Mario Lara Bazaldúa
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Vamos a tratar lo que es esta ciencia en sí misma. Según veremos más adelante, la Doctrina musical (o Educación musical) no sólo difiere de las disciplinas instrumentales, sino que además incluye los conocimientos que aquellas facultades poseen como principios.
Acerca de la Doctrina musical trataremos tres asuntos:
Primero: De su existencia.
Segundo: De su naturaleza.
Tercero: De sus operaciones.
En cuanto a lo tocante a su existencia, hablaremos sobre la necesidad de su existencia.
I
Es necesario que exista la Doctrina musical
Doctrina musical es, como los términos lo indican, conocimiento de la Música, conocimiento actual, y también habitual que estudia el arte de la música.
Las verdades de la música, como las de cualquier ciencia, son verdades que el hombre puede alcanzar con las solas fuerzas de la luz natural de la razón. Pero para que todos los hombres que sienten la vocación musical puedan conocer con certeza y con prontitud esas verdades, es necesario que sean propuestas por medio de la enseñanza. Sin el adminículo de la enseñanza, esas verdades llegarían a los hombres fuera de tiempo u oportunidad y con nociones equivocadas y/o juicios falsos. Por lo tanto, si quienes propenden al saber musical han de conseguir dicho conocimiento, es imprescindible que el educador musical les manifieste aquellas verdades que se refieren al saber musical, y de esta manera se impone la necesidad de esta disciplina.
II
Naturaleza de la Doctrina musical
En cuanto a la naturaleza de la Doctrina musical, hemos de tratar acerca de la materia y sujeto de esta ciencia, en los cuales está implícita la esencia de nuestra disciplina. El objeto de esta facultad es triple:
Primero: Objeto material.
Segundo: Objeto formal terminativo.
Tercero: Objeto formal motivo.
Objeto material es aquello que la ciencia estudia. Objeto formal terminativo es aquel atributo del objeto material que una ciencia estudia. Objeto formal motivo es aquello que faculta a una ciencia para estudiar su objeto formal terminativo.
Un mismo objeto material puede pertenecer a varias ciencias, no siendo privativo de ninguna de ellas, a la manera como el Hombre es estudiado por la Antropología y la Ética. Puede suceder también que un mismo objeto formal terminativo sea común a diferentes ciencias; por ejemplo, la esfericidad de la Tierra puede ser demostrada por la Astronomía y la Física. Lo que nunca puede suceder es que dos ciencias distintas posean un mismo objeto formal motivo.
Examinemos ahora los objetos de estudio de la Doctrina musical. Su objeto material es doble, y se desprende de los mismos términos del nombre de nuestra disciplina: Educación musical. Por el sustantivo Educación, que nos sugiere un desarrollo o perfeccionamiento de las facultades intelectuales -las cuales no se encuentran sino en sujetos pensantes- se infiere que el primer objeto material de la Doctrina musical es el Hombre (es decir, aquél quien deba ser instruido). Y por el adjetivo Musical, se deriva con la mayor evidencia: es el sonido determinado o musical, esto es, el arte de la Música, aquello que todos entendemos por el término Música.
Por lo tocante al objeto formal terminativo, también éste deriva en dos, toda vez que el objeto formal terminativo está implícito en el objeto material. Por parte del Hombre, discute la Doctrina musical acerca de sus facultades operativas e intelectuales; de las facultades operativas, para el ejercicio del arte musical, y de las facultades intelectuales, para su plena inteligencia y comprensión. Respecto de la Música, su objeto formal terminativo es el movimiento del sonido determinado o, en palabras de Aristóteles, "modificaciones propias del sonido", como se lee en el capítulo tres del Libro Decimotercero de la Metafísica. Finalmente, el objeto formal motivo de esta disciplina es la luz natural de la razón, por medio de la cual el educador discurre de los principios hacia las conclusiones.
III
Propiedades de la Doctrina musical
Entremos ahora al campo de las propiedades de nuestra disciplina. Dícese Propiedad, dentro del léxico filosófico, aquella cualidad o atributo que deriva, emana o procede de la naturaleza o esencia de un ente.
Ciencia, en el lenguaje de la filosofía aristotélico-tomista, es un conocimiento evidente de las conclusiones contenidas en sus principios; por lo tanto, la evidencia de las conclusiones es participada por los principios y desde los principios. Luego la evidencia debe partir primerísimamente de las proposiciones axiomáticas que esta ciencia utiliza para demostrar sus conclusiones.
Debemos decir también que la Doctrina musical es ciencia, pero ciencia subalternada a dos ciencias correspondientes a sus dos objetos materiales: la Didáctica y la Aritmética. Ahora bien, la Doctrina musical está subordinada a la razón formal de las ciencias subalternantes. En cuanto a la Educación, esta ciencia se apoya en los principios que le suministra la Didáctica, facultad que investiga la metodología propia para enseñar. Por parte de la Música, nuestra ciencia toma los principios que le comunica la Aritmética. Ser ciencia es, pues, una propiedad de la disciplina Educación musical; pero ser ciencia única, ciencia que no se diversifica ni se ramifica en otras ciencias secundarias, es otra propiedad que en seguida veremos. La unidad de toda ciencia deriva de su objeto formal (tanto terminativo como motivo), el cual produce su carácter propio. A causa de su objeto formal terminativo, la Doctrina musical posee ya unidad, pues aunque considere hechos diversos, como acciones operativas e intelectuales, o circunstancias sonoras como el ritmo, la melodía o la armonía, la Doctrina musical todo lo ve en dirección de la educación, pero su fundamental propiedad de no poder dividirse sin alterar su esencia, la recibe de su objeto formal motivo, a saber: la luz natural de la razón. Supuesto lo antecedente, prosigamos nuestro discurso. El fin de la actividad filosófica es la consideración de la verdad; por otra parte, la meta de la actividad práctica es el procurar el bien de todo hombre. A causa de la reflexión y el raciocinio, la Doctrina musical es ciencia especulativa, por la razón de que su primer intento es hallar el conocimiento de la ciencia que va a exponer. Y por parte del ejercicio docente, la Doctrina es ciencia práctica. Mas no todo conocimiento al cual se llega en esta disciplina debe ser simultáneamente práctico y especulativo, sino que también toca a la jurisdicción de la Doctrina musical determinar cuándo un conocimiento es práctico -como las técnicas de interpretación instrumental-, y cuándo es especulativo -como cuando se demuestra que la noción de ritmo es inferida a partir de la noción de tiempo, y ésta, de la noción de movimiento-. Por cuanto la Doctrina musical reflexiona con atención acerca de los principios de la ciencia musical, puede y debe juzgar sobre la certeza de todas y cada una de las disciplinas instrumentales. Además, puesto que reflexiona sobre el Hombre (que es el fin al cual se dirigen todas las disciplinas instrumentales), éstas reciben la dirección que la Doctrina musical les impone. Añádase que si la Doctrina musical conoce el fin y la manera de conseguirlo, ésta ha de comunicar sus conclusiones a las disciplinas instrumentales para que las admitan como verdaderas, y la Doctrina musical también usará de ellas para su propia ventaja, que es el propagar sus conocimientos. Dentro del orden musical, nuestra facultad deberá detenerse a explicar y/o defender sus principios contra aquellos que nieguen su certeza y validez. Hasta este punto de han anotado, brevísimamente, las cualidades que esta ciencia posee en sí misma, ahora hablemos de las propiedades que le corresponden en comparación con todas las demás disciplinas musicales. Una ciencia especulativa se dice superior a otra ya por la excelencia de su objeto de estudio, ora por la certeza de sus conocimientos. Pues bien, de las disciplinas instrumentales ninguna es especulativa, y de aquí que por este capítulo la Doctrina musical les supere en dignidad; no obstante lo cual, digamos que por su objeto de estudio (que es el Hombre), ente más excelente que el mero sonido -que es el objeto de estudio de las disciplinas instrumentales-, la Doctrina musical también esté en un grado superior de existencia. También por su certeza la Doctrina musical es más excelente, ya que esa certeza la tiene el educador musical por la evidencia intelectual, en razón de sus propias reflexiones, aspecto que el músico instrumentista no tiene ni le compete tener, limitándose en asentir a las conclusiones que se le proponen en virtud de la autoridad del maestro. Por lo tocante al aspecto práctico, una ciencia práctica es superior a otra si el fin que persigue contiene todos los fines particulares a los que propenden todas las ciencias de su género y además si es más perfecto. Pues bien, el objeto estudiado en las disciplinas instrumentales son las modificaciones propias del sonido (ritmo, melodía y armonía), todo lo cuál se dirige para uso del Hombre, objeto de estudio de nuestra ciencia; y así, se concluye lo mismo que antes. Terminemos exponiendo la metodología de enseñanza, metodología que deriva de la naturaleza del objeto formal.
IV
Metodología de enseñanza
El educador musical -como cualquier maestro-, no puede ser un escéptico, o un agnóstico, o un irracionalista, pues desde el momento en que alguien se atribuye el carácter de maestro está aceptando una verdad manifiesta, a saber: la verdad acerca de la posibilidad del conocimiento humano. De esta manera, y de un solo golpe, rechazamos del campo de la educación musical esos y otros errores.
Hemos visto ya que por parte de la ciencia musical, nuestra disciplina está subordinada a la Aritmética, ahora toca tratar acerca de la Didáctica y sus relaciones con la Doctrina musical; ésta, en su función educativa, toma sus principios de la Didáctica, la cual investiga sobre las metodologías educativas.
En suma, esas metodologías se reducen a dos:
a) El método intuitivo, y
b) El método discursivo.
Cada metodología circunscribe su estudio a una de las fases del proceso total del conocimiento humano; éste procede en tres fases: intuición, juicio y raciocinio.
Método intuitivo. Por medio de la intuición, el intelecto aprehende el objeto de una manera total, directa e instantánea, como cuando la vista capta la totalidad de las letras de una palabra, y no cada letra por separado. Efecto de la intuición es la Idea, en la cual el entendimiento contempla la esencia del objeto aprehendido.
Método discursivo. Sin embargo, debido a las naturales condiciones de nuestro entendimiento, nos es imposible entender todo cuando virtualmente contiene una Idea, y de aquí que nos sea necesario proceder a juzgar de la Idea del objeto, atribuyendo o negando cualidades a la esencia percibida, de lo que resulta una proposición llamada Juicio. Mas por la misma limitación de nuestras facultades intelectuales, no podemos tampoco comprender todas las consecuencias contenidas en una proposición, por ello, nos valemos de dos (2) juicios que, comparados ente sí, obtenemos un tercero, llamado conclusión; es ésta la técnica del silogismo o Teoría de la Inferencia.
De lo anterior podemos ya explicar las dos metodologías apuntadas. El método intuitivo propugna por la experiencia directa del objeto, captándolo total e inmediatamente, pero ignorando la virtualidad inteligible de las ideas. Autores como Henri Bergson o Friedrich Nietzche se pronuncian a favor del método intuitivo, también llamado objetivo.
Por su parte, el método discursivo defiende los raciocinios, los encadenamientos de juicios obtenidos por rigurosa deducción, pero ignorando la posibilidad del contacto directo de la inteligencia con la realidad. Autores como Immanuel Kant o Friedrich Hegel utilizan el método discursivo.
¿Cómo entonces debe proceder la enseñanza? Siguiendo el proceso del conocimiento en la aplicación de las lecciones (intuición, juicio y raciocinio), y la lógica del pensamiento en el orden de los temas (existencia, naturaleza y operación del ente), con lo cual obtenemos una síntesis de las dos metodologías didácticas, a la vez que un desarrollo integral de las facultades intelectuales humanas, a la manera de una ecuanimidad libre de vicios, al modo de Aristóteles y Tomás de Aquino, en medio del defecto y el exceso de algunos filósofos.
Baste, por ahora, lo que tenemos dicho sobre la Doctrina musical.