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Ayer será otro día

Josué Ramos
yosu@vodafone.es

Lo tenía muy claro. Esta vez sí. Ahora sí funcionaría. Pronto viajaría al pasado. No sabía exactamente cuánto, pero eso era lo de menos. Lo importante era el descubrimiento.

-Bien, me lo tomo y espero. Cuando la droga haya desaparecido por completo de mi organismo, volveré a aparecer aquí -sin pensar más, bebió todo el contenido de la probeta-. Esperaré mientras veo el partido.


Nada.

Diez minutos. Nada.

Una hora. Nada.

Cinco horas. Nada.


-Maldita sea. Esto es ridículo. Ya estoy harto. Llevo horas esperando a que no pase nada. Se acabó. Desisto.

Desesperado, tiró sobre la mesa la cámara que llevaba colgada al cuello y el GPS que le colgaba del cinturón. Parecía un turista que ve frustradas sus vacaciones en la misma terminal del aeropuerto. Cansado, crispado, harto; se fue a la cama tratando de olvidarlo todo.


A la mañana siguiente despertó como cada día. Cuando estuvo listo, salió a la calle. Una extraña sensación lo inundó. No sabía qué, una extraña sensación.

Dejó atrás el portal y avanzó por la acera hacia su coche.

"Otra vez esa anciana. Como siga así, un día la van a atropellar." Rápidamente, se dirigió hacia ella y, cogiéndola del brazo, le dijo muy amablemente:

-Permítame que le ayude, señora. Si sigue usted cruzando sola por aquí, un día se llevará un buen susto.

Cruzaron, la dejó, se fue.


Al volver hacia su coche, un niño pasó como un rayo, empujando a una mujer de tal modo que le hizo caer la carpeta que llevaba en las manos. Él se agachó, la recogió y se la devolvió.

-Gracias.

-De nada.


Todavía pensando en ella, cogió el coche y se fue al trabajo. Aparcó en su plaza de parking y, como cada día, fue al kiosco a comprar el periódico. Tras pagarlo echó el habitual primer vistazo a la noticia de portada: "Esta noche en el Bernabeu, Madrid-Bayern."

Plantado en el suelo, estupefacto, con la vista clavada en las grandes letras negras, no pudo reaccionar. Tenía la cara pálida, desencajada.

-De esta no salen, ¿eh? Como no ganen hoy se quedan fuera -dijo una voz. Al no hallar respuesta añadió, preocupado-. Oiga, ¿se encuentra usted bien?

-Sí, sí. Estoy bien. No pasa nada -al fin reaccionó. Regresó al coche, diciéndose a sí mismo-. ¿Qué va a pasar? Que ganó el Madrid 2-0, maldita sea.

Miró la fecha del periódico. 27 de octubre. ¡Ayer!


Sentado de nuevo en el coche dedicó unos minutos a pensar qué hacer. Pensaba que viajaría atrás unos siglos, unos años, no un día. "No pasa nada. Cuando pase el efecto de esta dosis, me tomo una mayor, partiendo de que la probeta contenía la cantidad necesaria para un día. Al menos ya sé la proporción de dosis por día".

"Mientras tanto, tengo que hacer todo como ayer. No debo cambiar nada."


El día pasó con éxito. Llegó a casa y se durmió con la satisfacción de haber logrado su objetivo.


A la mañana siguiente, despertó como cada día. Cuando estuvo listo, salió a la calle. Una extraña sensación lo inundó. No sabía qué, una extraña sensación.

Dejó atrás el portal y avanzó por la acera hacia su coche.

"Otra vez esa anciana. Como siga así, un día la van a atropellar." Rápidamente, se dirigió hacia ella y, cogiéndola del brazo, le dijo muy amablemente:

-Permítame que le ayude, señora. Si sigue usted cruzando sola por aquí, un día se llevará un buen susto.

-Yo nunca he cruzado sola por aquí. Mi hijo está enfermo y tengo que ir yo a por el pan.

-¡Qué! ¿No fue usted la que cruzó ayer por aquí mismo?

-Ayer no salí de casa -respondió sorprendida. Ya estaban en la acera de enfrente-. Gracias, joven.

Miró el reloj. Las 9.30, pero… ¡Día 27!

-Maldita sea. No he viajado atrás, me he atascado atrás.


Al volver hacia su coche, un niño pasó como un rayo, empujando a una mujer de tal modo que le hizo caer la carpeta que llevaba en las manos. Él se agachó, la recogió y se la devolvió.

-Gracias.

-No puede ser verdad. No puede ser verdad -entró en el coche.


En el camino, decidió de nuevo qué hacer. "Esperar, lo mejor es esperar. Esto no puede durar siempre. Viviré atascado en este día, en esta rutina, hasta que el organismo esté totalmente libre de la droga. Mientras tanto, seguiré ayudando a quien lo necesite antes de que lo necesite."

Y así pasó el tiempo, sin pasar. Esperando. Ayudando a la anciana a cruzar la calle. Evitando que el niño molestara a la mujer. Ayudando a quien podía, cada día.

"Ayer será otro día", se decía cada noche, confiando en que no fuese así.

Seis meses después, seis meses que solo pasaron para él, despertó como cada día. Cuando estuvo listo, salió a la calle. Una extraña sensación lo inundó. No sabía qué, una extraña sensación.

"A salvar vidas." Rápidamente, se dirigió a la anciana, ayudándola a cruzar.

-Permítame que le ayude, señora. No vaya a tener un percance.

-Gracias, guapo.

-¿Qué ha dicho? -la mujer respondió. Siempre se iba sin decir nada, pero hoy respondió-. Está usted muy guapo esta mañana. Le queda muy bien ese traje. Que pase un buen día.

Hoy se había puesto un traje nuevo. Lo había comprado ayer hace seis meses. Era mucho mejor que los que se ponía habitualmente. Estaba mejor vestido y mucho más elegante que de costumbre. Lo guardaba para una convención importante de la empresa, pero hoy se había dado cuenta de que era inútil guardarlo.

"¡La chica!". Llegó tarde. El niño ya había pasado. Pero la carpeta no estaba en el suelo. Seguía en las manos de la chica, y lo estaba mirando.

-Buenos días -le dijo, sonriendo.

-Hola -respondió él, sorprendido.


Hoy había pasado algo sorprendente. Dos eventos cambiados en tan poco tiempo. Las cosas estaban cambiando. Los cambios inevitables, insignificantes, imperceptibles, se acumulaban. Daban sus frutos tras seis meses.

"¿Y que pasaría si…?".


Se fue corriendo. Cada día se encontraba un camión de camino al trabajo. Calculó dónde debía de estar ahora. Acertó. Tres calles más allá. Estaba parado en un semáforo. Abrió la puerta. Tiró del camionero, que cayó por su propio peso. Ocupó su lugar y se dirigió al puente más cercano.

No pensaba, no razonaba, no sabía qué iba a pasar.

Al llegar, atravesó el cuerpo del camión en mitad de la calzada, cortando el tráfico a ambos lados. Hora punta. Pasaron los minutos. Los conductores protestaban. Los coches se acumulaban. Esto no estaba previsto. Salto en el protocolo.

De repente, una especie de onda se dirigía hacia el puente. Tuvo tiempo de salir de la cabina. "¿Qué narices…?". La onda atravesó transversalmente el puente. El camión volcó. Los coches volcaron. La gente salió despedida. Él cayó fuera. Cayendo al vacío…

Estaba en el coche. Parado en un semáforo. En el puente. Todo en orden. La circulación era normal. El camión no estaba. Lucía el sol.

Miró el reloj.


2 de mayo.

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20 de July de 2008

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