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El intento de ocultación llagaba a grados grotescos, y trataba muchas veces de suprimir la existencia misma de la persona en cuestión. Cuando se publican, en 1942, las Meditaciones cartesianas, de E. Husserl, en cuya contraportada figuraba el siguiente lema: «Traducido por José Gaos», el censor de turno prohibió la circulación del libro por figurar en él el nombre de José Gaos, que era uno de esos «facinerosos» de que hablaba la prensa, y cuyo nombre ni siquiera merecía estamparse en letras de molde; pero como el libro ya estaba impreso, se llegó a una solución de compromiso, y es que apareciese en todos los ejemplares la leyenda: «Traducido por» seguido por un enorme tachón negro. Era, evidentemente, la forma que tenía la censura de borrar la existencia de Gaos. |
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ABELLÁN, José Luis. De la guerra civil al exilio republicano : 1936-1977. Madrid : Mezquita, 1983. p. 103. |