Antonio García Vargas
fauno100@hotmail.com
(A Marguerite Duras, amour a flor de piel.)
Suspiros:
pequeñas burbujas
de aire.
Una mesa, un vaso, un río,
un charco diminuto
-pequeña isla de agua-
y, al fondo, ella.
Cara indefinida,
cuerpo lento, curvado;
cadera indescifrable.
¿Garçón?, ¡tráigame el cielo!
Al fondo Saint Germain y dos pájaros mañaneros.
Me mira, sí, me mira,
poso la vista en su escote,
se levanta,
¡viene hacia mí!
Desanda un par de pasos
-titubea el Cosmos-
una nube se interpone
entre ella y el sol;
¡desaparece el mundo!
De pronto se decide;
se acerca y me sacude
su calor de loba
su perfume de hembra.
No hay palabras;
sus ojos claros, su aliento,
hablan, gotean, descifran
códigos no escritos
del idioma milenario.
Toma mi mano,
-sierpe bajo el pliegue de su falda-
la posa en su sexo;
me fragmenta,
rompe sellos, abre diques,
me vacía
penetrando el abismo de sal.
Tras los muros de Saint Sulpice
junto a tres golondrinas
y una ardilla fugaz
absorbe mi espacio, lo hace suyo
sepultándolo en incienso
bajo un órdago de lujuria.
¡Carne abrasada! ¡carne, sólo carne!
¡nada más que carne!
¡nada menos! ¡nada más!
Tras bebernos la noche
-esfuerzo luminoso-
nacemos al nuevo día
-distintos, eléctricos-
amándonos
en el centro de las cosas
como si nada
¡como si todo!