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Política y religión

Política

1520. Carta de Toledo a las demás ciudades invitándolas a reunirse en junta



     [FERRER DEL RÍO. A.(ed.) Decadencia de España : Primera parte : Historia del Levantamiento de las Comunidades de Castilla. 1520-1521. Madrid : 1850].



     Muy magníficos señores: Pues nuestra gente de guerra ha ya pasado allende los puertos, y está en su tierra, no es necesario decir cómo la enviamos para socorrer a la ciudad de Segovia. Y a la verdad, aunque el socorro no fue mayor de lo que merecían aquellos señores, todavía fue más de lo que pensaban sus enemigos. No dudamos, señores, que en las voluntades acá y allá seamos todos unos; pero las distancias de las tierras nos hacen no tener comunicación las personas; de lo cual se sigue no poco daño para la empresa que hemos tomado de remediar el reino, porque negocios muy arduos tarde se concluyen tratándose por largos caminos. Muchas veces y por muchas letras, os hemos, señores, escrito, y pensamos que tenéis conocida la santa intención que tiene Toledo en este caso. Pero, esto no obstante, querríamos mucho que; personalmente oyese de nuestras personas lo que habéis visto por nuestras letras. Porque hablando la verdad, nunca es acepto el servicio hasta que se conozca la voluntad con que es hecho. Los negocios del reino se van cada día mas enconando, y nuestros enemigos se van apercibiendo. En este caso será nuestro parecer, que con toda brevedad se pusiesen todos en armas. Lo uno para castigar los tiranos; lo otro, para que estemos seguros. Y sobre todo es necesario que nos juntemos todos para dar orden en lo mal ordenado de estos reinos, porque tantos y tan sustanciosos negocios, justo es que se determinen por muchos y muy maduros consejos. Bien sabemos, señores, que ahora nos lastiman muchos con las lenguas, y después nos infamarán muchos con las péñolas en sus historias, diciendo, que sólo la ciudad de Toledo ha sido causa de este levantamiento; y que sus procuradores alborotaron las cortes de Santiago. Pero entre ellos y nosotros a Dios Nuestro Señor ponemos por testigo, y por juez de la intención que tuvimos en este caso. Porque nuestro fin no fue alzar la obediencia al rey nuestro señor, sino reprimir a Xeures y a sus consortes la tiranía; que según ellos trataban la generosidad de España, más nos tenían ellos por sus esclavos, que no el rey por sus súbditos. No penséis, señores, que nosotros somos solos en este escándalo, que habiéndoles verdad, muchos prelados principales y caballeros generosos, a los cuales no sólo les place de lo que está hecho, pero aún les pesa porque no se lleva a cabo: y según hemos conocido de ellos, ellos harían otras peores cosas, sino fuese más por no perder las haciendas, que por no aventurar las conciencias. Así para lo que se ha hecho como para lo que se entiende hacer, debería, señores, bastar para justificación nuestra, que no os pedimos, señores, dineros para seguir la guerra sino que os enviamos a pedir buen consejo para buscar la paz. Porque de buena razón el hombre que menosprecia el parecer propio, y de su voluntad se abraza con el parecer ajeno, no puede ninguno argüirle de pecado. Pedimos os señores por merced que vista la presente letra, luego sin mas dilación enviéis vuestros procuradores a la Santa Junta de Avila: y sed ciertos, que según la cosa está enconada, tanta cuanta más dilación pusiereis en la ida, tanto más acrecentaréis en el daño de España. Porque no es de hombres cuerdos al tiempo que tienen concluido el negocio, que entonces empiecen a pedir consejo. Hablando más en particular, habéis, señores de enviar a la junta tales personas, y con tales poderes, que si les pareciere puedan con nuestros enemigos hacer apuntamiento de la paz, y sino desafiadles con la guerra. Porque según decían los antiguos, jamás de los tiranos se alcanzará la deseada paz, sino fuere acosándolos con la enojosa guerra. No pongáis, señores, escusa diciendo, que en los reinos de España las semejantes congregaciones, y juntas son por los fueros reprobadas, porque en aquella Santa Junta no se ha de tratar sino el servicio de Dios. Lo primero, la fidelidad del rey nuestro señor. Lo segundo, la paz del reino. Lo tercero, el remedio del patrimonio real. Lo cuarto, los agravios hechos a los naturales. Lo quinto, los desafueros que han hecho los extranjeros. Lo sexto, las tiranías que han inventado algunos de los nuestros. Lo séptimo las imposiciones y cargas intolerables que han padecido estos reinos. De manera, que para destruir estos siete pecados de España, se inventasen siete remedios en aquella Santa Junta, parécenos señores, y creemos, que lo mismo os parecerá, pues sois cuerdos. Que todas estas cosas tratando, y en todas ellas muy cumplido remedio poniendo, no podrán decir nuestros enemigos que nos amotinamos con la Junta, sino que somos otros Brutos de Roma redentores de su patria. De manera, que de donde pensaron los malos condenarnos por traidores, de allí sacaremos renombre de inmortales para los siglos venideros. No dudamos, señores, sino que os maravillaréis vosotros, y se escandalizarán muchos en España de ver juntar Junta, que es una novedad nueva. Pero pues sois, señores, sabios, sabed distinguir los tiempos, considerando que el mucho fruto que de esta Santa Junta se espera, os ha de hacer tener en poco la murmuración que por ella se sufre. Porque regla general es, que toda buena obra siempre de los malos se recibe de una guisa. Presupuesto esto, que en lo que está por venir todos los negocios nos sucediesen al revés de nuestros pensamientos, conviene a saber, que peligrasen nuestras personas, derrocasen nuestras casas, nos tomasen nuestras haciendas, y al fin perdiésemos todos las vidas; en tal caso diremos, que el disfavor es favor, el peligro es seguridad, el robo es riqueza, el destierro es gloria, el perder es ganar, la persecución es corona, el morir es vivir. Porque no hay muerte tan gloriosa como morir el hombre en defensa de su república. Hemos querido, señores, escribiros esta carta para que veáis cual es nuestro fin al hacer esta Santa Junta, y los que tuvieren temor de aventurar sus personas, y los que tuvieren sospecha de perder sus haciendas, ni curen de seguir esta empresa, ni menos de venir a la junta. Porque siendo como son estos actos heroicos, no se pueden emprender sino por corazones muy altos. No más sino que a los mensajeros que llevan esta letra, en fe de ella se les de entera creencia. De Toledo año de mil quinientos y veinte.





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