Isabel Alamar
isabelalamar@ono.com
Nosotros
La vida se alimenta de momentos de gloria,
de pequeños y grandes descubrimientos,
de búsquedas más allá del lenguaje
e incluso de nosotros mismos.
Por eso, dejémonos llevar por lo innato
que hay en nosotros mismos:
abandonémonos a pensar.
La voz de nuestro tiempo
No debemos atormentar a las musas.
Las musas son tópicas y no existen.
La realidad, por el contrario, es palpable.
La tierra, no el cielo flamante e indoloro,
es lo que nos ocupa.
No quiero una realidad eterna sino práctica.
Olvidémonos de la rosa y el clavel.
Aunque sólo sea por un instante,
hablemos del cardo o, si queréis hablar de la rosa,
al menos nombrad una a una sus espinas.
Ante los dientes como perlas y los labios de rubí,
prefiero hablar de los dientes y la voz de nuestro tiempo.
De ser poeta
Vamos a olvidarnos del mundo, y a escribir poesía.
Vamos a dejar fluir la tinta de nuestro desasosiego
en ráfagas sordas y salvajes que nos sacudan con su fuerza.
Necesitamos palabras, y más palabras, seguidas de palabras
que se nutran de rock duro sobre un escenario en cueros.
Arropémonos luego con ellas, para protegernos del frío de
todo tipo que surge por doquier.
Y después de que sintamos, poco a poco, cómo su calor nos impregna,
cantemos o escupamos versos, qué más da.
Vamos a sentirnos de una vez y por todas poetas.
Las semillas de la creatividad
El poeta esparció en el aire un puñado de semillas
azules,
nacidas de su creatividad, de su amor por el lenguaje,
y a su paso las palabras florecían sobre la tierra roja.
Entonces reivindicó su derecho a escribir:
a escoger todo aquello que deseara nombrar,
a intentar domar las palabras en versos líquidos,
a tomar libre posesión del ritmo y de la rima,
a ejercer toda su fantasía, como símbolo de su libertad.
El ingenio
¿Quién entenderá su velada voz?
¿Quién descifrará sus insinuadas huellas?
¡Tanto derroche de talento y llama!
¡Tanta brasa incendiaria!
¡Tanta lluvia de ascuas!
¡Tanto azote verborreico!
Probablemente casi nadie.
La transformación
Vivir en la inconsciencia,
apurando la felicidad de los tontos a grandes sorbos,
durmiendo el sueño de los necios por largo tiempo.
Sin embargo, de bruces despertar al fin un día,
y descender sobre ti todas las sombras,
y andar por caminos borrosos,
cargados de abrumadora realidad,
pegajosa, viscosa, y no poder dormir más.
La lucha cotidiana
Luchar en tierras inhóspitas
para que las cosas cambien,
porque en nuestras manos
se halla la posibilidad
de participar aún en mil batallas,
y salir victoriosos del combate
en más de una ocasión.
La búsqueda
Parece que voy atrás en el camino y en el tiempo,
desandando pasos ya dados, buscando cosas que nunca encuentro
y que sin éxito persigo una y otra vez, sin descanso.
Lenta me muevo por las esquinas sin nombre en busca de un lugar
que todavía se muestra oculto: un lugar bello donde poder brillar.
Lluvia
Esta noche llueve torrencialmente y no tengo ganas de vestirme.
Por eso, voy a hablar sin tapujos sobre el cielo rasgado y gris.
En esta noche tísica, en que llueve sobre mojado, caen las palabras
al suelo, como uñas destrozadas que no van a ninguna parte.
A pesar de la lluvia,
a pesar de la noche,
a pesar de todo y mientras tanto, existo, o procuro existir.
Y para sentirlo mejor escribo y vuelvo a escribir versos
seguidos de más versos, que lanzo contra ese cielo rasgado y gris.
El deseo
El deseo ígneo de quererte y no tenerte
es como un arma de doble filo.
Ese deseo en carne viva, frenético, febril,
más deseado cuanto más prohibido,
que se crece, que se extiende, que se expande,
que se hace espeso e inconmensurable.
Este deseo aciago de quererte y no tenerte.
La fijación
No me libraré de la angustia hasta que vuelvas.
Conozco bien tu abandono, mi fijación en tu carne.
En la hora de los cuerpos mi garganta se encuentra hueca
y húmeda. En la hora de los cuerpos, el deseo se muestra vivo:
y tu ausencia pesa y consigue acrecentar la voz de mi sexo.
La pasión
Acércame tu boca madura de besos
para que florezcan mis labios.
Deja trepar tus dos brazos por mi cuerpo
para poder sentir así, una a una, sus caricias.
Pero para arder y consumirme
dame tu pecho azul donde poder
al fin bramar entre las azules llamas
de este incendio subterráneo.
Lésbico amor
Ese beso de mujer
está destinado a otros labios femeninos
que son fuente y manantial de ternura.
Esos brazos de mujer
desean echar sus redes sobre otro cuerpo femenino
que es mar y océano de sensibilidad.
Esos ojos de mujer
buscan encontrarse con otra mirada femenina
que sea espejo único de su lésbico amor.
De erótica
Dos cuerpos tumbados en la cama de la noche
son algo más que dos astros alumbrando,
son dos bocas dispuestas a beber la una de la otra jugoso néctar,
son cuatro piernas para llegar hasta el preámbulo del placer,
son cuatro manos para llamar con fervor a sus puertas,
son diez dedos para recorrer sus largos y profundos recovecos,
mas sólo un dardo para penetrar en la dilatada estancia,
con pausado y sonoro ritmo, intermitente como la lluvia.
Luego, presintiendo la cúspide del gozo,
avanzar más, hasta alcanzarlo y apurarlo.
Finalmente, todavía cálidos y mojados,
yacer apaciblemente, apaciblemente yacer.