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Política y religión

Política

Sin fecha. Mensaje de Acuña al conde de Nassau interesándole en su negocio



     Archivo de la Real Academia de la Historia.

     [FERRER DEL RÍO, A. (ed.). Decadencia de España : Primera Parte : Historia del Levantamiento de las Comunidades de Castilla. 1520-1521. Madrid : 1850].



     Lo que diréis vos, señor, al muy ilustre conde de Nasaute es que se acuerde en mi fatiga de su palabra tan de buen caballero e ayudar a mi justicia con S. M.; y que se acuerde de mis servicios hechos a la corona real, en especial los que hice al rey don Felipe de gloriosa memoria, teniendo en Roma cargo de su embajador. Y prosupuesto que en las desventuras pasadas yo hice cuanta diligencia pude sin manifiesto peligro por servir, y que no fui acogido, y me acogí a los lugares que estaban en el amistad de los procuradores por necesidad forzosa y por justo temor; y que hice los bienes que pude y no males; y que en lo que pude serví señaladamente, y nunca olvidando el respeto de servir, a que causa fui preso; le suplico que haya compasión de mis males y de mi fatiga, causada por malas informaciones hechas por respetos particulares de en tiempos ocasionados a hacerse contra justicia y contra verdad, cuyo remedio es oficio de buen caballero y de buen servidor de S. M y de estreno mérito con Dios. Y como por tanto beneficio y merced, librándome mis bienes, y con dar fianza de pagar lo juzgado, serviré con cuarenta mil ducados a grado de su señoría, y sin inconveniente para cumplir la paga suya en el obispado de parte de beneficios, fuera comodidad y provecho y de esperanza a servicio de S. M. y a voluntad del señor conde. Y aunque yo desearía sobre todo un razonable retraimiento, siendo S. M. servido serviré señaladamente y provechosamente en merced porque suplico se me de libertad o por sola clemencia y merced justificada o por merced de mandarme hacer justicia tan verdadera cuanto de tal príncipe se espera con todos sus súbditos, y más con eclesiásticos, hechura de su real casa; certificando a su señoría que son más de doce las defensiones, que cada una de ellas bastaría a no tener daño por justicia: ninguna causa hay a que no responda justamente, demás de haber sido yo admitido a la clemencia de nuestro muy santo padre, sólo exceptuando los daños que pareciesen, y demás de estar yo dispensado por autoridad apostólica en lo de juicio espiritual y temporal.





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