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ArribaAbajo Viaje a la Literatura Infantil Universal


ArribaAbajo Los libros infantiles de Annie M. G. Schmidt

Amalia Bermejo9


El pasado mes de mayo un diario madrileño incluía en sus notas necrológicas la noticia de la muerte de Annie M. G. Schmidt, ocurrida unas horas después de cumplir los 84 años, el día 20 de mayo. A la sorpresa relativa de tal noticia se añadía la de comprobar que esa muerte no pasaba desapercibida, como suele ocurrir cuando se trata de autores conocidos especialmente por escribir para niños.

¿Tenía algo Annie M. G. Schmidt que no tengan los demás? Sin duda. Algo tan especial que ha hecho de ella una de las autoras llamadas a romper esas barreras que todavía a veces parecen seguir en pie y que separan la literatura para niños de la Literatura. Tres generaciones de niños holandeses han crecido con los libros de Annie Schmidt. Esas generaciones han seguido más tarde sus programas para radio y televisión, han cantado sus canciones.

En España conocemos sus libros desde hace solamente algunos años, cuando en 1983 se tradujo Uiplalá y más tarde otros títulos, hasta que, con la concesión del Premio Hans Christian Andersen en 1988, las traducciones de sus libros fueron más frecuentes; actualmente existen en el mercado once de sus más significativas obras en prosa.

Annie Schmidt escribió también numerosos libros de poemas, muy conocidos en su país. La dificultad de traducción de la poesía justifica quizá que ninguno de ellos se haya publicado en España. Existen en algunas otras lenguas y ya en 1981 se publicó en inglés una antología con el título de Pink Limonade:

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En la Francia lejana, en un bello jardín
entre flores y setos, por umbríos senderos,
se llega a un estanque sosegado y quieto
con limonada rosa hasta el borde lleno.

En bote remando lo cruzan los niños
-nadie lo prohíbe y se pasa bien-
y cuando no cantan, que a veces ocurre,
con pajas muy largas lo sorben también.

El estanque rosa es ya casi rojo
y a veces los niños se meten en él,
faldas y perneras bien arremangadas
lo pasan andando y beben a la vez.

Si uno de los niños del bote se cae
los demás lo pescan en un santiamén;
para que no quede pegajoso y rosa
lo escurren, lo lamen, lo dejan de pie.

El jardín en Francia es una delicia
-las flores, los setos, umbríos senderos-
pero es el estanque con la limonada
lo que más encanta, estaréis de acuerdo.

Los poemas de Annie Schmidt están llenos de fantasía y de finales felices, como sus relatos en prosa. En los años 70 en plena efervescencia de la literatura realista y de los «libros-problema», la crítica le reprochaba esta virtud, a la que ella fue siempre fiel.

No todos sus cuentos e historias son fantásticos, sin embargo. Pero sí terminan felizmente. Los cuentos de Jip en Janneke (Mila y Yaco en la versión española) son 250 aventuras de dos amigos «inseparables» que reflejan un mundo amable y seguro contado desde el punto de vista de los niños. Las breves   —17→   historias, casi escenas simplemente, no excluyen a los adultos, pero la aparición de estos no enturbia con prédicas moralizantes la vida apacible de los niños.

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Il. de Carl Hollander, para Minoes (1970), de Annie M. G. Schmidt. (Trad.: Minusa. Barcelona: Noguer, 1987, p. 125).

Abeltje (Abel el ascensorista) hace un recorrido por el mundo, con otras tres personas, cuando en su primer día de trabajo como ascensorista se le ocurre apretar el botón que no sabe adónde va. El ascensor emprende el vuelo y hace varias peligrosas escalas, en las que el desfile de caracteres, lugares y situaciones da pie a la autora para desarrollar su ironía frente a la sociedad. Esa ironía es patente en la mayor parte de sus obras y tiene quizá su origen en sus textos para la radio y el mundo del espectáculo, que siempre compaginó con sus libros para niños. Así por ejemplo, en Uiplalá, el poeta petrificado es colocado como una estatua en los jardines públicos y la gente hace cola en las librerías para adquirir sus obras, que nunca han leído antes.

La singular historia de Otje (Oti y papá Gastón) se burla con benevolencia de los trámites administrativos, que no permiten a Gastón tener sus papeles en regla y conservar un buen empleo. Son su hija Oti y sus animales   —18→   amigos quienes, a fuerza de ingenio, solucionan el problema. También los animales juegan un importante papel en Pluk van de Petteflet (Pluk el del Torrificio) donde Annie Schmidt introduce a un encantador «okupa», a quien sus vecinos -casi todos- adoran.

Y entre las historias con animales no puede faltar Minoes (Minusa), la historia de una gata convertida en mujer que sigue teniendo la sorprendente costumbre de frotar su cabeza contra el hombro de su «amo» para mostrarle su afecto. Un libro delicioso, donde el humor de las situaciones y diálogos hacen de la lectura un placer que invita a la reincidencia.

Uno de los últimos libros de Annie Schmidt, quizá el último, es Jorrie en Snorrie, traducido al español como Georgina y Bigotines. Una aventura vertiginosa, divertida e insólita, en la que encontramos a terroristas colocando bombas y a agricultores furibundos arrojando tomates, sin que nada de ello resulte dramático e irreparable. La capacidad de Annie Schmidt para presentar el lado amable de la vida parecía inagotable.

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Il. de Viví Escrivá, para Uiplalá, de Annie M. G. Schmidt. Barcelona: Noguer, 1983, p. 99.

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Su colección de cuentos Heksen en zo (Brujas, princesas y cosas así) está basada en los cuentos de hadas, a los que en cierto modo parodia. Es más claramente moralizante que el resto de sus libros, pero también ello está envuelto en una suave ironía, en la gracia de las situaciones y el dominio de las palabras.imagen

Il. de Karin Schubert, para Mila y Yaco, de Annie M. G. Schmidt. Madrid: Espasa-Calpe, 1988, p. 98.

La sencillez que rebosan los libros de Annie Schmidt y la fluidez de su lenguaje son fruto de una cuidada elaboración. Gran conocedora de los niños -trabajó durante muchos años como bibliotecaria en salas infantiles-, sus libros son comprensibles para los lectores, pero nunca infantiliza su léxico, error tan común entre los escritores para niños de poca edad.
Al recibir la Medalla Hans Christian Andersen, en Oslo, Annie Schmidt leyó una carta a Hans Christian y la ficticia respuesta de éste. Entre otras cosas le decía: «Estaba asustada por tener que hablar en inglés. Mi acento es horrible, peor incluso que el tuyo cuando leíste el cuento del patito feo a Charles Dickens en Londres, ¿te acuerdas?». Ironiza también sobre el país que visita, Noruega, donde «las bebidas alcohólicas son difíciles de conseguir». En su contestación, Hans Christian le felicita por su premio que, «como las bebidas alcohólicas, en el lugar donde yo estoy ahora, son mucho   —20→   más difíciles de conseguir que en Noruega».

Los dos, Hans Christian y Annie siguen entre nosotros.

Bibliografía citada:

-Abel el ascensorista. -Barcelona: Noguer, 1989.

-Brujas, princesas y cosas así. -Barcelona: Noguer, 1990.

-Georgina y Bigotines. -Madrid: SM, 1994

-Los inseparables Mila y Yaco. -Madrid: Espasa-Calpe, 1990.

-Mila y Yaco. -Madrid: Espasa-Calpe, 1989.

-Minusa. - Barcelona: Noguer, 1987.

-Oti y papá Gastón. -Madrid: Alfaguara, 1989.

-Pluk el del Torrificio. -Madrid: Alfaguara, 1988.

-Uiplalá. -3.ª ed. -Barcelona: Noguer, 1990.

Una bibliografía más completa se encuentra en Premio Andersen 1956-1994. -Madrid: AEALIJ, 1995.