Calendario
republicano francés 
por Raul Velasco Peláez y Daniel Climent
La Asamblea Nacional
de la Revolución Francesa, con el entusiasmo por lo que creían
que constituía el inicio de una nueva era, trató de
romper las ataduras con el orden antiguo.
Una de las principales
decisiones consistió en unificar las medidas de longitud
y, dependiendo de éstas, las de superficie, volumen y masa1.
La comisión
encargada de definir el nuevo sistema de unidades, de base decimal,
estaba formada por científicos de la talla del químico
Lavoisier, y de los astrónomos y matemáticos Lagrange
y Laplace.
La vocación
de universalidad del nuevo sistema les llevó a adoptar como
a referente algo que pudiera ser considerado como propio por toda
la humanidad, las dimensiones de la Tierra.
Para efectuar las
medidas más precisas de nuestro planeta se comisionó
a dos científicos, Delambre y Méchain, para que calcularan
con exactitud la distancia entre París y Barcelona y, a partir
de dicho cálculo, la longitud del meridiano terrestre.
Gracias a la tarea
realizada por ambos grupos, unos años más tarde se
definió la unidad fundamental de longitud, el metro, como
la diez millonésima parte de la distancia entre un polo y
el Ecuador.
Mientras tanto, las
conspiraciones del rey Luis XVI para acabar con la Asamblea habían
propiciado un golpe de estado que llevó a la deposición
del rey (10 de agosto de 1792), la convocatoria de elecciones y
la proclamación de una nueva Asamblea de carácter
constituyente llamada Convención.
La Convención
derogó la constitución de 1791, abolió legalmente
la monarquía (21 de septiembre de 1792) y fundó la
I República francesa (22 de septiembre de 1792).
Así como la
Asamblea había adoptado el sistema métrico decimal
y comisionado a unos científicos para definir las unidades
de medida del espacio, la nueva Convención propuso la creación
de un nuevo calendario adaptado al sistema métrico decimal.
Con ese objetivo
se creó una comisión, integrada por astrónomos
y matemáticos -Laplace entre ellos- y presidida por el diputado
Gilbert Romme, profesor de matemáticas.
La comisión
decidió volver a numerar los años, de tal manera que
la nueva Era empezaría en el momento en que se instauró
la I República francesa, el 22 de septiembre de 1792, que
sería llamado Año I (¡otra vez el error de Dionisio
el exiguo!), y el inicio de cada año correspondería
al equinoccio de otoño2.
También se
decidió sustituir el sistema cristiano de agrupar los días
en semanas y meses cambiantes por otro que se ajustara al sistema
decimal, así como cambiar los nombres tradicionales de meses
y días.
Como el año
tiene 365 días, al tratar de hacer divisiones coherentes
con el sistema decimal, se llegaba a un callejón sin salida:
o bien se optaba por 10 meses de 36 días o bien por 12 meses
de 30 días, es decir, que si una de las divisiones se ajustaba
al sistema decimal (10 meses o 30 días), la pareja correspondiente
no lo hacía (36 días o 12 meses).
Aún así,
cualquiera que fuera la decisión, siempre sobrarían
5 días (y 6 los años bisiestos).
La solución
finalmente adoptada fue que el año constaría de 12
meses, todos de 30 días y agrupados en 3 décades,
con cinco (o seis) días especiales al final del año.
Del mismo modo que
la medida del espacio venía legitimada por tener a la Tierra
como referente, los nombres de los meses habrían de basarse
en otro aspecto que consideraban común, los fenómenos
climáticos, que ellos llamaban "la Naturaleza".
Así pues,
la comisión presidida por Romme basó su propuesta
en dos pilares: la Naturaleza como legitimidad y el sistema métrico
decimal como efectividad.
Y, de manera similar
a como el emperador Carlomagno había intentado mil años
atrás, los meses ya no llevarían los nombres de dioses
y emperadores romanos, sino que registrarían el paso natural
de las estaciones... en la región parisina3.
Los nombres de los meses.
Para asignar los
nuevos nombres a los meses se escogió al poeta Fabre d'Eglantine,
autor del celebrado poema "Il pleut, il pleut bergère".
Los criterios que
adoptó fueron los siguientes:
Los tres meses de
cada estación tendría la misma terminación:
- El otoño acabaría en -ario, de sonido grave
y medida mediana.
- El invierno en -oso, de sonido pesado y medida larga.
- La primavera en -al, alegre y breve.
- El verano en -oro, sonoro y de medida larga.
El resultado fue
un calendario en que los meses tenían los siguientes nombres:
|
|
|
Correspondencia con el día de inicio del mes, según
nuestro calendario
|
significado: mes de
|
|
1
|
Vendimiario
|
22 de septiembre
|
la vendimia
|
|
2
|
Brumario
|
22 de octubre
|
las nieblas
|
|
3
|
Frimario
|
21 de noviembre
|
las heladas
|
|
4
|
Nivoso
|
21 de diciembre
|
las nieves
|
|
5
|
Pluvioso
|
20 de enero
|
las lluvias (del latín pluviosus)
|
|
6
|
Ventoso
|
19 de febrero
|
los vientos
|
|
7
|
Germinal
|
21 de marzo
|
La germinación (del latín germinare,
iniciar el desarrollo de las semillas)
|
|
8
|
Floreal
|
20 de abril
|
la floración (del latín floreus, en flor)
|
|
9
|
Pradial
|
20 de mayo
|
los prados
|
|
10
|
Mesidor
|
19 de junio
|
la siega de las mieses
|
|
11
|
Termidor
|
19 de julio
|
el calor (del griego therme, calor)
|
|
12
|
Fructidor
|
18 de agosto
|
los frutos
|
Finalmente, al 5
de octubre de 1793 le siguió el 14 de Vendimiario del año
II.
A partir de entonces,
y hasta que ese calendario fue abolido por Napoleón en 1804,
los registros y dataciones franceses vienen con aquella terminología.
Como ejemplos, citaremos
algunos que han adquirido un cierto valor histórico:
Vendimiario. El 13 de Vendimiario del
año IV (5 de octubre de 1795) se produjo un alzamiento
realista, que fue sofocado.
Brumario. El 18 de Brumario del año
VIII (9 de noviembre de 1799) Napoleón protagonizó
el golpe de estado, preludio de su toma del poder unipersonal.
El 4 de Brumario del año IV (26 de octubre de 1795) se
disolvió la Convención, tras sofocar el levantamiento
realista del 13 de Vendimiario.
Frimario. El 25 de Frimario del año
XIII (1804), el aeronauta Garnerin elevó sobre París
un globo para informar, mediante una inscripción con letras
doradas, que Napoleón acababa de ser coronado emperador
por S.S. Pío VII.
Pluvioso. El 1 de Pluvioso del año
I (21 de enero de 1793) fue decapitado Luis XVI.
Germinal. En Germinal del año V
(principios de abril de 1797) se convocaron elecciones, que ganó
la derecha.
Floreal. El 18 de Floreal del año
III (8 de mayo de 1794) fue guillotinado Lavoisier, el "padre"
de la Química.
Pradial. Eo El 1 de Pradial del año
III (20 de mayo de 1795), se produjo una insurrección protagonizada
por los más radicales; uno de los dirigentes fue Charles
Gilbert Romme, el presidente de la comisión que había
dictaminado el nuevo calendario; condenado a muerte, se suicidó
en la prisión.
Termidor. Eo El 10 de Termidor del año
II (28 de julio de 1794) se produjo un levantamiento contra quienes
dominaban la Convención, los diputados de la Montaigne,
y de su método de gobierno, el Terror; como consecuencia,
Robespierre y numerosos seguidores suyos probaron la eficacia
del aparato del doctor Guillotin, que tantas veces habían
hecho servir contra sus enemigos; la Convención entró
en un periodo llamado "termidoriano".
En el Bulletin des Sciences que lleva por fecha Thermidor,
an 11 de la République (1803), Étienne Geoffroy
Saint-Hilaire, un de los primeros evolucionistas franceses (junto
a Lamarck), acuñó el término "monotrema"
para referirse a los ornitorrincos.
Fructidor. El 18 de Fructidor del año
V (4 de setiembre de 1797) se produjo un coup de force
protagonizado por Barras, la Réveilliére-Lépeaux
y Rewbel, destinado a eliminar del poder a la derecha, mayoritaria
desde las elecciones del anterior Germinal.
Los nombres de los días.
Una vez sustituida
la semana por la décade se quiso dar a cada uno de
los días el nombre de los grandes prohombres de la libertad;
sin embargo, la proposición fue rechazada por dos motivos:
seria difícil llegar a un consenso, y en caso de hacerlo
se corría el peligro de transformarlos en semidioses.
El director del nuevo
calendario, Romme, soltero empedernido, defendía ante la
Cámara que el primer día del año habría
de ser llamado "de los esposos" a lo cual le contestó
el diputado Albitte advirtiéndole que "todos los días
son de los esposos", con lo cual se acabó la discusión
Al final, a cada
día de la semana se le atribuyó un nombre numérico
latín, en lugar de los tradicionales dedicados a los planetas,
el Sol y la Luna.
A los cinco días
que quedaban fuera de los meses se les asignaron los siguientes
nombres, de carácter edificante: les vertus, le génie,
le travail, la opinion y les récompenses; si el año
era bisiesto, el nuevo día era llamado Sans-culottide
y, como los anteriores, se dedicaba al descanso y a los deportes.
Pero, fueran los
que fueran los nombres de los días, el hecho es que sólo
había una jornada de descanso cada diez días, es decir,
una menos por mes, lo que no deja de ser sorprendente, ya que un
gobierno pretendidamente revolucionario y popular hacía trabajar
más al pueblo.
La división de las horas.
Durante los años
de la Convención no sólo se libraba una guerra de
monárquicos contra republicanos, y de los ejércitos
extranjeros contra los de la Convención; también se
daba otro tipo de conflictos internos, como los protagonizados por
los reformistas de la Gironda contra los radicales de la
Montaigne, o por los partidarios del 10 y el 100 como formas
de dividir el tiempo (con Laplace como adalid) y quienes querían
mantener el 12 y del 60 (que tenían en Condorcet su campeón
y máximo celador).
Los defensores a
ultranza del sistema métrico decimal defendían que
el día se había de dividir en 10 horas, cada hora
en cien minutos y cada minuto en 100 segundos.
Pero, claro, eso
suponía que había de fundir todos los relojes, sustituir
los carrilones de cada torre y campanario... imposible.
Para llegar a un
equilibrio entre los grupos enfrentados, se llegó al acuerdo
que las semanas se harían de 10 días, décades,
pero que los días continuarían teniendo la antigua
división en 2*12 horas, y las horas sesenta minutos.
Todo este sistema de contabilizar
el tiempo duró hasta 1804, en que Napoleón, el nuevo
emperador, decretó su abolición y la vuelta al calendario
gregoriano.
Notas
1.La
unidad de masa fue definida en función de un determinado
volumen (=longitud3) de agua.
2.
Según Robert Graves (La diosa blanca), los calendarios
cretense, chipriota, délfico, los de Ásia Menor y
los de Palestina de la época pre-clásica, anterior
a la llegada de los indoeuropeos, también empezaban en septiembre;
los indoeuropeos impusieron un cambio en la estación del
inicio del año, que pasó a la primavera.
3.
Mientras que las dimensiones de la Tierra no dependen de la
posición de los observadores, las estaciones climáticas
verían según la latitud y la continentalidad, y los
cambios estacionales de la región parisina no eran equivalentes
a los de otros lugares. La revolución adquiría un
carácter centralista cada vez más acusado.
|