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León busca gacela

(Selección)

Fulgencio Martínez
fulgenciomartinez@hotmail.com

Un sueño en el sueño

León busca gacela

en la cima del mundo.


Un león,

un animal de crin dura y espejos

duros como el latido de la tierra

avanza solo por la luz del día,

recorre todo el día la sabana

majestuosa de fuego y de silencio.


A la hora de Venus, se detiene.

Mira al azul remoto, y a la nada

dora que transporta su cuerpo

más allá del río donde ve

reflejados sus tristes ojos,


y la inquietud que se abría paso

en su rostro tira de él,

echa abajo su casa

de fieras y le hace

soñar por un instante

reunido en la Esfinge.



Dudas de ti mismo

Muchas horas, los ojos del firmamento

estuvieron apagados para ti.

Veías las cosas en un rollo escrito

en una lengua muerta, indescifrable.

Y padecías de saciedad y de angustia

de no encontrar nada que te importase.

El contento y la gracia de reposar

en la arena de un destino aceptado

no te visitaban tampoco. Un fondo

de viento hería por dentro tus carnes,

y lleno de furia, de estupidez y de miedo

contra tu propia impotencia te revolvías.


Como Barbo asusta a los muchachos

con sus tristes risas

entre las piernas de una anciana,

me asusta la Parca.


No quiero desaparecer

como un campo bajo el cemento,

ni como caña verde

en la orina de un tísico.


Por el precio de esa roca

dada a tragar al cabrón de Saturno

en el lugar del Hijo,

vino la muerte a jodernos a todos.


Las preguntas aporrean el cristal de la ventana,

como un perro huérfano ladran

frente a nuestro beato sillón.


Les oponemos tristeza, y cansancio,

y ardides peores: humo y balas

de un calibre menor que la vida.


No tenemos excusa. Vamos, vamos,

deberíamos inclinarnos aun sin fuerzas

sobre esas preguntas,

como uno que agoniza vuelve el rostro a la luz.



Los buenos dolores pasados

El peso de mi vida no es suficiente

causa que justifique esta postración,

este vivir entre las pinzas de un cangrejo,

con el ánimo a contrario de cada paso

que doy hacia delante. Tengo heridas

que son firmes, pero aladas sandalias

para llevar mi pasos presentes con prudencia,

recordándome todos los infiernos

que visité, y todos los peligros

a los que jamás supe decir no.

Las llevo en la piel más íntima,

como un amuleto. Por eso no comprendo

por qué esta quincalla me estrecha su cuerda,

y esta angustia de desván sofocándome

puede más que la lección aprendida

de los buenos dolores pasados.



Junio, fin de curso

La danza de los niños

alrededor del maestro,

representando su adiós

al viejo tiempo compartido

desde el otoño,


me expulsa y me atrae;

me cierra el paso

y me adelanta los pies.


Yo voy ligero,

por momentos como un pájaro,

aunque por momentos dude.


Sostengo una montaña

de sordera y engaño

al girar otra vuelta,

y cierto anhelo en mí,

una explosión callada

me transforma en escucha fiel


y en eco de otra danza

que dirige los planetas, las noches

de estío expectantes

y los días que huyeron

como un papel al viento.



Corpo d'amore

Me gusta en las tardes

lentas de verano

escuchar canciones

de mis diecisiete años.

Pasear desnudo

en mi habitación

con otro cuerpo

desnudo, y vivir

lo que de adolescente

soñaba.


              Entonces, y ahora

una satisfacción menor

es engañar al tiempo.



Carta de postres

No era mi sabor

su preferido.

Descubre, inventa

a cada momento

una golosina:

chupaba un polo

de frenesí y pistacho

cuando la conocí.


Me dijo entonces tú debes

saber a barro de helecho y a suela.


Puso un nido de nieve en mi lengua

la primera vez que nos separamos.


Como siempre cambia de gustos, yo

también he cambiado desde ese día.


Fui metal y fui ola y fui abeja,

fui hueso y ya no soy coral,

ya no soy relincho de un tren nocturno

ni tengo el sabor tranquilo

del té de las tardes.


Es que, en cada encuentro

y en cada despedida, me crea

como elige en la carta

el postre que prefiere.


Hoy ha elegido uno raro,

un trozo de hielo, sólo.


                                       Mañana,

cuando le apetezca yo de nuevo,

¿a qué voy a saber?, ¿sabré a libro

de poemas amarillento,

a un sentimental pecio del pasado,

un galeón en miniatura

dentro de una botella?


Hoy le mandé un retrato mío:

no sé ya si soy.

                         Dile,

retrato, dile

a qué sabe la nada.



Baño en el río

Meterse dentro de ti

es bajar a una cumbre;

bañarme, otra vez,

en la emoción continua,

crecida en las montañas,

al pie de una ladera oscura de ceniza.


Volver a reconocer, tras mucho tiempo

de vivir separados,

esa puerta que me echó al mundo.


Un relámpago de sosiego,

un cruce de agujas que señalaran

hasta ahora en sentidos opuestos

y de repente se reconocieran


como los polos de un mismo rotario,

las mitades simétricas de un todo,

las divisiones de una unidad.


Meterme dentro de ti

es cesar por un momento la lucha,

desertar de ese otro río

que impone su sello áspero

a mi sangre y a mis palabras;

y salir comprendiendo

la emoción de tu huida

siempre fiel a la tierra.



Provincia

Se nace siempre bajo el signo equivocado, y vivir con dignidad consiste en rectificar cada día el propio horóscopo.

Umberto Eco.


Entrecerrados entreabiertos consumidos

en un acorde que no cesa de pulirse las uñas,

cogidos de una mano por la espalda,

maniatados y ciegos a la dura plantación del día.


Decididamente irreales, agua de permanencia

sin cuchillos ni fondo mineral;

descansado estado que serena la vida

en términos gaseosos y números sometidos.


Iguales celdas iguales dormitorios

remota provincia de ojos con sueño

y avidez acompasada,

acompasada renuncia

y féretros iguales.


Desovan en los niños saberes acolchados.

El curso de la vida no pasa por sus tules,

ni el derrame de un pájaro ni la sorpresa

de comprender, un buen día, que existen.


Extraños a sí mismos, indiferentes a lo demás,

ignoran que ser hombre es construir

cada día una ventana en la niebla.


Llaman niebla a su Dios;

llaman niebla a su Patria ensimismada.

Ignoran que ser hombre es construir

una ventana a otro hombre.



Resort

Me decías que podías nombrar

tres cosas para llevarte a una isla:

la palabra, el silencio,

y el diálogo entre los dos.


Pero ya no hay islas desiertas

sino un litoral y un bosque

urbanizado, ruidoso; ladrillo

y campos de tiro y campos de golf


-o todos vamos siendo ya

un poco islas, desiertos.

Decías, al fin: no hay islas desiertas,

y temblaba tu voz.

Escrito en una pared

Ciudadanos

de un barrio

olvidado:


como árbol

que echa hojas,

vosotros, penas.


Sois la costa

que abatió

el tsunami;


os cubre el oleaje

de la fatalidad

con la primera leche

de vuestra madre.


En una pared habéis escrito:

NO TE QUIERE.



Homo lupus

En esas tardes vueltas

a un lunes o a un viernes de dolores

desde un sábado glorioso

en que beben su vino alegre los obreros,

olvidando durante unas horas

el sudor y las muertes

que cuesta la alegría;

toca de pronto a muerto

o a desaparecido

la campana del mar.


Un lobo agazapado

en todas mis vigilias,

dentro de mis pensamientos

solos en la alta noche;


un fuego hostil

se vuelve

mi paz, mi casa

se llena de luto por el hermano

que no conozco.



Fuera de campo

a Joaquín Piqueras, por su libro Concierto non grato.


Los poemas que me gustan

tienen hielo y fuego

abajo en sus bodegas

y encima de sus sílabas

entretejido el tiempo.


Un soplo de vida cotidiana

junto a un aire metafísico

que seca la boca después

de sonreír la inteligencia.


Tienen ecos invisibles, inauditos

pasillos en la oscuridad,

encienden lo que estaba,

para el ojo, fuera de campo.



La vela del demonio

a Luis Cernuda.


En la sospecha de que tu voz recuerde

la voz del demonio,

ve ahí reunida tu familia erudita

con el Consejo de la ciudad. Dirimiendo

ante los jueces nocturnos la querella

de tu homenaje, al cumplir tú cien años.


Como el marino al que un caprichoso azar,

una nube divina lo devuelve a su patria,

volviste tú a la tuya

cuando te daban ya por muerto entre los muertos.


Temen los eruditos el misterio del que estaban guardados,

y te presentan reducido a una corona marchita.


Insultan, así, a la inteligencia

de la vida y a la historia,

que hizo sitio a tu muerte en tierra extraña.


Aunque, comprende: sólo les mueve la rutina

de conseguir un poco de dinero.

Su servil inconsciencia les bendiga,

el aire que les ata a su columna.


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10 de October de 2008

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