actoral, hay que tener en cuenta la sabia mano de David Ottone, a la
hora de contener (nada fácil) a los actores, de esquematizar en cuatro o cinco movimientos repetitivos,
la base sobre la que gira cada uno de los números.
Mientras estos cuatro marineros en medio de la tormenta achican el barco, van creando una serie
de situaciones cómicas muy bien diseñadas que provocan un torrente de carcajadas en el público. Las
escenas son breves pero no tienen desperdicio alguno. No hay palabras en ninguna de ellas, aunque
la escena de los bañistas ocuparía bastantes páginas si se escribiera lo que con cada gesto y acción
comunican los dos actores al público.
El comienzo es soberbio. Uno luciendo su palmito, el otro, esmirriado y con un bañador con
tirantes. Al final los dos cabalgarán por las aguas del mar como dos cowboys, a lomos de un tiburón.
Hay otras basadas en imágenes de impacto, como la escena de seducción entre dos pájaros, algunas
diseñadas con ritmo cinematográfico como la de la cocina o cuando, en mitad de la tormenta, se afanan
en tirar calderos de agua del barco al mar. El final es una fiesta en la que participa todo el mundo. Los
cuatro actores convertidos en pájaros de una caseta de tiro y el público lanzándoles pelotas de lana
que previamente habían recibido a la entrada del Patio del Palacio Pimentel.