Lucía Prado
luciapradocasal@yahoo.es
-Todos conocemos alguna persona cuya vida es una sucesión de supuestos errores, accidentes, actos patosos e incompresibles. El vecino, un amigo, nuestro primo. Seguro que nuestros espectadores ya tienen una persona, si no varias, en mente. Hechos como dejar las llaves dentro del coche o de la casa, quedar encerrados en la terraza, pedir platos caros sin mirar precios en los restaurantes, poner la coca-cola en el congelador y olvidarse de ella. Seguro que los televidentes están visualizando alguna situación. Estoy completamente seguro de que además es reciente, de alguien conocido o allegado. Son personas a las que les rodea el caos, todo lo que hacen les sale mal, en el trabajo, en el hogar, paseando, comiendo, cocinando, da igual: todo lo que realizan es un desastre, o casi todo.
-Este es el perfil, Marcus, de quien padece Desastris Totalis, esta enfermedad tan interesante -se acicala su pelo blanco mientras dispara su sonrisa automática.
-¿Está hablando, por tanto, de una verdadera enfermedad? -le acerca el micrófono más.
-Por supuesto. Una enfermedad fantasma, pero no deja de ser una enfermedad. La denominamos 'fantasma', no porque los pacientes vayan con cadenas o con sábanas blancas por encima -se ríe solo-. La padece un porcentaje elevado de la población, unos en mayor grado que otros, conviven, o más bien, mal conviven con los demás, sin que se detecte un problema patológico por ello.
-Entonces... La persona que lo sufre, ¿puede desempeñar algún tipo de trabajo?
-En primer lugar, como ya le dije, habría que ver el grado de Desastris actual, y la progresión que ha tenido y que tendrá en base a los procedimientos kruf de probabilidades. Según las estadísticas que manejamos, actualmente, la mayoría trabajan. También nos consta que el número de vagabundos con este síndrome es muy elevado. Además, abundan las figuras de mujeres, hombres e hijos dependientes.
-¿Que se dedican al hogar?
-No tiene por qué ser, ya les digo que pueden hacer cosas, aunque su desarrollo sea o no adecuado o satisfactorio al resto de seres, en este caso, a esposo/a, hijos, padres, hermanos, según el caso. En muchas ocasiones desembocan en divorcios, abandono de los hijos en la calle, matrimonios mal avenidos; consecuencias desastrosas, sin que se haya detectado en ninguno de los casos un problema real y patológico, como el que estamos tratando.
-Si conocemos a alguien, ¿qué nos aconseja? ¿El ingreso en un hospital? ¿Existe un tratamiento específico, o cuál es la solución adecuada a tomar?
-Cada caso es diferente. Cada individuo hay que analizarlo con detenimiento durante meses.
-Entonces, Doctor Crediome: ¿qué se puede hacer en estos casos?
-Una persona con Desastris Totalis puede llegar a ser como un perro o un gato. Realiza actividades que han de ser controladas, vigiladas como si fuera un niño, es torpe en sus acciones, y lo que es peor: en su toma de decisiones. A veces engañan con su apariencia y en su hablar, cómo razonan, cómo piensan. Cuando examinamos a un paciente, nos fijamos exclusivamente en sus actos de una manera objetiva. Y sacamos las conclusiones pertinentes, por muy desagradables que sean para los familiares. Ingresarlos: es una solución buena. Si se tienen medios, por supuesto. Aquí los tenemos vigilados. Y lo que es mejor: sintiéndose útiles.
-Con este tipo de pacientes, ¿qué tratamiento es el adecuado?
-Desgraciadamente, hasta el momento no se ha encontrado un tratamiento conveniente que mejore sustancialmente la desviación conductual de este tipo de personas.
-¡Da miedo ese alto porcentaje! Sólo de pensarlo, me entran escalofríos. Supone que una parte importante de las personas que nos rodean e interactúan con nosotros, tienen Desastris Totalis, ¿no es cierto, doctor?
El doctor se sonríe y reanuda.
-Sí, ¡qué lo voy a decir! Lo sufren en silencio como las hemorroides, je, je, je -vuelve a reírse solo-. Habría que dedicar más fondos para averiguar las causas de este tipo de conductas caóticas reiteradas, y si es posible intentar atacarlas en origen, mediante programas de prevención. Cuando es hereditario es fácil seguirle la pista. Hay más problemas cuando no lo es, poseemos muy pocos datos. En la actualidad se trata de mejorar la vida de la persona con el síndrome, y de aquellos que rodean o de los que depende la misma. Hablo de la persona a la que se adhieren como parásitos porque, si deja de existir alguien que les ayude, acaban en la mendicidad, en el vagabundeo por la ciudad; son incapaces de una existencia separada y diferente por sí solos. No son autónomos, autosuficientes. Es triste, en verdad: se odian porque son conscientes de sus actos, lo reprueban y se repugnan a sí mismos. Suele desembocar en lo que nosotros llamamos auto-odio, que conduce, usualmente, a la autodestrucción del ser mediante consumo de drogas, abandono o agresividad a los seres queridos, o degeneran en otras enfermedades de mayor gravedad, siempre de carácter psicológico.
-Aprovechamos para facilitarles un número de cuenta donde pueden enviar sus donativos para ayudar en la gran labor del Doctor Crediome. Nos despedimos igualmente. Gracias, doctor, por hablarnos de esta enfermedad; esperamos volver a verlo pronto.
-Ha sido un gusto, Marcus. Gracias a todos.