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Diario de un maltratador (Fragmento)

Valentín Justel Tejedor
valentinjustel@hotmail.com

Aquellas almibaradas palabras no consiguieron aquietar su aviesa y torva mirada, llena de hostilidad, encono, y profunda animadversión; su gesto desencajado y turgente por el acaloramiento de la agitada discusión previa, mostraba unos ojos vidriosos y enrojecidos por la temulenta borrachera, que enardecía en exceso su violento carácter. Instantes después sin mediar palabra alguna, un golpe seco y brutal impactaba sobre el frágil e indefenso cuerpo de aquella candorosa mujer, que momentos antes trataba desesperadamente de apaciguar la salaz furia de un incontrolable individuo envalentonado por las drogas y el alcohol. Tras la agresión, la víctima comenzó a recorrer tan deprisa como podía las habitaciones del caserío, empujando bruscamente con sus madorosas manos todas las puertas que encontraba a su paso, sin reparar si era seguida o no por el maltratador. Sin embargo este último no parecía tener prisa en encontrar a su presa, pues aún ebrio y tambaleante había conseguido, con dificultad, cerrar con llave el portón de la casa, asegurándose de ese modo que la víctima no escaparía; así el agresor comenzó lentamente su periplo hasta encontrar a la mujer agazapada tras el multicolor testeraje en una terraza anexa al refectorio; ella al verle, llena de pánico, se levantó instintivamente y aprovechando que su perseguidor se encontraba bajo los efectos del alcohol, y su capacidad de reacción era mucho menor, corrió hacia afuera de la casa refugiándose en un corral cercano donde se encontraba el ganado: allí le esperaba con un dornajo entre sus manos, aquellos segundos transcurrían con la premiosidad de las horas, y mientras se producía la angustiosa y tensa espera, por su frente resbalaban frenéticos ríos de sudor, que se entremezclaban con incontenibles lagrimones de pavor; así, al escuchar los cercanos pasos de su agresor, su cuerpo comenzó a experimentar una refleja sensación trémula, esto ocasionó que la gamella que portaba entre sus manos cayera al suelo haciéndose añicos.

Esa fue la señal inequívoca para su maltratador; allí mismo y sin conceder un solo respiro a la víctima, le asestó varios golpes con inusitada fuerza en el semblante, y en el cuerpo, desfigurando su delicado rostro, causándole numerosas heridas de las que efusionaban abundantes y cinabrios borbotones, así tras la impía y brutal agresión la mujer quedó tendida a su suerte sobre un descomunal charco de sangre, que impregnaba sus cuarteadas y rasgadas vestiduras, mientras el incontrito e indolente maltratador se alejaba del lugar de los hechos con actitud indiferente y desabrida.

En ese momento, cuando todo era calma en medio de la tragedia, se escuchó el inconsolable vagido de un niño que reclamaba incansablemente la presencia de su madre; nadie parecía auxiliar al desconsolado bebé que emitía un plañidero y fuerte llanto, que reverberaba con verticidad recorriendo las paredes de aquella pequeña estancia, hasta que instantes más tarde una de las vecinas de una alquería próxima se acercó atemorizada por él.



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25 de July de 2008

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