Agustín Lobato
alobatoc@telecable.es
Introducción
No cabe duda de que el tema que en estas líneas paso a tratar, ha sido objeto de múltiples y sesudas (o no tanto) conjeturas, ensayos, tratados, artículos, reportajes y demás. Asimismo, podría nombrar fácilmente dos o tres libros sobre el tema que, dado lo exhaustivo de su contenido, hacen innecesaria toda aproximación posterior al mito. Entonces surge una pregunta inevitable: ¿Por qué? ¿Es necesario un nuevo estudio/ensayo acerca del mito del vampiro cinematográfico? No, ciertamente no lo es. Al menos, yo no me creo en la posesión de conocimientos tales que hagan de esta obra algo estrictamente necesario. Sin embargo, la pasión, principal motor de este estudio, es más fuerte en este caso que la razón.
El que se acerque a estas líneas con ciertos conocimientos acerca del tema, no debe esperar encontrar en ellas nada fuera de lo común, aunque quizá algunos datos aquí ofrecidos le resulten de cierto interés.
Esta obra ve la luz tras intensivas investigaciones sobre el tema, y bebe de las fuentes mejor documentadas que el autor ha podido encontrar. Fuentes que serán debidamente reseñadas en la bibliografía.
El presente trabajo va dirigido al neófito, al lego en la materia, y, sobre todo, al que comienza de alguna forma a apasionarse por el devenir fílmico de tan subyugante ser. Y por qué no, al público en general.
No pretendo más que ofrecer, como bien dice el título de este ensayo, una aproximación al cine de vampiros, uno de los subgéneros más importantes dentro del más importante, a su vez, de los subgéneros cinematográficos, como es el cine de terror.
Esperando, cuando menos agradar y entretener, les invito ya, sin más dilación, a viajar en el tiempo en compañía de una de las leyendas con más raigambre en la historia del hombre, capturada por uno de los más fascinantes inventos del ser humano.
Los primeros pasos
Sin ánimo de ahondar demasiado en las raíces históricas del mito, y a título meramente informativo, cabe decir que la idea del vampiro como ser reviniente de la tumba que vuelve de entre los muertos para atormentar a los vivos, nace en la Europa central de entre los siglos XV y XVII(1) y nace con unas características tanto físicas como de comportamiento muy distantes de la imagen que hoy en día tenemos del vampiro, pues en tanto en aquellos tiempos se trataba de un ser repugnante y temible, hoy en día la imagen que de él se tiene es mucho más refinada, asociándole al aristócrata elegante que perpetuaran Bela Lugosi o Christopher Lee, e incluso al seductor ultraterreno encarnado por Tom Cruise. Es por esto por lo que creo que merece mencionarse el hecho de que el cine, en sus cien años de historia, ha hecho evolucionar la imagen del mito mucho más que las leyendas que corrieron de boca en boca durante los cuatrocientos años precedentes.
Pero vayamos a los primeros y balbuceantes (aunque mudos) pasos del monstruo en el celuloide.
En las filmografías vampíricas, se suelen colocar, con bastante poco acierto, títulos como Vampires of the Coast (1909), Vampires of the Night (1914) o The vampire´s clutch (1914) como los inicios del vampirismo en el cine. La verdad es muy otra, pues a pesar de que estos largo o cortometrajes llevan la palabra "vampiro" en su título, suelen hacer mención a la acepción que las "femmes fatales" reciben, hablando así de "vampiresas", mujeres prototipo de devoradoras de hombres. A pesar de que en 1913 un cortometraje inglés titulado The Vampire nos cuenta la historia de una mujer-vampiro que devora a dos hombres en la India, no es hasta 1922 que el primer film importante acerca del mito de los no-muertos ve la luz.
Estoy hablando de Nosferatu, eine symphonie des Grauens, película alemana dirigida por F.W. Murnau. La película es en realidad una versión libre y no autorizada de la novela "Drácula" escrita por el irlandés Abraham Stoker en 1897.
A fin de evitar el pago de los derechos de autor, la productora Prana Films, y el equipo creativo de la película, decidieron con excesiva inocencia, cambiar el nombre y las localizaciones originales de la novela, con la sana intención de que nadie se diese cuenta. Así, Drácula fue rebautizado como Orlock, y la acción pasó de transcurrir en la Inglaterra victoriana a la Alemania de la época(2). Sin embargo, la jugada les salió mal, y por mediación de Florence Stoker, viuda del autor de la novela, fueron destruidas la mayor parte de las copias que se conservaban de este film, al punto de considerarlo desaparecido hasta hace relativamente pocos años. Lo que Murnau deja para la posteridad en esta película, es un inquietante relato visual a medio camino entre lo onírico y, directamente, la pesadilla, con un estilo visual tremendamente impactante, que aun hoy puede poner los pelos de punta a más de un curtido espectador de cine de terror. Pero ante todo, Nosferatu es, junto a títulos como El Gabinete del doctor Caligari, de Robert Wienne, punto de referencia a la hora de hablar de lo que se dio en llamar el expresionismo alemán de los años 20.
Tras la obra de Murnau, se suceden diversos films de temática más o menos vampírica, de los que sólo destacaré London After Midnight, dirigida por el genial Tod Browning en 1927, e interpretada por el no menos genial Lon Chaney Sr. Y si destaco este film no es por sus virtudes ni por su defectos, sino porque simplemente "no existe" (de alguna manera se perdieron todas las copias en su día) y los cinéfilos nos hemos quedado sin la posibilidad de contemplar el trabajo de dos cúlmenes del fantástico como fueron y aún son, Chaney y Browning. No obstante, cuatro años después, el mismo Browning filmaría la primera versión autorizada del Drácula(3) de Stoker.
Es entonces, cuando en 1931 un desconocido actor húngaro llamado Bela Lugosi (nacido como Béla Blasko), hizo, sin proponérselo, historia. A Lugosi y a Browning les debemos el que hoy en día se siga representando al vampiro con su impresionante capa negra y el que se le vea como a un aristócrata refinado, de buenos modales, seductor y de imponente planta. La película como tal, no reúne tantos valores cinematográficos como muchos le pretenden atribuir, aunque desde luego nos ha legado escenas absolutamente memorables que pervivirán en la memoria de los amantes del buen cine, y sobre todo, un mito de Hollywood: Bela Lugosi(4).
Cabe decir también que la fidelidad del film a la obra original de Stoker era absolutamente nula, hecho que vendría siendo habitual en las posteriores adaptaciones a la pantalla del conde transilvano. Esta situación viene dada por el hecho de que tanto esta película como muchas de las siguientes, eran una adaptación de una obra de teatro que a su vez adaptaba el texto original de Stoker, con lo que, al no beber directamente de la fuente, se desvirtuaba a la misma.
Esta película dio el pistoletazo de salida de lo que se dio en llamar la "edad dorada" del cine de terror, auspiciada en su mayor parte por la productora Universal, que dio luz verde a proyectos tan notables y memorables como Frankenstein, 1931 de James Whale, o su secuela, The bride of Frankenstein (la novia de Frankenstein), 1935, considerada una de las 10 mejores películas de todos los tiempos. Sin embargo, la calidad de la producción de películas de terror fue cayendo poco a poco, y eso es algo que notaría también el mito del vampiro.
A la película de Browning le sucedieron otros filmes, decididamente menores, como The vampire bat (Majestic, 1933), Condemned to live (Invincible, 1935) o incluso Mark Of the Vampire, película rodada en el seno de la MGM en la que el propio Lugosi se autoparodiaba recreando a un falso vampiro.
Hubo que esperar hasta 1936 para que la Universal se decidiera a montar una especie de continuación de Drácula, donde de paso, se eliminaba definitivamente al conde: La hija de Drácula (Dracula´s Daughter, Lambert Hilliert). Poco más que decir acerca de este film en un estudio tan pretendidamente breve como es este, puesto que aparte de su condición de rareza, poco aporta al espectador.
A partir de aquí, y hasta bien pasados unos años, títulos como El hijo de Drácula (Son of Dracula, 1943), La Zíngara y los Monstruos (House of Frankenstein, Erle C. Kenton, 1944) o la paradigmática (por triste) Abbot y Costello meets Frankenstein (1948)(5), convierten al personaje de Drácula en una mera sombra jocosa de sí mismo, a pesar de contar con actores tan destacables como John Carradine. En lo tocante a producciones acerca de otros vampiros que no fueran el conde, nos encontramos con dispersas muestras de cine vampírico a lo largo y ancho del mundo entero, que no merecen más mención, al ser prácticamente imposibles de recuperar para su visionado, e incluso en ocasiones es difícil verificar su existencia.
Los años Hammer
El progresivo declive del cine de terror, y el cierto desinterés que este venía provocando en los espectadores norteamericanos, pusieron en bandeja la compra a bajo precio de los derechos de los monstruos míticos del sello Universal (Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo, La Momia...) por parte de la productora inglesa Hammer, que con más talento que presupuesto, reflotó todos los mitos, y los redescubrió para una nueva generación de espectadores, ávidos de emociones más fuertes, argumentos más agresivos y escenas más sanguinolentas(6). Pero el mito que salió más favorecido de todos fue el de Drácula, gracias a la vigorosa visión del cine fantástico del director Terence Fisher, y, sobre todo, a las espléndidas interpretaciones de Christopher Lee como el conde y de Peter Cushing como su archienemigo, el cazador de vampiros Van Helsing.
La primera película del ciclo Hammer, Drácula, dirigida por Terence Fisher en 1958 "[...]definió escrupulosamente el código del vampiro, sentando más o menos las bases del género, que los cineastas seguirán con mayor o menor fidelidad en las siguientes dos décadas"(7). Completamente alejada de la visión ofrecida por el tándem Browning-Lugosi, el Drácula de Fisher se muestra agresivo y sensual, característica esta última explotada por la productora inglesa hasta la saciedad, y que acabaría de otorgar al vampiro su condición de seductor de ultratumba.
La sangre al fin se muestra en todo su vigoroso colorido, la violencia se convierte en algo explícito, y la maestría de Fisher con la cámara no deja lugar a dudar de que se está ante uno de los mayores genios del cine fantástico.
La Hammer define en este film su manera de hacer terror, basada en enormes escenarios góticos, chillones contrastes luminosos con el predominio claro del rojo, y la inquietante sensación que produce el introducir en un ambiente a priori normal, elementos desestabilizadores que son los que realmente provocan el terror en el espectador.
No me resisto a pasar por alto en este punto la importancia ya destacada de la figura de Christopher Lee en la trascendencia de las producciones Hammer (tanto con Drácula como sin él), transcribiendo unas palabras que le dedicó el filósofo Fernando Savater: "Christopher Lee es capaz de hacer vibrar su tamaño con una energía peligrosa y hasta demoníaca, como si por muy tieso que fuese siempre hubiera algo agazapado en él. [...] su vampiro es impecable. El Drácula de Bela Lugosi es civilizado, y por lo tanto vicioso: podemos oler su corrupción cada vez que aparece en escena por debajo de la colonia cara que sin duda utiliza. En cambio, el vampiro de Christopher Lee es un espectro noble y elemental hasta en el crimen, con un aire desesperadamente juvenil del que carecía Lugosi, salvaje y feroz, sin duda, pero humanizado por la más redentora de las aflicciones: la imborrable melancolía de que la vida no sea sino un simulacro de vida"(8).
Y es que el vampiro de Lee dejaría tal huella que hasta el día de hoy nadie se ha atrevido ni por un instante a disputarle el título de "señor de los vampiros", que comparte, más por nostalgia que por buen hacer, con el mismísimo Lugosi.
La Hammer llegaría a producir ocho películas sobre Drácula(9), siete de las cuales contaron con la presencia de Christopher Lee, más otras dos que no lo hicieron (es el caso de "Las novias de Drácula", en la que Drácula no aparece por lado alguno y de "Kung-Fu contra los siete vampiros de oro" en la que aparece brevemente un conde de opereta que sería mejor olvidar). Asimismo, Lee encarnó al Conde en unas cuantas ocasiones más, entre ellas en la película española "El conde Drácula", dirigida en 1969 por Jesús Franco, y que se autoerigía en la más fiel adaptación de la novela de Stoker jamás filmada(10).
Monopolizados los años 60 por las películas de la Hammer, esta comienza a principios de los años 70 a dar evidentes muestras de fatiga, cayendo en picado (como vemos que es tristemente habitual) y llegando a convertir, por poner un ejemplo, al conde en un agente inmobiliario metido en asuntos de drogas y sectas satánicas en el Londres de 1970, en la inclasificable The satanic rites of Dracula (Los ritos satánicos de Drácula, 1972). La fábrica de ideas macabras más fascinante de los últimos años, entonaba su canto del cisne y desaparecía sin pena ni gloria. Sólo el paso del tiempo puso a la Hammer y a sus películas, directores y actores en el lugar que siempre merecieron.
Los últimos tiempos
Los años 70 y 80 fueron especialmente duros para el mito del vampiro en la gran pantalla (por no hablar de sus compañeros el Hombre-Lobo, Frankenstein y demás, que directamente fueron liquidados) que sobrevivió gracias a subproductos y a películas con mejores intenciones que resultados, y que no se vio beneficiado de ningún éxito de taquilla durante aproximadamente veinte años(11).
En los años setenta, podemos destacar algunas curiosidades y unos relativos éxitos de taquilla.
Entre las primeras se encontrarían las interminables películas eróticas o directamente pornográficas, que usaban al vampiro y a su afición por "chupar" como pretexto para llegar a los fines por todos conocidos, o en un plano aparte, películas como "Blácula" dirigida en 1972 por William Crain, y que pertenecía a la efímera moda de la llamada "blackxplotation" que consistía en "afroamericanizar" los mitos blancos para deleite de la comunidad negra estadounidense, entre la que este film en concreto tuvo un gran éxito. Otra saga de relativo (subrayemos lo de relativo) éxito en los estados Unidos fue la protagonizada por el Conde Yorga, personaje del que en nuestro país hemos podido saber algo a través de concienzudas investigaciones en los más apergaminados libros y revistas y que aquí no tuvo, como tantos otros fenómenos exclusivos de los EE.UU. la menor repercusión. Otra curiosidad, que nadie se atreve muy bien a calificar, estando divididas las opiniones entre quienes la consideran una obra maestra y quienes simplemente piensan que es un bodrio mayúsculo(12) es la película «Nosferatu, vampiro de la noche», dirigida en 1979 por el alemán Werner Herzog y protagonizada por Klaus Kinski, y que no es sino un remake de la película de Murnau de 1922. Y en el segundo apartado de los anteriormente mencionados (los relativos éxitos de taquilla), destacar una nueva revisitación del mito del conde Drácula dirigida en 1979 por John Badham, película que, de nuevo, no es ni mucho menos fiel al original de Stoker y que deja bastante indiferente al espectador, al tratarse de una película correcta sin más.
Los setenta, por lo demás, transcurrirán entre producciones en las que hay más LSD que vampiros, como por ejemplo las producciones de la factoría Warhol o los increíbles delirios visuales y argumentales del español Jesús Franco, y otras en las que el vampiro es un mero vehículo para el erotismo, como las películas de la francesa Jean Rollin.
Hay que dar un salto hasta 1983(13) para encontrarse con el film de Tonny Scott The Hunger (El ansia), en la que el papel protagonista es para Catherine Deneuve, lo que no deja de ser una novedad dentro del género. La película, con una ambientación cuidada y unas escenas de terror francamente logradas, expone al vampiro como un enfermo que contagia su mal a través de la sangre y del sexo.
Otro salto más, esta vez para situarnos en 1986 con el director Joel Schumacher y su película The Lost Boys (Jóvenes Ocultos), acertada mezcla de comedia y terror vampírico respetuosa con el mito, y destinada a un público devorador de palomitas y con pocas exigencias cinematográficas. No obstante, la película no deja de aportar detalles interesantes, como lo puedan ser la visión que ofrece del vampiro, convirtiéndolo en un rebelde sin causa del más allá o la excelente interpretación de Kiefer Sutherland, como cabecilla de la pandilla de vampiros-moteros.
Y ahora pasamos directamente a la década de los 90, en la que el mito parece que resurgió de sus supuestas cenizas a través de sendas películas:
Bram Stoker´s Drácula (Drácula de Bram Stoker), dirigida en 1992 por Francis Ford Coppola, proponía, una vez más, la adaptación definitiva de la archinombrada novela, autodesmintiéndose desde la primera escena, en la que Drácula se nos propone como un cruzado de la cristiandad que se rebela ante su dios al descubrir que sus enemigos, los turcos han acabado con su amada Elizabetha, siendo esta rebelión el desencadenante de su condena a vagar eternamente como un vampiro(14)
. Es así como la película se convierte en una improbable historia de amor, en la que el vampiro busca redimir sus pecados a través del mismo, y se permite incluso soltar alguna que otra lágrima. Y es aquí donde, después de años (siglos incluso) de arquetipo vampírico, este es radicalmente rescrito.
Como el propio Coppola reconoció, las novelas de la escritora estadounidense Anne Rice, tuvieron un peso específico a la hora de tomar la decisión de humanizar a su Drácula. Rice con su novela "Interview with The Vampire (Confesiones de un vampiro)", y con las continuaciones de una trilogía que a la hora de escribir estas líneas va por el sexto volumen, redefinió el mito del vampiro como nadie antes había logrado hacerlo. Por primera vez el vampiro, el ser corrupto por antonomasia, el hijo de Lucifer, lloraba, reía y disfrutaba de los placeres de la no-vida. Se humanizaba, acercándole bastante más al concepto de superhéroe propuesto por la editorial de comics Marvel que al de Nosferatu.
Sea como fuere, las novelas de Rice tuvieron un impacto tremendo en la idiosincrasia del mito, que salpicó a muchos de sus contemporáneos, tanto en el plano literario como en el cinematográfico, y que por supuesto, tuvieron su plasmación fílmica en 1994 de la mano de Neil Jordan en Interview with the Vampire (Entrevista con el vampiro), película que tan solo parecía prometer un desfile de guapísimos galanes de Hollywood (Brad Pitt, Tom Cruise o Antonio Banderas) y que acabó dando bastante más, como por ejemplo la posibilidad, antes remota, de tomarse en serio a Cruise como actor. La película fue un auténtico éxito de taquilla (como la de Coppola), y con el paso del tiempo, va ganando adeptos que han sabido ver el buen hacer de Jordan y que han visto más allá de la melena lacia y las miradas lánguidas de un Pitt que no está del todo mal en su papel, habida cuenta que en el original literario, su personaje comienza siendo el protagonista de las Crónicas Vampíricas, y acaba por ser un personaje secundario en favor del mucho más jugoso Lestat(15), por cierto, el segundo vampiro más "importante" de la imaginería del género, después del excelentísimo señor conde.
El resto... tan confuso como lo fueron los mismos años noventa. Desde vampiros gamberros y pistoleros, herederos quizá de los jóvenes ocultos de Schumacher de "From Dusk 'Till Down (Abierto hasta el amanecer)", dirigida en 1996 por Robert Rodríguez, pasando por los vampiros drogadictos de "The Addiction" de Abel Ferrara, o las más recientes y exitosas "Blade", protagonizada por Wesley Snipes, junto a su reciente segunda parte, y la particular visión del mito que nos dejó el genio del género John Carpenter en su Vampires de 1998.
Conclusión
Las películas, autores y demás datos reflejados en el presente trabajo, han sido extraídos de diversas filmografías contrastadas y de probada solvencia, como queda reflejado en la bibliografía que cierra el presente texto, y que está a la entera disposición de quien quiera profundizar más en este tema y en temas adyacentes, excepción hecha de ciertas revistas, ya desaparecidas y convertidas en pieza de coleccionista, que tan solo están a disposición de quienes en su día se tomaron la molestia de adquirirlas. En el ensayo que tiene entre sus manos, vienen reflejadas todas las películas que de una u otra forma marcaron un hito en la evolución del vampiro dentro del celuloide, y que se podrían calificar de visionado imprescindible para acercarse al mito por primera vez. Cintas como, por ejemplo, Batman Fights Dracula, rodada en Filipinas en 1968 u otras similares no aparecen reflejadas en el presente repaso porque a fecha de hoy, se desconocen más datos acerca de ellas que su mera mención en ciertas filmografías, y cabe preguntarse con cierta lógica, tras las investigaciones realizadas, si esas cintas de verdad llegaron a existir o se colaron de alguna forma en las listas de películas del género, perpetuándose a través de quienes se limitan a copiar sin contrastar.
Destacar también el hecho de que la mayor parte de las películas omitidas pertenecen a filmografías "exóticas" como la asiática, mercados de muy difícil acceso, y en cuyos archivos suele reinar el desorden más absoluto, por lo que me he circunscrito al cine occidental cosa lógica por otra parte si tenemos en cuenta que el mito del que se trata es el nacido en la Europa Central.
En resumen, he tratado de escribir la historia más completa acerca del arquetipo vampírico tal y como lo conocemos dentro del cine, respetando los márgenes formales que me había propuesto, sin caer en la mera exposición de datos inconexos.
Bibliografía
Libros consultados:
-Roberto Cueto y Carlos Díaz: Drácula, de Transilvania a Hollywood. Madrid: editorial Nuer, 1997.
-Noelia Indurain y Óscar Urbiola: Vampiros. El mito de los no muertos. Barcelona: editorial Tikal, 1999.
-David Pirie: El vampiro en el cine. Círculo de lectores, 1977.
-Martin Walker: El misterio de los vampiros. Barcelona: editorial Edicomunicación, 1993.
-Jordy Ardanuy Baró, Valentín Ferrán Redero y Martí Flo: Vampiros: magia póstuma dentro y fuera de España. Barcelona: ediciones Luna negra, 1994.
-Erberto Petoia: Vampiros y hombres lobo. Círculo de lectores.
-Juan Gómez Alonso: Los vampiros a la luz de la medicina (tesis doctoral). Vigo: editorial Neuropress, 1995.
-Fernando Alonso Barahona: Historia del terror a través del cine. Barcelona: editorial Film Ideal, 1998.
-Augustin Calmet: Tratado sobre los vampiros. Madrid: editorial Mondadori, 1991.
-Julio Castelló: Cien años de Frankenstein. Gijón-Bilbao-Barcelona: edi. Royal Books.
Revistas y fanzines consultados:
-Artículos de Fidel Latorre, Fernando Savater y Molina Foix: Revista Nosferatu nº 6. Barcelona: autoeditada, Abril de 1991.
-Artículos de Manuel Domínguez, Rafael Auraleón y autores sin especificar: Famosos "monsters" del cine. nº 3 y nº 6 (Desaparecida). Barcelona: editorial Garbo, 1975.
-Artículos de Tom Weaver, Bill Warren, Michael Gingold y David Kuehls: Revista Drácula, todo sobre el vampiro. Número especial. Barcelona: Ediciones Zinco, 1992.
-Artículos de Tom Wooley, Raymond McNally, Sean Ishewood, Patricia Lorrance y Raymond Priest: Revista El nuevo Frankenstein. Número especial. Barcelona: Ediciones Zinco, 1994.
-Artículos de Joel Martins, Paul Stennberg, John Deal, David Maroto y Michael Francis: Revista Fangoria. Primera etapa, nº 1 y nº 7 (desaparecida). Barcelona: Ediciones Zinco, 1992-93.
-Agustín Lobato: Evolución del mito vampírico. Artículo aparecido en el Nº 2 del fanzine virtual asturiano "Mr. Rol". Gijón: autoeditado, 1996.
Anexo
Filmografía representativa:
1911: Vampyrdanserinden, de August Blom.
1913: La vampira indiana, de Roberto Roberti.
1913: Des pas au Plafond (Salao), de V. Jasset.
1913: La torre dei vampiri, de Gino Zaccaria.
1913: The Vampire, de R. Vignola y Th. Hayes Hunter.
1918: La carezza del vampiro, de R. Bacehini.
1919: Der Vampyr, de A. Stranz.
1922: Nosferatu, el vampiro, de F. W. Murnau.
1925: Vampiry Warzawy, de W. J. Bieganski.
1927: El castillo de la maldición, de G. Gál.
1927: La casa del horror, de Tod Browning.
1930: Drácula, de George Melford.
1931: Drácula, de Tod Browning; La bruja vampiro, de Carl Theodor Dreyer.
1933: Sombras trágicas, de Frank Strayer.
1935: La marca del vampiro, de Tod Browning; Condemned to live, de Frank Strayer.
1936: La hija de Drácula, de Lambert Hillyer.
1943: El hijo de Drácula, de Robert Siodmak; The return of the vampire, de Lew Landers.
1944: La zíngara y los monstruos, de Erle C. Kenton.
1945: La mansión de Drácula, de Erle C. Kenton; The vampire's ghost, de Lesley Selander.
1952: Old Mother Riley meets the vampire, de John Gilling.
1954: El vampiro Acecha, de C. H. Christensen.
1957: La sangre de Drácula, de Herbert L. Strock; The vampire, de Paul Landers; I vampiri, de Riccardo Freda.
1958: Drácula, de Terence Fisher; El regreso de Drácula, de Paul Landers; La sangre del vampiro, de Henry Cass.
1959: El vampiro, de Fernando Méndez; Plan nine from outer space, de Ed Wood Jr.; Onna kyuketsuki, de Nobuo Nagakawa; Curse of the undead, de Edward Dein.
1960: Las novias de Drácula, de Terence Fisher; El mundo de los vampiros, de Alfonso Corona Blake; El ataúd del vampiro, de Fernando Méndez; L'ultima preda del vampiro, de Piero Regnoli.
1961: Maciste contro il vampiro, de Giacomo Gentilomo; Frankenstein, el vampiro y compañía, de Benito Alazraki; Il vampiro dell'opera, de Renato Poselli; El vampiro sangriento, de Miguel Morayta.
1962: La maldición de los Karnstein, de Thomas Miller.
1965: Drácula, príncipe de las tinieblas, de Terence Fisher; Un vampiro para dos, de Pedro Lazaga.
1967: El imperio de Drácula, de Federico Curiel; El baile de los vampiros, de Roman Polanski.
1966: Billy the kid vs. Dracula, de William Beaudine; La galería del terror, de David L. Hewitt; La herencia de los Munster, de Earl Bellamy.
1967: A taste of blood, de Herschell Gordon Lewis; Batman fights Dracula, de Leody M. Díaz; Le viol du vampire, de Jean Rollin.
1968: Drácula vuelve de la tumba, de Freddie Francis; Santo en El tesoro de Drácula, de René Cardona.
1969: El poder de la sangre de Drácula, de Peter Sasdy; El conde Drácula, de Jesús Franco; Sangre en el castillo de Drácula, de Al Adamson; Los monstruos del terror, de Tulio Demichelli; Santo y Blue Demon contra los monstruos, de Gilberto Martínez Solares.
1970: Las cicatrices de Drácula, de Roy Ward Baker; Los amantes vampiros, de Roy Ward Baker; Condesa Drácula, de Peter Sasdy; Sombras en la oscuridad, de Dan Curtis; Le frisson des vampires, de Jean Rollin; Las vampiras, de Jesús Franco.
1971: Revenge of Dracula, de Al Adamson; Drácula y las mellizas, de John Hough; El último hombre... vivo, de Boris Sagal; Requiem pour un vampire, de Jean Rollin.
1972: El gran amor del conde Drácula, de Javier Aguirre; La novia ensangrentada, de Vicente Aranda; Drácula contra Frankenstein, de Jesús Franco; Drácula 73, de Alan Gibson; Kronos, cazador de vampiros, de Brian Clemens; Blácula: Drácula negro, de William Crain; La tumba del vampiro, de John Hayes; La saga de los Drácula, de León Klimovsky; Santo y Blue Demon contra Drácula y el hombre lobo, de Miguel María Delgado; Son of Drácula, de Freddie Francis; El circo de los vampiros, de Robert Young.
1973: Los ritos satánicos de Drácula, de Alan Gibson; Los vampiros de Coyoacán, de Arturo Martínez.
1974: Vampira, de Clive Donner; Kung-Fú contra los siete vampiros de oro, de Roy Ward Baker; Dracula vuole vivere: cerca sangue di vergine, de Antonio Margheriti.
1975: Lady Drácula, de Franz-Joseph Gottlieb; Drácula, padre e hijos, de Edouard Molinaro; Tiempos duros para Drácula, de Jorge Mauceri Darnell; Muérdame, señor Conde, de Lucio Fulci.
1976: El pobrecito Draculín, de Juan Fortuny; El jovencito Drácula, de Carlos Benpar.
1977: Doctor Dracula, de Al Adamson y Paul Aratow; El perro de Satán, de Albert Band.
1978: Nosferatu, el vampiro de la noche, de Werner Herzog; Drácula chupa, de Jamie Gillis.
1979: Phantasma II, de Tobe Hooper; Amor al primer mordisco, de Stan Dragoti; Drácula, de John Badham; Mamá Drácula, de Boris Szulzinger; Nocturna, nieta del conde Drácula, de Harry Tampa; Vampire hookers, de Cirio H. Santiago.
1982: Buenas noches, señor monstruo, de Antonio Mercero.
1983: Vampiros en La Habana, de Juan Padrón; El ansia, de Tony Scott.
1985: Noche de miedo, de Tom Holland; Lifeforce, fuerza vital, de Tobe Hooper; Transilvania 6-5000, de Ruddy de Luca.
1986: As sete vampiras, de Ivan Cardoso.
1987: Los viajeros de la noche, de Kathryn Bigelow; Jóvenes ocultos, de Joel Schumacher.
1988: My best friend is a vampire, de Jimmy Houston; Una pandilla alucinante, de Fred Dekker; Nosferatu en Venecia, de Augusto Caminito; Museo de cera, de Anthony Hickox; Vampiros en la sombra, de Anthony Hickox.
1990: Aquí huele a muerto... ¡Pues yo no he sido!, de Álvaro Sáenz de Heredia; Rockula, de Luca Bercovici.
1991: Museo de cera II, de Anthony Hickox.
1992: Drácula, de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola; Cronos, de Guillermo del Toro; Sangre fresca, de John Landis; Buffy, cazavampiros, de Fran Rubel Kuzui.
1994: Entrevista con el vampiro, de Neil Jordan.
1995: Un vampiro suelto en Brooklyn, de Wes Craven.
1996: Drácula, un muerto muy contento y feliz, de Mel Brooks; Vampirella, de Jim Wynorski; Abierto hasta el amanecer, de Robert Rodríguez.
1997: Brácula. Condemor II, de Álvaro Sáenz de Heredia.
1998: Vampirates, de Tom Savini; Vampires, de John Carpenter.
1. Consúltese a este respecto el «Tratado sobre los vampiros» escrito por el padre Augustin Clamet en 1751, auténtico libro de cabecera para cualquier estudioso del tema, y principal trabajo de divulgación pseudo-científica del mito de los vampiros. Existe una interesante edición de 1991 publicada por la editorial Mondadori, bastante fiel al original.
2. A este respecto, comentaré una anécdota: La leyenda dice que Max Schreck, el actor alemán que interpretaría al conde, tan solo se limitó al firmar el contrato, ya que quien aparece finalmente en el filme sería un auténtico vampiro contratado por Murnau para su película. Al respecto de toda esta historia, tenemos actualmente en los videoclubes el film "Shadow of the vampire (La sombra del vampiro)", interpretado por JohnMalkovich y Willem Dafoe.
3. Al respecto de esta película y de toda la filmografía de Drácula en general, les remito al libro "Drácula, de Transilvania a Hollywood" escrito por Roberto Cueto y Carlos Díaz en 1997 para ediciones Nuer.
4. Destacar que, paralelamente al rodaje de este film, en los mismos decorados y con el mismo guion se rodó una versión en castellano (entonces no existía el doblaje), dirigida por George Melford y protagonizada porCarlos Villarias. Los que han podido verla, la consideran muy superior al film de Browning.
5. El vampiro en el cine", David Pirie. Círculo de Lectores, 1977.
6. Destacar que en las producciones anteriores, el vampiro jamás mostraba sus colmillos y rara vez la sangre se mostraba de manera explícita, por lo que el público, cada día más familiarizado con las barbaries cotidianas, demandaba mayor "veracidad" en los filmes de terror.
7. David Pirie, "El Vampiro en el cine", Círculo de Lectores, 1977, pág 77.
8. Fernando Savater. Revista "Nosferatu" Nº 6. Abril de 1991. Págs. 67 y 68.
9. Nótese llegados a este punto que las películas que se mencionan tratan casi en exclusiva del conde Drácula, si bien el título de este trabajo es "el vampiro cinematográfico". Esto se debe a que no es hasta los años 60 que el cine mira más allá de la novela de Stoker, reduciéndose hasta entonces las películas destacables sobre el tema al conde transilvano.
10. A este respecto, decir que fíjense si sería fiel, que el propio Stoker aparece en los títulos de crédito como guionista, lo que no impide que en un plano secuencia puedan verse claramente al fondo unas cuantas sillas de plástico de una conocida marca de refrescos, ¡en el siglo XIX!
11. Prácticamente hasta el estreno de "Bram Stoker´s Dracula" en 1992 de la mano de Francis Ford Coppola, como se verá más adelante.
12. Entre quienes no dudan en calificarla como obra maestra, están Noelia Indurain y Óscar Urbiola, autores del muy recomendable libro "Vampiros, el mito de los no muertos", de Tikal ediciones. Y entre quienes no dudamos en calificarla de insoportable, se encuentra el que esto firma.
13. Mención aparte para el telefilme "El misterio de Salem´s Lot", basado en la novela "Salem´s Lot" de Stephen King, que no deja de ser una versión muy libre del Drácula de Stoker, y que en su emisión en nuestro país en los años ochenta, alcanzó altas cuotas de pantalla y popularidad. Posteriormente fue editada la serie en vídeo y con cortes, bajo el absurdo y desconcertante título de "Phantasma II".
14. Es de dominio público que Stoker se basó en un personaje real para crear su vampiro, Vlad Tepes, temible voioda rumano. No obstante, en la novela no se hace mención alguna al hecho de que la maldición que pesa sobre su personaje se deba a semejante acto de rebelión ante Dios.
15. Sonado fue el estrépito montado en USA por los seguidores del personaje que allí son legión, cuando se hizo pública la decisión de darle el papel a Tom Cruise. Incluso hubo manifestaciones callejeras. Al final, tanto fans como autora, quedaron más que satisfechos con la magnífica actuación del otrora marido de Nicole Kidman.