Patricio Armando Sánchez
patricio.sanchez-rojas@wanadoo.fr
( Para los poetas del Maule, Chile.)
Si Dios quiere, el día menos pensado formaré parte
de una hermosa antología literaria llamada Los Poetas Olvidados,
pero antes he de esperar, pacientemente, a que pasen los años,
estos largos años de tedio, los que con suerte, si no son cien o más
los años que habré de esperar, hasta quizás pueda un día ver y
palpar aquel libro, y descubrir con gozo mi nombre escrito en grande,
al pie de página, y un modesto currículo, en la hoja número treinta
y tanto por ejemplo, en la que se dirá tal vez, elogiosamente, que fui
poeta de obra escasa, amante de la vida y del sexo
opuesto, lector mediocre,
quizás, sin ambiciones claras en el plano de las letras
y, además, adicto al alcohol y a los conflictos humanos,
huraño por añadidura, de salud precaria y, para colmo, de origen
modesto.
Después -claro-, reiré eternamente de todos estos pobres
comentarios sobre mi persona y mi obra, acodado tal vez en una vieja
sepultura, de algún patio de un cementerio de provincia, donde algunas
flores
ya resecas se habrán deshojado, una a una, sobre el suelo humedecido,
gracias a una mano suave, similar a la del viento.
(Florencia, 2000.)