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La imagen de España a través de las revistas de las compañías aéreas en tiempos de globalización

Teresa Iturriaga Osa
Doctora en Traducción e Interpretación por la ULPGC
tarasia@terra.es

Estábamos en 1998 cuando mi tesis doctoral sobre la traducción del periodismo de viajes daba sus primeros pasos, cuando "el siglo de Internet" todavía asustaba por su "infinito" poder de comunicación, a la vez que se iniciaba un gran debate entre las identidades nacionales y la nueva identidad transnacional que proponía la globalización. Por la complejidad de la situación de la época, la investigación del fin de siglo me resultaba muy interesante para el ámbito de la traducción de los textos con fines turísticos, especialmente aquellos que en forma de reportajes de viajes podían leerse en las revistas de las compañías aéreas españolas. Entonces, decidí centrarme en la revista Ronda Iberia, que en la década de los noventa era el principal medio de difusión de la imagen institucional de España en los espacios aéreos. No hay que olvidar que Iberia, hasta el año 1999, perteneció al Estado y reflejaba una forma de concebir el modelo español y de vender esa imagen en el mundo. En aquellos momentos de grandes cambios, la compañía de bandera nacional se reconocía a sí misma como embajadora por excelencia de la España moderna y plural, con una forma innovadora de presentarse al mundo a través de su revista, reclamando un puesto en los nuevos entornos culturales y financieros transnacionales.

El inglés, convertido en lingua franca del mundo económico y turístico del planeta, me hacía cuestionarme como traductora hacia dónde irían las identidades humanas si la extensión de este idioma de intercambios llegara a penetrar en la esfera de lo cultural y anulara lo propio de nuestro carácter. La cuestión era saber hasta qué punto el traductor debía preservar en el texto traducido aquello que pertenecía al sabor local, o bien adaptarlo a un inglés estándar que imponía la globalización económica y cultural. Había que decidir si no nos quedaba más remedio que uniformarnos o, por el contrario, debíamos fomentar un turismo cultural viajero que nos visitara por quienes éramos de verdad, que aprendieran nuestras nuevas señas de identidad, dejando atrás los mitos folclóricos que habían sido un reclamo fácil para crear una España ficticia de sol y playa, adornada de bellas mujeres y castañuelas, como sucedió en otras épocas.

Todas estas reflexiones me ocuparon mucho tiempo de estudio en este trabajo de investigación, porque no eran cuestiones ajenas al estudio de la traducción. En efecto, esta actividad, traducir, no sólo tiene que ver con un trasvase lingüístico: en nuestro caso, más bien se trata de establecer una comunicación intercultural entre pasajeros que viajan por el mundo y de presentarles una oferta cultural equivalente al texto original español. Sólo así se puede ser fiel a la esencia de lo que en él se dice. ¿Y qué es lo que, en realidad, quiere decirnos el autor? Ése es el desafío de la traducción. Por tanto, el traductor debe tener en cuenta todo aquello que rodea al texto original en su producción, emisión y recepción, es decir, detenerse especialmente a observar el texto en situación.

Para empezar, había que preguntarse por el encargo que recibía de Grupo Zeta el autor del reportaje, saber quién lo encargaba, descubrir cuáles eran las intenciones del grupo financiero que representaba la revista, el perfil del pasajero-lector, los nuevos conceptos que se barajaban en la publicación, etc. Por ejemplo, me parecía muy interesante estudiar la idea del "viaje" alejada del viejo patrón del turismo pasivo que no llegaba a conocer más que su número de habitación y el lugar de su hamaca en la playa, antes de regresar, noche tras noche, a la zona de los pubs y espectáculos. Había que comprender qué significaba en los noventa esa noción del viaje como aprendizaje en medio de una encrucijada: ¿cómo compaginar la intersección de los objetivos turístico-comerciales de Iberia con los valores de una cultura viajera? Estudiarlo todo e intentar medir el peso de todos estos factores era complicado, pero era evidente que se estaba abriendo una etapa. Además, por si esto fuera poco, las influencias de una nueva era digital estaban llegando a la comunicación de la prensa escrita en cualquier medio.

Escogí para mi investigación siete reportajes de viajes de Ronda Iberia como textos originales, firmados por escritores españoles de prestigio periodístico y literario, y sus traducciones al inglés. Me parecía muy interesante este medio editado por el Grupo Iberia por varias razones. En primer lugar, por los cambios internos y externos que se habían ido produciendo en la composición de su accionariado durante los años noventa, preparándose a entrar en la globalización. La participación del Estado en Iberia había sido mayoritaria hasta 1999, en un 60%, hasta que ese año se abrió el camino de la privatización con la llegada de nuevos socios institucionales: Caja Madrid, BBV, Tabacalera-Logista, El Corte Inglés y Ahorro Corporación -formado por las cajas de ahorros-, que entraron a controlar el 30% del capital de Iberia. Además, a nivel internacional, a ellos se unían las dos compañías British Airways y American Airlines, potenciando su red de destinos, junto a su participación en Oneworld, la mayor alianza de compañías del mundo.

En segundo lugar, era digno de estudio que el encargo del Grupo Iberia se realizara a Ediciones Reunidas, de Grupo Zeta, una empresa de reconocido prestigio periodístico.

Y, en tercer lugar, me llamaba poderosamente la atención el valor de los símbolos como presencia de lo español por todo el mundo, especialmente, porque la publicación Ronda Iberia me parecía un ejemplo real de fusión de intereses entre el Estado, el mercado y la ciudadanía, en un debate que, en la década de los noventa, comenzaba a afectar a todo el sistema de valores e identidades de la sociedad occidental.

Comencé por plantearme varias hipótesis de trabajo para ver si existía una equivalencia comunicativa en la traducción de ciertos elementos textuales representativos de la identidad española en los reportajes de viajes de la revista Ronda Iberia. Era de suponer que el estudio del entorno mediático dinámico y complejo de Ronda Iberia nos revelara ciertas peculiaridades relacionadas con el tipo de encargo, el tipo de destinatario y el rol del autor del texto original español. Por otra parte, me parecía que al periodismo, en general, y al género del reportaje, en particular, les estaba naciendo un tipo de texto mestizo, ya que el reportaje de viajes albergaba un gran componente literario y periodístico en un medio impreso con fines turísticos y comerciales. Su carácter híbrido anunciaba objetivos e intenciones diferenciadas que el traductor no podría pasar por alto.

Por consiguiente, me centré en el análisis de siete reportajes de viajes de Ronda Iberia y sus traducciones al inglés como material para el estudio de la traducción de este tipo de textos. Era fundamental descubrir las marcas del texto que desvelaran qué es lo que se quería transmitir en aquellos reportajes centrados en diversos lugares de España.

El corpus que seleccioné fue el siguiente:

  • "Elogio de la tasca madrileña", de Luis Carandell. Ronda Iberia, mayo 2000, pp. 54-68.
  • "El sur. Visiones de Andalucía", de J. M. Caballero Bonald. Ronda Iberia, junio 97, pp. 66-80.
  • "Playas de Galicia", de Manuel Rivas. Ronda Iberia, julio 93, pp. 94-108.
  • "Las Palmas de Gran Canaria: ciudad del mar", de J. J. Armas Marcelo. Ronda Iberia, mayo 93, pp. 66-82.
  • "Castilla y León, los caminos del silencio", de Ana Puértolas. Ronda Iberia, diciembre 93, pp. 50-71.
  • "El Teide, cima de brasas frías", de Joaquín Araújo. Ronda Iberia, febrero 99, pp. 36-44.
  • "Castilla: Los Campos Góticos", de Raúl Guerra Garrido. Ronda Iberia, septiembre 99, pp. 38-54.

Uno a uno, partiendo del estudio de la vida y obra del autor, y, tras realizar un análisis interpretativo de los textos originales y la evaluación de los textos traducidos, fui llegando a varias conclusiones.

En primer lugar, expondré aquéllas que tenían que ver con el encargo de Iberia al Grupo Zeta y, por tanto, al autor del reportaje.

  • Es muy importante señalar que, en el período del que extraje el corpus de trabajo (1993-2000), el encargo que realizó el Grupo Iberia a la publicación Ronda Iberia para promocionar sus destinos y productos turísticos españoles tenía un claro sentido de apoyo ideológico-financiero a una iniciativa, en unos casos, principalmente estatal (aquellos escritos hasta 1999, fecha en que Iberia se abrió a un nuevo accionariado privado) y, en otros, conjunta, estatal y privada. Como consecuencia de un planteamiento de "buena imagen" empresarial, la estrategia comunicativa había desarrollado sus planes, encargando a las plumas de prestigio literario o periodístico que escribieran sus visiones particulares sobre el panorama cultural español, como muestra de la biodiversidad humana de una España democrática y moderna. Eso era también una garantía para los planes de inversión extranjeros que se abrían a la globalización a finales del siglo XX y nos miraban atentos como posible mercado de destino. Para la compañía aérea de bandera nacional, era importante la difusión de la imagen de España por el mundo en su revista Ronda Iberia, porque sus símbolos la convertían en embajadora de la cultura española fuera de nuestras fronteras.
  • Existían unas características del destinatario de la revista por la situación especial de tránsito aéreo donde se realizaba la lectura del texto de viajes. Se configuraba un lector especial que se movía en los nuevos espacios de la globalización económica mundial y, de estos movimientos económicos internacionales, se iba derivando hacia un proceso de mestizaje cultural extensible a todos los ámbitos sociales. Por ello, el pasajero-lector de Ronda Iberia reunía una complejidad especial. En realidad, el lector de Ronda Iberia asistía a una lección magistral en la asignatura "viajera", una ampliación de horizontes que podía ayudarle a comprender y disfrutar aún más su visita a otras culturas.
  • Nos encontrábamos ante una paradoja: el encargo y el autor creativo. El autor-colaborador de Ronda Iberia que recibía el encargo de escribir el reportaje de viajes sobre un destino español tenía que tener presente el objetivo de promoción turística de la empresa. Ahora bien, es preciso destacar que la riqueza idiolectal de los textos de nuestro corpus los hacía no intercambiables, como pudiera darse con otros reportajes de viajes en situaciones de tipo comercial o turístico. En nuestro caso, el sujeto creador y su objeto textual se confundían en la mirada del lector, de forma que el artista y el cuadro no podían separarse en la valoración de la obra. En definitiva, el escritor era una firma de calidad del patrimonio cultural español. Como los productos gastronómicos, las fiestas, la música, la artesanía o la moda española, el escritor y su texto se convertían en productos con denominación de origen.

En cuanto al tipo de texto investigado, es decir, el reportaje de viajes, también llegué a varias conclusiones generales, ya que a partir del análisis de los marcadores textuales de función informativa, emotiva y evaluativa de los textos del corpus, pude comprobar que existían tendencias hacia una u otra función de la comunicación que no obedecían sino a la propia personalidad del escritor. Estos rasgos idiolectales, sin embargo, tenían unos límites dentro del estilo periodístico, por ello, el encargo de Ediciones Reunidas S. A. (Grupo Zeta) exigía al escritor que se ciñera a un rigor informativo para que no hiciera del reportaje un cuento de realismo mágico. De ahí que la documentación sea siempre una característica indispensable de esta especialidad periodística, ya que el reportaje de viajes desarrolla un tipo de conocimiento unido a la sensibilidad a través de la visión de su autor. En este sentido, nos parecen muy clarificadoras las palabras de Bernal y Chillón al profundizar en las funciones textuales características de lo que él denomina "productos informativos de creación", que abrazan su referencialidad esencial con otras funciones más subjetivas. Así pues, lo informativo es lo más importante en este tipo de reportajes, porque se expresa la identidad cultural española en forma de topónimos, nombres de oficios, artesanía, nombres de personalidades de la literatura, la gastronomía, el arte, la política, etc.

Era evidente también que existía una clara intersección de intereses. Por un lado, la función persuasiva (que percibían -explícita o implícitamente- los pasajeros-lectores) le interesaba al medio de comunicación Ronda Iberia en su conjunto, por tratarse de una revista de encargo de un grupo financiero que pretendía estimular al cliente a comprar sus productos y destinos turísticos. No obstante, en lo que respecta a las intenciones de los autores del corpus, pude observar que esas miras al consumo no presidían la cúspide de sus objetivos personales, porque cada autor se reservaba el derecho a su propia independencia en su visión del mundo.

Por ejemplo, en el caso del texto de Luis Carandell, su reportaje nos dejó una crónica de nostalgia del Madrid de antes, de la vida de sus tabernas, como viejos símbolos del pasado donde se forjaron los principios de la democracia actual. Conocer Madrid a través de sus tabernas era para Carandell un recorrido por el entendimiento entre las clases sociales que, a pesar de sus luchas en la calle y en la arena política, seguían reuniéndose en los establecimientos de "chateo y tapeo"; con un fin, como dice el autor: "para practicar el arte de la conversación mientras toman un vino o lo que quieran".

En lo que respecta al reportaje de viajesde J. M. Caballero Bonald, también pude observar cómo su delicada poética mezclada con su fina ironía se desplegaba por todo el texto en esas "Visiones de Andalucía" que el autor ponía en contraste. Caballero Bonald defendía allí que el andaluz melancólico, sensible, esteta y filósofo, también existía en Andalucía. Porque, a través de los cruces de muchas razas y culturas, de religiones y creencias diversas, en Andalucía se había ido creando un poso de saber que distaba mucho de esa Andalucía de la charanga y la pandereta machadiana, desprestigio de nuestra imagen y freno del avance cultural de la España plural y moderna. El reportaje de Caballero Bonald se acercaba más en su intención a la columna de opinión periodística o al discurso ensayístico que al discurso publicitario de promoción turística. Era una denuncia al etnocentrismo encubierto que impregnaba e impregna los folletos turísticos como gancho publicitario en muchos regionalismos y nacionalismos de cualquier parte del mundo. Por ello, los marcadores históricos de apoyo documental trabajaban al servicio de la intención didáctica y crítica del autor. En definitiva, salpicaba el texto con datos históricos y culturales con el fin de aportar las pruebas que demostraran al lector que, en numerosas ocasiones, había sido objeto de engaño en la promoción de los destinos turísticos andaluces. Andalucía era mucho más compleja y, por ello, la simplificación de las guías turísticas indignaba al poeta, al ensayista, al profesor que, en todo momento, buscaba en este reportaje de viajes la reflexión y la esencia de las cosas.

En el caso del reportaje de Manuel Rivas, "Playas de Galicia", el autor nos ofrecía su visión idealizada del pasado celta del pueblo gallego, al que se siente ligado emocionalmente. Allí, Rivas compartía con Galicia el acervo mitológico y legendario que sostiene sus valores y sus ideales y, sin embargo, no compartía la ideología conservadora de un costumbrismo a ultranza. Luchaba por avivar el pensamiento y remitir al lector a un debate crítico -recordemos su presencia activa en las manifestaciones de la plataforma "Nunca mais"-. Por eso, los marcadores textuales emotivos impregnaban su reportaje, para sensibilizar al lector en el valor ecológico y espiritual de las playas de Galicia mediante el poder evocador de lo simbólico.

Igualmente ocurría con la visión cosmopolita de J. J. Armas Marcelo del reportaje sobre la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Una ciudad marítima que él proponía como sucesora de las corrientes isleñas de la modernidad, en un recorrido de valoración personal por el patrimonio histórico, literario y artístico de Gran Canaria, en el que destacaba las influencias del exterior y el mestizaje cultural. El reportaje era su propia exégesis sobre sus islas de origen y sobre la identidad humana que siempre va construyéndose de forma intersubjetiva. De manera que el reportaje insistía en la recuperación de un entorno socio-cultural-urbanístico que pudiera presentar el alma isleña con un gran impulso universal.

Sobre el reportaje de Ana Puértolas, ¿qué decir de esta pionera del periodismo de viajes en España? Este texto proponía el descubrimiento de una Castilla alejada de los castillos y de los grandes monasterios. La Castilla escondida que nos invitaba a conocer Puértolas era discreta y callada, era de retiro y de silencio. Era un homenaje emocionado a los hombres y mujeres que se retiraron del mundanal ruido para seguir otras voces diferentes. En realidad, un texto turístico muy poco comercial a la hora de atraer al público de masas, pero ahí está, con su peculiaridad, sólo apto para un sector sensibilizado. Por su parte, en el reportaje de Joaquín Araújo, también observé cómo éstese dejaba la piel en su idilio con la naturaleza. Eran palabras de enamorado las de este científico naturalista que no podían entenderse sin una gran dosis de pasión. Porque, por ejemplo, cuando Araújo nos hablaba del volcán, lo personalizaba, pero no construía una metáfora que exageraba el valor de la geología, sino todo lo contrario: para él, el volcán era un ser viviente con el que conversaba.

Y, por último, Raúl Guerra Garrido. Su reportaje sobre Los Campos Góticos y el Canal de Castilla, una gran obra de ingeniería de la Ilustración española, era también su valoración de la vida y el mundo. Permitir que el tráfico oceánico penetrara en el interior de Castilla  a través de un canal fue síntoma de apertura y de evolución, y, para el autor, era una metáfora del esfuerzo de la inteligencia.

De manera que, una vez analizados los textos de nuestro corpus, con la intención de encontrar en todos ellos los marcadores de función informativa, emotiva y evaluativa que caracterizaban su naturaleza híbrida de textos fronterizos entre el periodismo, la literatura y la publicidad, llegué a la conclusión de que el periodismo de viajes reunía una complejidad de discursos que implicaba en el traductor un gran esfuerzo de documentación multidisciplinar y de sensibilidad. Bajo ese prisma, en aquellos momentos, la traducción de este tipo de reportajes debía tener en cuenta todos los detalles de los que el autor se había valido para dejar su impronta personal, porque eran los detalles de la moda de "lo español" en la venta de una imagen sugerente y única de nuestros destinos turísticos a nivel internacional.

En definitiva, comprendí que la expansión intercultural de este tipo de textos en las revistas de las compañías aéreas resulta un desafío interesante para la traducción especializada. Gaudí decía que "el arte puede estar en todas partes", tanto en una catedral como en un almacén de vinos, y añadía que "si en algún lugar el arte puede estar ausente es, según me temo, de la mente de algunas personas". Por ello, considero que los espacios educativos de sensibilización cultural pueden encontrarse en cualquier parte, incluso en las páginas de una simple revista de avión, porque es una buena oportunidad para desplegar la creatividad en sus múltiples facetas y, cómo no, en la traducción.

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23 de November de 2009

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