La ciencia cortesana en la España de Felipe II
por Grupo Folchia
Historia de la Farmacia
Facultad de Farmacia
Universidad Complutense de Madrid
Una parte muy importante de la Historia es aquélla que se ocupa del desarrollo científico. El estudio de los textos y libros que conforman el grupo de inquietudes intelectuales de una sociedad debe ir siempre acompañado de una mirada a la Ciencia. O, quizás, al revés: el propio estudio de la Historia de la Ciencia es un buen índice para ver las propuestas dadas ante los problemas, la capacidad de implicación de toda una sociedad, los proyectos futuros y las necesidades a solventar. De esta forma aparece ante nuestros ojos cómo era el espíritu mismo de las gentes de un tiempo. Desconocemos cómo era para ellos el concepto 'Ciencia', según lo aplicamos hoy. Pero de lo que sí estamos seguros es de que eran conscientes del efecto utilitario socializador que finalmente producían tanto la Ciencia cómo la Técnica. Aunque el aprovechamiento era en muchas ocasiones parcial y no alcanzaba a la totalidad de las personas. Sin embargo, es difícil concebir que sin los conocimientos de un buen destilador se pudiese ofrecer agua de rosas, sin los de un buen boticario se hicieran mejores jarabes, o se pudiese prescindir de los de un buen cartógrafo que dijese cómo ir mejor a las Indias, de los de un arquitecto que hiciera un puente por donde vadear un río situado entre dos localidades, o de los de un buen arquitecto que elevara una presa. Voluntariamente o no, la Ciencia, y su hermana gemela la Técnica, afectaban a todos.
También es cierto que fue en el entorno de las cortes reales donde se aprecia una mayor concentración de «científicos», a pesar de que muchos «saberes» tuvieran asignado su lugar: las universidades. En el siglo XVI ambos escenarios (el académico y el cortesano) convivieron en aquellas cuestiones que les eran afines (Medicina, Astronomía...) Pero es en la Corte a donde, contratadas para el servicio real, llegaron desde Europa muchas personas, acompañadas de sus ideas y experiencias, en algunas ocasiones no conocidas aquí y en otras sí. Ya veremos algunos ejemplos en su apartado correspondiente.
La Ciencia y la sociedad peninsular de la segunda mitad de siglo XVI vivieron con unos condicionantes propios y prácticamente exclusivos.
En primer lugar, el de la religión. El Concilio de Trento, el hecho de que Felipe II se hiciera abanderado de la fe católica y la Inquisición fueron determinantes. En muchas ocasiones, dentro y fuera de España, se ha recurrido a la interpretación inquisitorial para mantener que la Ciencia hispánica estaba retrasada («muy retrasada») con respecto a la europea, subrayando la falta de libertad ideológica como el freno principal del desarrollo, sino el único. Pero los textos que se prohibieron estaban ya aquí. De muchos de ellos no sabemos cuánto tiempo estuvieron entre las manos de sus lectores. Ningún censor salió a otros países europeos a leerlos previamente. Pocas veces se registraba el equipaje de un General de una Orden al volver de Roma. Además, ¿qué filtro podía ser capaz de impedir que penetrasen las ideas luteranas, las heterodoxas o las novedosas cuando lo logró el paracelsismo, por ejemplo? ¿Cómo se sabía que Piscator no tenía ideas contaminantes? ¿Cómo se evitaba que Granvela se cartease con médicos alemanes, previa petición a éstos de una declaración de antiluteranismo? ¿O cómo podía el personal que acompañaba a Carlos V en sus viajes determinar a primera vista la condición religiosa de sus interlocutores?
En segundo lugar, la influencia de la sociedad en la Ciencia. ¿Era una sociedad móvil o cambiante en sus ideas? La Celestina fue un texto aleccionador para las doncellas ¡durante todo el siglo XVI! La doctrina médica llamada 'galenismo' fue la predominante en la Península mientras los médicos europeos empezaban a mirar a la 'iatroquímica'. ¿Indica esto que todo fue igual? No. El primer medicamento químico aprobado oficialmente en toda Europa fue una quinta esencia de oro potable en el año 1598. Lo hizo una institución hispánica llamada 'Real Protomedicato'. La primera Cátedra «de remedios secretos» europea fue la de la Universidad de Valencia en el año 1591, aunque sólo durase un año. La primera expedición científica fue la ordenada por Felipe II a México, y los ingenieros españoles idearon máquinas muy por delante técnicamente a las de su tiempo.
Es imposible poner barreras al campo. Por ello mismo y en tercer lugar, como elemento determinante del desarrollo científico hemos de señalar la «latinidad». El latín, aunque con graves problemas de uso en el plano académico universitario ya en la segunda mitad del siglo XVI, fue una vía libre para el intercambio y la divulgación. Hoy día es algo que ni la lengua inglesa ha podido alcanzar. Si un ingeniero, un arquitecto, un médico, un cirujano o un astrónomo publicaba en Italia un libro en latín, podía ser leído sin mayores problemas en cualquier punto del continente. En ocasiones, las ediciones de un mismo texto se sucedían una tras otra, lo que indica la demanda existente.
Nos proponemos ahora dar un repaso somero a la Ciencia durante el reinado de Felipe II, sin olvidarnos de todo lo apuntado en estas líneas.