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Breve ensayo sobre el arte

Belén Iannuzzi
kronopios@hotmail.com

«Evocar en sí mismo un sentimiento ya experimentado y comunicarlo a otros por medio de líneas,
colores, sonidos, imágenes verbales, tal es el objetivo propio del arte»
León Tolstoi

     Si el arte es la expresión ante la materia de lo inmaterial e indivisible; podré afirmar que su comienzo se pondrá de manifiesto en dos oportunidades: ante la capacidad de sorpresa o asombro frente a la magnitud de lo creado y ante la necesidad imperiosa de sobrepasar la barrera de nuestras propias limitaciones (por eso me encuentro lejos de afirmar que hacer un «Happening» se asemeje más a una obra de arte que a una aberración moral).

     Lo majestuoso del arte será, entonces, la valentía de su expresión; como bien diría Dolina «el seguir bailando a pesar de saber que la más linda del corso jamás se fijará en nosotros».

     Será aceptable, valedero y aún loable aquello del arte como respiración del alma. Puesto que el pintor, el poeta, el músico, el actor, el mimo y el linyera no ejercen su oficio sin otro fin que el de escapar de este mundo; escapar de la certeza del bondi lleno a las siete y cuarto y de la duda metódica, sistemática, ordenada y matemática, del amor errado en tiempo, lugar y porqué no en persona. Del mismo modo, uno ingiere cervezas constantemente con la esperanza de escapar de lo cotidiano para, paradójicamente, regresar a él, pero sin que éste nos invada y nos destruya con su monotonía aplastada de lunes por la mañana y su olor a queja.

     El arte no sólo oxigena el alma, sino (me atrevo a decir) también la conforma y le da color, le da vida.

     Lo más miserable de nosotros, de la raza humana, se pone de manifiesto en tres oportunidades:

1.   Ante la tentación de la muerte, ajena, propia, muerte al fin.

2.   A modo de maldad, no como creación de hechos teñidos de soberbia, envidia o vanidad; sino como omisión de principios básicos subjetivos en tiempo y espacio determinados (Explicación: no hablo aquí de maldad como arte, que como tal es digno y necesario para la convivencia y personalidad de las personas; sino de la maldad por la maldad misma; sin sujetarse a presupuestos fundamentales propios de cada mafioso)

3.   Durante el carnaval carioca, bailado en cuanta fiesta el lector haya concurrido.

     Lo más miserable de nosotros también puede llevarnos al arte, como medio de superación del alma, de nuestra esencia, de lo que somos, creemos o intentamos ser. Lo más miserable de los otros, con plena certeza, nos encamina al arte y a la necesidad de un buen psicoanalista. De este modo, aseguro que sin nubes escasos serían los deseos de sol; pues es la presencia de la nube la que nos recuerda la necesidad del sol (la mirada del observador determina la presencia del objeto); así se afirmará entonces que sin olvido no habría necesidad de memoria, que sin silencios no habría sonidos y, mucho más fácilmente y ya alejados del plano filosófico de la cuestión, que sin nubes con seguridad habría soles.

     Sin arte, el trayecto de la vida sería opaco, pasmoso, inerte y fugaz. Tal vez si no hubiera arte, no habría vida, pues el arte no sólo es inspiración y expresión, sino también creación; Dios ha sido el primer gran artista de la historia de la humanidad, quien con su primera obra dio origen al concierto de las cosas creadas y de las personas para que éstas, a su vez, produzcan más obras de arte y así hasta el infinito, o hasta el silencio mortuorio (¿serán la misma cosa?).

     Solamente la raza humana posee la risa y la conciencia: he aquí el causal de la admiración, metafísica o vulgar, ante la expresión necesaria del hombre frente a la inmensidad y frente a la nefasta vulgaridad de la existencia.

     Será menester entonces, encontrar el poeta, el pintor, el músico o el linyera interior de cada uno para permitir que nuestro corazón siga latiendo, para poder escapar de la monotonía de la vida; o análogamente será menester incurrir en el arte de ingerir cervezas; pero éste será menos perfecto, pues en la vuelta a la realidad una observará que nada ha cambiado aún, ni lo hará, la tía vieja seguirá sentada en el sillón del living; sólo la modificación sustancial, la aprehensión completa del objeto se verá claramente en los litros de alcohol que viajarán por nuestras venas.

Buenos Aires, 1999.


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8 de November de 2009

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