Adriana Serlik
lectora@telefonica.net
Las tribus perdidas
I
Cerca del río
de los ríos
que bordearon
mil y uno espejos olvidados
se levanta inexpugnable
la residencia
de las tribus perdidas.
Algunos dijeron
que eran diez
podrían haber sido mil,
doscientas,
o
sólo una
pero cerca del río
de los ríos.
Mantuvieron el murmullo
de las oraciones.
La tentación de detenerse
un instante a creer
que esa
sería su última residencia.
La oración
les contaba diariamente
que ya volverían
al paraíso perdido.
Y por eso
Creyendo
siempre creyendo
aceptaron
viajes
más viajes
como esclavos
como guías
de cuantiosos imperios,
como augustos compañeros
de otras vidas
de otros amaneceres
nunca suyos.
Cerca del río,
de los múltiples ríos
de las vidas
siguieron esperando
volver a una patria
nunca conocida.
II
Cuando llegues al encuentro
recuerda
que podremos hablar
de la reunión
indio y blanco
blanco e indio
indio blanco
blanco indio.
Que sólo el silencio
permitió el olvido
y alargó el ensueño
hacia el momento
donde todos
indios blancos
blancos indios
blancos e indios
llegarían.
¡Oh! Sepharad...
fuiste rama dulce
encanto de las frutas
dadivosas y perfumadas
pero tuve que dejarte,
alejarme con dolor
de tu cielo.
¡Oh! Sepharad...
viajé solitario
con el Libro,
oculto entre mis paños,
largas noches
lloré por ti,
y por los míos,
dispersos por los caminos
hacia tantas tierras
lejanas.
Y llegué al final del mundo
para escuchar la shemá
en la boca de ese indio
después de partir
de Cartagena de Indias,
caminando una semana,
descansando el sabbat,
en este año de
mil seiscientos
cuarenta y cuatro.
Poema XXIII
Me apasiona la idea.
Abriré la carta
la puerta
la ventana
y me sentaré a rezar.
¿Qué digo?
No es un rezo religioso
compasivo,
compulsivo.
Me sentaré a rezar.
Meceré suavemente el cuerpo
encenderé la vela
cerraré los ojos,
soñaré.
Ese es mi rezo.
La fusión con mi yo.
Me sentaré a rezar
sellaré los ojos,
la música invadirá
y los oídos
serán el pórtico del mundo.
Ese es el rezo.
Extenderé las manos
hallaré tu cara,
la descubriré.
Ese es el rezo.
Los ojos te contemplarán.
Amaré cada poro tuyo,
cada arruga
cada lunar.
Ese es el rezo.
Y cuando la música
mis ojos, mis manos
mis oídos
mi movimiento
se unan contigo
y la dicha nos invada
recordaré a Dios
y ese
es el rezo.