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La mujer de Padilla, Doña María Pacheco

Tragedia española


Ignacio García Malo



PERSONAS
 

 
DOÑA MARÍA PACHECO,    mujer de DON JUAN DE PADILLA, que no habla.
PEDRO LÓPEZ,    padre de PADILLA.
EL MARQUÉS DE MONDÉJAR,   hermano de DOÑA MARÍA.
EL CONDE DE HARO,   general de los imperiales.
DON ÍÑIGO,    gobernador de Toledo.
MATILDE,   criada y confidenta de DOÑA MARÍA.
SOSA,   criado de PADILLA.
UN NIÑO,   que no habla.
Soldados.
Acompañamiento.
 

La escena se representa en un salón principal del Real y antiguo Alcázar de Toledo.

 




ArribaAbajoActo I

 

Salen PEDRO LÓPEZ turbado, y SOSA de camino.

 
LÓPEZ
¿Qué acaso inesperado te conduce
a la imperial Toledo? Dilo luego;
tu dilación aumenta mis temores,
tu turbación excita mis recelos.
Habla, di, ¿qué sucede? ¿A qué has venido? 5
Presagio de algún mal es tu silencio.
SOSA
Señor... Sabed... ¡Ay pena! Que mi amo
quedaba cuando yo... Seguir no puedo.
LÓPEZ
El alma me estremecen tus confusas
voces interrumpidas. ¿Qué funesto 10
y horrendo vaticinio me predices?
Di en fin ¿qué ha sucedido? Yo estoy muerto.
SOSA
Como Don Juan Padilla vuestro hijo
tomó a Torre-Labón, hizo el saqueo,
y ganó mucha parte de Castilla, 15
le dio nueva osadía el vencimiento;
pero el conde de Haro, con su tropa
instruida en el bélico manejo
atacó a los soldados de la Liga
del arte militar muy poco expertos, 20
y como todos eran habitantes
de Ávila, de Segovia, y otros pueblos,
cerca de Villamar lo abandonaron;
Haro, y sus capitanes le siguieron,
y estando las campiñas muy llovidas 25
con su caballería destruyeron
las escuadras secuaces de la Liga.
Entonces vuestro hijo quedó preso
con otros dos caudillos de su tropa,
y a otro día los tres... ¡Oh santo Cielo! 30
¡La congoja que el alma me comprime
interrumpe mi voz, corta el aliento!
Yo no puedo explicaros lo restante,
mas lo podréis saber por este pliego
que escribió de su puño vuestro hijo, 35
y me encargó entregase con secreto
a su mujer, con otro que he entregado
ahora al gobernador.
LÓPEZ
Dámele luego.
SOSA
Tomad, pero advertid...
LÓPEZ
¡Qué triste anuncio
me predice esta carta! Ya yo tiemblo 40
aun antes de leerla. ¡Ah! ¡Cuál palpita
mi pobre corazón, divinos Cielos!

 (Lee.)  «Trocóse la suerte; frustráronse todos nuestros designios. Estoy en poder de nuestros enemigos. El verdugo tiene el brazo levantado para descargar el último golpe sobre mi cuello. Mostrad vuestro heroico valor en conservar vuestra vida para ser el amparo de mi hijo inocente, ¡pobre hijo mío! Vuestro infeliz esposo Juan».

¡Ay hijo de mi vida! ¡Ay hijo amado!
¿Por qué naciste en hado tan adverso?
¿Tú muerto, y yo con vida? ¿Y es posible 45
que a dolor tan vehemente no fallezco?
¡Hijo del alma mía! ¡Tú expiraste
en un cadalso infame como reo,
y yo te sobrevivo! ¡Y no he podido
abrazarte, y morir contigo a un tiempo! 50
SOSA
Refrenad el dolor; en las desgracias
se conoce el valor y el sufrimiento.
LÓPEZ
Déjame llorar Sosa, porque el alma
algún descanso tenga en tanto duelo;
Déjame que me queje de mi suerte, 55
cuando no puedo hallar otro remedio.
Hijo infeliz e incauto, seducido
por un traidor e inicuo caballero.
Oh Fernando de Ávalos, tú hiciste
que siguiese tus huellas, y consejos, 60
despreciando de un padre los avisos
con que quiso apartarse de tus yerros.
¡Ay hijo! ¡Qué memoria tan amarga!
¡Qué recuerdo tan triste, y tan horrendo
será siempre el pensar que pereciste 65
caudillo de un inicuo aleve pueblo!
SOSA
Vuestra hija, señor, hacia aquí viene,
procurad ocultar vuestro tormento.
LÓPEZ
¡Ah! Que al verla se aumentan mis pesares,
pues es de tantos males el fomento. 70
 

(Sale DOÑA MARÍA vestida ricamente.)

 
MARÍA
Padre, y señor... ¡Mas qué es esto que miro!
¿Tú Sosa aquí en Toledo? ¿Qué hay de nuevo?
¡Vos padre tan turbado! ¿Por qué causa?
¿Dónde mi esposo está? ¿Los comuneros
Valladolid y Burgos han perdido? 75
¿O qué novedad hay? Dímela luego.
SOSA
Yo señora, he venido...
MARÍA
No te turbes:
¿qué triste arcano encierra tu silencio?
LÓPEZ
Hija, nada ha pasado, no te aflijas.
MARÍA
¡Ah! Vuestra turbación algún suceso 80
muy fatal me predice. Esos suspiros
detenidos por fuerza en vuestro pecho;
las lágrimas que brotan vuestros ojos,
son indicios, señor, muy manifiestos.
LÓPEZ
Sosiégate hija mía, no te finjas 85
imágenes que aterren tu sosiego...
¡Mas ay de mí, que el llanto me descubre!

 (Saca el pañuelo para enjugarse los ojos, se le cae la carta, y la alza DOÑA MARÍA.) 

MARÍA
Esta carta, señor... ¡Pero que veo!
Es letra de mi esposo...
LÓPEZ
No la leas
porque te ha de causar gran sentimiento. 90
MARÍA
Viene a mí el sobrescrito, y he de leerla.
LÓPEZ
Que no la veas, hija, yo te ruego...
te diré lo que escribe: es en sustancia
que junto a Villamar se queda preso.
MARÍA
Yo he de verla, señor, sea lo que sea. 95
LÓPEZ
Ah, que sus expresiones...
MARÍA
Valor tengo
para sufrir mayores desventuras.
LÓPEZ
¡Qué lance tan cruel es éste, Cielos!
MARÍA

 (Lee.) 

Suerte... nuestros designios... el verdugo...
El brazo... golpe... ¡ay!... sobre mi cuello... 100

 (Respuesta.) 

¡Ay esposo del alma! ¡Qué congoja!
¡Quién me socorre, ay triste, que yo muero!

 (Cae desmayada.) 

LÓPEZ
Ay de mí, me faltaba este conflicto
para aumentar mi pena, y desconsuelo.
Hija, amigo... ¡Ah, dolor! ¡Qué horror! ¡Qué susto! 105
¡Desventurado padre! ¡Qué tormento!
MARÍA
Esposo de mi alma...
LÓPEZ
Hija querida,
mitiga tu dolor.
MARÍA
¡Qué es esto, Cielos!
¿Así ayudáis a un padre de la patria?
¿Así premiáis virtud, valor, y celo? 110
¡Ay infeliz de mí! Yo estoy sin vida.
Padre, y señor, mirad el fin funesto
de un hijo miserable. Ésta es la suerte
de un caudillo del pueblo, de un guerrero.
LÓPEZ
¡Ay hija, no acrecientes las congojas 115
que el corazón me oprimen con exceso!
MARÍA
Dejadme que mis llantos, y sollozos
publiquen mi dolor y desconsuelo.
¡Esposo de mi vida, cuán contrario
el hado se ha mostrado en tus intentos! 120
Ay hijo de mi vida, ya has perdido
a quien te ha dado el ser. Con llanto eterno
acompaña a tu madre mientras viva...
¿Quién me podrá servir ya de consuelo?
Lloren conmigo todos su desgracia: 125
llora a tu ciudadano gran Toledo,
pues sin su apoyo te verás rendida,
llena de confusión, de sangre, y fuego.
LÓPEZ
Mitiga tus lamentos y suspiros:
en las adversidades a lo menos 130
no muestra cobardía una alma grande,
aunque llegue el dolor a un duro extremo.
MARÍA
Si con el bien perdido se perdiese
la memoria también, este violento
e inhumano dolor se calmaría; 135
mas siempre esta memoria, este suceso
esculpido estará dentro del alma,
y será de mi vida compañero.
¡Oh día desgraciado! ¡Oh triste esposo!
¿Posible es que sin ti vivir yo puedo? 140
 

(Sale DON ÍÑIGO, gobernador de Toledo, turbado, y al salir dice:)

 
ÍÑIGO
Apenas yo respiro de confuso:
ya saben la desgracia según veo.
LÓPEZ
Señor gobernador murió mi hijo.
ÍÑIGO
Ya he sabido ese lance lastimero.
Una carta recibo de su puño 145
que escribió ya en los últimos alientos,
y es mi dolor tan grande, que no hallo
expresión con que pueda encarecerlo,
pues fue mi amigo fiel, y nuestras almas
enlazó la amistad con nudo estrecho. 150
MARÍA
¡Ah señor, qué desgracia irreparable!
Ya se han frustrado todos los intentos:
ya sufrirá Castilla el duro yugo
de un afrentoso indigno cautiverio...
ya Toledo será víctima triste 155
del enemigo ejército soberbio.
ÍÑIGO
Sosegaos, señora, ya no es hora
de perder en gemidos los momentos...
En gran peligro estamos, pues sitiados
hace días que estamos en Toledo. 160
Ya la línea avanzada nos ofende,
y de todas nos hacen mucho fuego.
MARÍA
Es cierto; reparar conviene el daño.
LÓPEZ
¿Cómo podréis hacerlo en tal extremo?
Aquí lo que conviene es el rendirse. 165
MARÍA
¿Y la Liga? ¿Y el firme juramento?
LÓPEZ
Ése fue un desacierto, que ha guiado
a mi hijo al cadalso más horrendo.
La Liga se formó por la avaricia
de algunos castellanos caballeros 170
indignos de tal nombre, y de tal patria,
que siempre en lealtad fue fiel ejemplo.
ÍÑIGO
Señor, no se formó por la avaricia,
fue sólo por el bien de todo el reino.
Antes se examinó el fatal estado 175
de toda la nación. Los comuneros
por amor a la patria se juntaron
en Ávila, y no hallaron otro medio
que el conseguir por armas, o por fuerza,
lo que fácil no ha sido con los ruegos. 180
LÓPEZ
Por más que el rey las súplicas nos niega,
contra el rey oponernos no debemos.
MARÍA
El rey ausente ignora lo que pasa,
no sabe las miserias de su reino;
Los nacionales viven agobiados, 185
los extranjeros tienen los empleos:
ésta es la situación de nuestra España,
éste el borrón de sus antiguos fueros,
ésta la causa porque todos gimen
sin poder soportar tan duro peso; 190
¿Y queréis que Castilla así esté opresa?
LÓPEZ
No hay duda que han quedado en nuestro reino
varios pueblos quejosos del desorden
con que los han gobernado los flamencos;
mas fue la envidia nuestra mucha culpa, 195
y no toda la tuvo el extranjero,
pues ellos no sabían las tenencias,
las encomiendas, ni demás empleos
que habían de pedir, ni los oficios
que había de vender, ni por qué precio, 200
sino que por los nuestros avisados,
todos estos abusos cometieron.
ÍÑIGO
En fin, todos los daños de ellos vienen,
y no es justo suframos desaciertos.
Primero que Toledo llegue a darse, 205
se arruinarán sus muros hasta el suelo.
Todo el pueblo, señora, está furioso,
y a morir, o vencer firme, y resuelto.
Después que he publicado la desgracia
de vuestro esposo amado, todos ciegos 210
de cólera, y enojo, a la venganza
preparan su valor y sus aceros.
MARÍA
La vindicta del público reposo
sólo incita mi furia, y ardimiento;
y así, sustituyendo a mi marido, 215
hoy ofrezco librarte fiel Toledo
de tantos enemigos que te asedian,
pues nada asusta a mi valiente esfuerzo.
ÍÑIGO
Y por mi parte constante he de seguiros
hasta que en su defensa dé el aliento. 220
MARÍA
Pues id, tocad al arma, y con firmeza
comunicad al pueblo estos intentos:
prevenid los soldados al combate,
y siga con viveza el duro fuego.
ÍÑIGO
Ya voy a obedeceros, y estad cierta 225
de que os será leal y fiel el pueblo.

 (Vase.) 

LÓPEZ
¡Oh qué furor te ciega hija imprudente,
que no ves los peligros, ni los riesgos!
MARÍA
Cuando vierta mi sangre por la patria,
satisfago a mi honor, que es lo que debo. 230
LÓPEZ
Por el rey derramarla deberías
imitando a tus ínclitos abuelos,
y no manchar su sangre tan ilustre
con una acción indigna de sus hechos.

 (Vase.) 

MARÍA
Aunque el mundo se oponga a mis designios 235
defenderé a Toledo hasta el extremo...
pero ahora que sola me he quedado,
sin que nadie interrumpa mis lamentos,
es justo, esposo mío, que yo llore
tu muerte desgraciada, y fin funesto. 240
¡Ay de mí! Aquel carácter tan heroico,
aquella gallardía de tu cuerpo,
aquel ánimo grande, y esforzado,
aquel juicio envidiable y dulce genio,
y aquella edad tan tierna que has perdido, 245
¿cómo podré olvidar? ¡Qué desconsuelo!
¡Qué pena insoportable con porfía
el corazón me arranca de su centro!
Todas estas memorias me confunden,
y aumenta mis pesares, y desvelos 250
el pensar el destino de mi hijo
huérfano, sin amparo, ni consuelo.
Todos acusarán de infiel al padre
diciendo fue un traidor, e inicuo reo
que murió en un cadalso injustamente, 255
sin decir que la causa fue un gran celo
de defender la patria y el estado.
Éste será un borrón indigno y negro
que manchará su sangre tan ilustre,
y hará que se le trate con desprecio. 260
Hijo infeliz, ¿qué astro te persigue
con rigor tan insano, y tan adverso?
Pero, ¿así a mi dolor yo me abandono
y en varias reflexiones gasto el tiempo?
¿Es posible que el ánimo me falte 265
para ser el caudillo de este pueblo?
Oh esposo el más amable, el más valiente,
inspira tus ardores en mi pecho,
para que con las armas en la mano,
si tú faltaste, ocupe yo tu puesto. 270
 

(Sale MATILDE.)

 
MATILDE
Señora... respirad...
MARÍA
Matilde mía...
MATILDE
Ánimo... Lo sé todo, tened pecho;
Toledo os favorece, y puesta en armas
defenderse procura con denuedo.
Salid, sed su caudillo, pues confusa 275
la plebe anda vagando sin sosiego.
MARÍA
¿Y su gobernador?
MATILDE
Por las almenas
reparte varios jefes en sus puestos;
de vuestro esposo acuerda la memoria,
la plebe por vos clama, y quiere veros. 280
MARÍA
¿Mas qué he de hacer en tales circunstancias
sin moneda, ni víveres Toledo?
¿Quién ha de resistir en tal combate?
¿Qué tropas sufrirán tan fuerte asedio?
MATILDE
El remedio, señora, está en la mano; 285
yo te sugeriré bastantes medios;
abundante tesoro sé te aguarda.
MARÍA
¿Dónde el tesoro está? ¿Dónde el repuesto?
¿Si no bastan mis alhajas juntas,
las ricas joyas, cuanto yo poseo? 290
MATILDE
Nada temáis, seguid luego mis pasos.
MARÍA
Declara pues, Matilde tus intentos.
MATILDE
Ya los sabrás, aliento cobra, vanos
hasta ahora nunca fueron mis consejos.
MARÍA
Así es verdad; resuelta estoy; conduce 295
adonde tú quieras este pecho,
pues como sea a libertar la patria
ya todo lo demás importa menos.

 (Vase.) 

MATILDE
Si el hado favorece mis designios
he de hacer con valor, y con empeño 300
a fuerza de incesantes sugestiones,
y de instancias, de súplicas, y ruegos,
que vengue esta mujer tantas injurias
como toda la España está sufriendo,
y que la Liga se conserve, y dure 305
ya que la causa fue de su fomento.
 

 (Sale LÓPEZ.) 

LÓPEZ
¿Adónde está tu ama? ¿Qué motivo
la ha obligado a ausentarse de este puesto?
MATILDE
Su celo la conduce a una alta empresa,
esto es lo que deciros ahora puedo; 310
seguirla a mí me toca, y detenerme
aquí un instante más, es desacierto.

 (Vase.) 

LÓPEZ
¿Dónde irá esta mujer precipitada?
¿Dónde mi hija con paso tan ligero?
¡Oh día desgraciado! ¡Oh suerte peligrosa! 315
¡Oh cuántos males cercan a Toledo!
 

(Sale DON ÍÑIGO.)

 
ÍÑIGO
Todo sucede bien, tropa arrestada
corona ya los muros con esfuerzo.
La puerta de Bisagra es el recurso
que queda sólo a los contrarios nuestros: 320
tropa lucida la guarnece y guarda,
y el Alcázar, señora, todo el resto.
Seguros somos ya. Doña María
a toda la ciudad da nuevo aliento,
y espero en su valor...
LÓPEZ
Íñigo calla;
325
desiste de esperar buenos aciertos,
en lances que no viendo el precipicio,
gobierna la pasión sin el consejo.
ÍÑIGO
Inútiles temores os asustan,
y yo soy quien oírlos debo menos. 330
La ciudad a mi cargo se halla toda;
me toca defenderla con esfuerzo,
y derramar la sangre que me alienta
por mí mismo, por ella, por mi empleo.
Llorando está a su esposo vuestra hija; 335
mi leal amigo fue, vengarle debo.
Ocioso estáis, pues ni el amor de padre
llega a manifestarse, ni el de suegro.
Lo que hacer vos debíais yo ejecuto,
yo he tomado a mi cargo el cargo vuestro; 340
y a Dios quedad, pues no hago yo aquí falta
y en otra parte me echarán ya menos.

 (Vase.) 

LÓPEZ
¡Qué poco entiendes lo que el pecho oculta,
y el pesar que me aflige al mismo tiempo!
 

(Sale SOSA.)

 
SOSA
Señor, toda Toledo conmovida 345
e incitada del llanto, y de los ruegos
de vuestra infeliz hija, sale ahora
de extraer del sagrado de los templos
el oro, plata, ropas, y riquezas
que sirvieron de culto, y ornamento, 350
y con tal gritería el pueblo insano
reitera la promesa y juramento
de defender la patria, que los niños,
las mujeres, los mozos, y los viejos,
viva, viva la Liga, y sus secuaces, 355
y muera el enemigo van diciendo.
LÓPEZ
¡Ay de mí! ¡Qué es lo que hablas! ¡Qué he escuchado!
Me horrorizo al oír tal sacrilegio
impropio del carácter de cristianos,
y digno del enojo de los Cielos. 360
¿No fue este pueblo mismo el que otras veces
se opuso contra el moro con denuedo
por defender la Ley de Jesucristo,
porque no cometiesen en los templos
irreverencia alguna, y porque fuese 365
sola la fe adorada en nuestros reinos?
¿Pues cómo es éste tan inicuo,
que hoy profana el respeto de los templos,
y extrae de los altares, y sagrarios
todas cuantas alhajas hay en ellos? 370
¿Aun en mi edad caduca me faltaba
el ver contra la fe tal vituperio?
Oh Cielo, ¿para cuándo son tus rayos,
que no castigas a este infame pueblo?
SOSA
Rendida a las instancias de Matilde 375
se arrojó vuestra nuera a tal extremo.
LÓPEZ
¿Doña María es causa de estos males,
por seguir de Matilde los consejos?
 

(Sale MATILDE.)

 
MATILDE
Logré ya mi intención. Señor, no dudo
que me deis las albricias, pues podemos... 380
LÓPEZ
¿Qué hacer podremos fementida inicua,
que eres causa de tantos desaciertos?
¿Quién jamás te enseñó a que profanases
el respeto sagrado de los templos?
MATILDE
El Cielo, y la justicia me dirijan 385
y protejan mis votos, y mis ruegos,
por ser mis intenciones convenientes.
¿Es justo que Castilla esté gimiendo
bajo la esclavitud más vergonzosa,
y el yugo más cruel, duro, y severo? 390
¿Es posible que siendo castellano
estéis en vuestro error tan terco, y ciego,
que queráis ver la patria destruida
sin que os cause dolor, ni pena el verlo?
¿Pensáis que así cumplís con vuestra sangre? 395
¿Pensáis que esto os adquiere un lauro eterno?
LÓPEZ
Calla, vil; ¿cómo me hablas de ese modo?
¡Es posible que sufra este improperio!
MATILDE
Si la patria no exige vuestro amparo,
lo exige y lo merece vuestro nieto; 400
Él queda denigrado con la muerte
de su padre infeliz, que en un horrendo
vergonzoso cadalso dio la vida
por defender la patria, y sus derechos.
¿Si no vindicáis a vuestro hijo 405
quién tomará su causa con empeño?
LÓPEZ
Aunque millares de hijos me quedasen,
y al suplicio estuvieran todos puestos,
antes que ser traidor permitiría,
que todos a mis pies quedasen muertos. 410
Me horrorizo al pensar que fue mi hijo
del partido de tantos comuneros,
oprobio de Castilla, y de la España.
No lloro yo su muerte, sólo siento,
que siguiendo sus pérfidas ideas 415
manchó su sangre ilustre con sus yerros,
y aún tu maldad con esto no contenta
¿pretendes que yo adhiera a tus intentos?
Vete monstruo infernal de mi presencia,
no incites más mi enojo, ni mi ceño. 420
MATILDE
No temo vuestras iras, ni amenazas
cuando tengo en mi abono todo el pueblo,
la misma justicia me asegura,
que de tanto enemigo triunfaremos.

 (Vase.) 

LÓPEZ
Antes caerá tu pérfida cabeza 425
al filo de mi fuerte, y blanco acero.
¿Por qué palpitas corazón doliente?
¿Qué movimiento es éste tan intenso?
¿No te asustan de Marte los furores,
y ahora tu estado temes? ¿Cuál horrendo 430
pensamiento cruel te martiriza?
¿Qué causa en ti suscita estos afectos?
¡Ah! Mi gloria, mi honor esclarecido
es lo que excita en mí tal movimiento.
Acaso en el asedio mis amigos 435
de mi fe dudarán, y de mi celo,
pensando que con fines muy torcidos
estoy dentro los muros de Toledo.
¿Mas no defiende el Cielo la inocencia?
Pues yo ¿por qué vacilo, por qué temo? 440
Ay de mí, la desgracia de mi hijo,
el ser esta ciudad mi patrio suelo,
el ser Doña María su caudillo,
y el tener a la vista un tierno nieto,
¿no podrán producir siniestros juicios 445
del honor, y lealtad que yo conservo?
Sí; pues sal al instante Pedro López
de estos muros traidores, y protervos.
Pero si yo abandono en tal estado
a un frenético pueblo, e indiscreto, 450
que olvidando las leyes de justicia
a sus furores deja el freno suelto;
si de una mujer loca, y obcecada
los ímpetus enormes no contengo,
ya usando de prudentes amenazas, 455
ya inspirándole honor con mis consejos,
¿qué será de esta plebe alborotada?
¿Qué destrucción será la de Toledo?
Entre estas confusiones, Cielo santo,
permitidme que elija el mejor medio; 460
mas si crédito doy al vaticinio
que el corazón me anuncia, estarme debo,
pues útil en Toledo es mi presencia,
porque siendo tan fieles mis intentos
protegerán los Cielos mi inocencia, 465
y mi honor quedará puro, e ileso.
Ea pues, los designios comenzados
dirijan mis acciones y fin recto,
madúrese la empresa y a mi gloria
sirva de mayor lustre este trofeo. 470
 

(Sale DOÑA MARÍA vestida de luto y suelto el cabello, DON ÍÑIGO y varios soldados.)

 
MARÍA
Soldados, preveníos a la empresa:
todo de vos, Don Íñigo, lo espero.
ÍÑIGO
No dudéis de mi ardor; de vuestro padre
exigid otro tanto, pues su esfuerzo
unido con nosotros...
LÓPEZ
¿Qué profieres?
475
¿Juntar los míos con los votos vuestros?
¿Unirme con sacrílegos osados,
habiendo cometido un tal exceso?
MARÍA
¿Sacrilegios llamáis a mis acciones,
cuando son inspiradas de un buen celo? 480
LÓPEZ
Inspiradas del diablo, y de su astucia
más bien debes decir, que no de celo.
¿Dónde tal impiedad igual hallaste?
¿Qué cristianos te sirven de modelo
para acción tan enorme y espantosa? 485
En vez de respetar el sacro templo,
y adorar sus altares y sagrarios,
¿extraes cuantas alhajas hay en ellos?
¡Oh qué profanación! ¡Oh qué delito,
que es digno del castigo más horrendo! 490
MARÍA
En las fatales tristes circunstancias
en que se ve en el día aqueste pueblo,
sin otro amparo alguno, ni socorro,
¿es delito el valerse de estos medios?
La religión, el público reposo, 495
el inminente riesgo en que nos vemos,
la natural defensa de la vida,
¿no son justos motivos para hacerlo?
De toda esta ciudad acompañada,
postrada de rodillas en el templo, 500
y con profundo llanto he dirigido
mis votos más humildes, y mis ruegos
al todo poderoso, suplicando
que si esta acción no hacía con fin recto
por el bien de la patria, y por el culto 505
de su divina Ley, y sus preceptos,
me quitase la vida con asombro,
y sirviese mi muerte de escarmiento
antes que profanase el santuario.
LÓPEZ
Buen modo de fingir lo que no es cierto. 510
A los hombres se engaña fácilmente,
pero a Dios no es posible que ocultemos
el celo, o la maldad de nuestras obras.
MARÍA
Pues señor, en el lance en que nos vemos
cercados de tan fuertes enemigos, 515
no teniendo otro arbitrio, ni remedio,
¿no es justo que en defensa de la patria,
de nuestra libertad, del honor nuestro,
de tantos infelices oprimidos,
y de las mismas aras y los templos, 520
usemos de estos medios si no hay otros?
¿Pues por qué lo llamáis un sacrilegio?
LÓPEZ
Porque son vuestros fines muy torcidos
contra toda razón, contra derecho.
Las alhajas que sirven para el culto 525
del todo poderoso, no debemos
por más necesidad que padezcamos
sacarlas del altar en que estuvieron.
Sólo el rey lo pudiera hacer en caso
de ver que perecía todo el reino, 530
en una guerra justa, y peligrosa,
asaltado del hambre, y sin dinero.
MARÍA
Yo sigo el ejemplar de otras mujeres
que así también lo hicieron otro tiempo.
Las famosas matronas de la Grecia 535
entraron de Diana al sacro templo,
y sacando las joyas que allí había,
con ellas una guerra sostuvieron.
Las vestales sus trajes y vestidos
de su virginidad también vendieron 540
para oponerse al ínclito Temístocles
capitán esforzado de los griegos.
LÓPEZ
Pues también las romanas generosas,
para hacer un presente a Apolo en Delfos,
se despojaron todas de sus joyas, 545
y hasta los anillos de los dedos.
¡Ah! Pluguieran los Cielos que siguieses
de éstas, y no de aquéllas el ejemplo.
MARÍA
La acción, señor, es justa, y aprobada
por los grandes, los nobles, y plebeyos. 550
LÓPEZ
Yo digo que es inicua, y afrentosa,
y que al fin ofendido de ella el Cielo
tomará la venganza merecida
abrasando en sus rayos a Toledo,
castigándoos a vos, y a quien ha sido 555
de tanto desacato el instrumento.
MARÍA
La patria así lo exige, y el estado
de un reino que se ve triste, y opreso.
LÓPEZ
¿Dónde está la opresión, que ya me falta
para tal insolencia sufrimiento? 560
¿Con qué razón el reino perturbasteis,
y queréis de Toledo haceros dueños?
¿Qué divina ni humana ley permite
que el vasallo por fines indiscretos
levante rebeliones, y haga guerra 565
a un señor natural que le da el Cielo?
¿El estado y la patria se defiende
quemando sus ciudades, y sus pueblos,
cometiendo atentados, y maldades,
robando sus iglesias, y sus templos? 570
Pues éste ha sido el fruto que ha sacado
el ejército vil de comuneros.
Por ellos se alteró la fiel Segovia,
se destruyó Medina, y Alaejos,
se estragó Salamanca, también Soria, 575
y Palencia siguió su inicuo ejemplo;
a Burgos, a León, Ávila, y Toro,
y en fin para acabar, a todo el reino
causó desastres, muertes, y aflicciones,
que en deplorable estado le pusieron. 580
MARÍA
Si mi padre no fuerais, no tendría
a vuestra edad, ni canas miramiento.
Mientras viva, la empresa no abandono
de defender los muros de Toledo:
por la sangre que corre por mis venas, 585
y el honor que heredé de mis abuelos,
os ofrezco patricios no dejaros,
y os reitero el solemne juramento.
ÍÑIGO
A vuestro lado un rayo seré siempre,
pues mi valor anima vuestro celo. 590
MARÍA
Seguidme valerosos ciudadanos,
que hoy verá el enemigo mi ardimiento.
LÓPEZ
Y tú verás tu muerte, y precipicio
por despreciar mis ruegos y consejos.

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