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31

M.: «alguno». (N. del E.)

 

32

M.: «arras». (N. del E.)

 

33

M.: «puede». (N. del E.)

 

34

M.: «salteassen». (N. del E.)

 

35

M.: «dira». (N. del E.)

 

36

M.: «nonadas». (N. del E.)

 

37

M. omite «y de oro en oro». (N. del E.)

 

38

61-13. Acerca de «doblon de dos caras», véanse las notas 255-12 del tomo I y 196-11 del tomo III de las Comedias y entremeses. (N. del E.)

 

39

61-22. Correas (pág. 12 de la edición académica) trae el refrán: «A Belmonte, caldereros, que dan jubones y dineros.» Y Sebastián de Orozco, en su Cancionero (edición de Sevilla, 1874; pág. 98), escribe:


   «Si al más nuevo quiere asir,
tiene los pies tan ligeros,
qu'en fin se le tiene de ir,
y a ella podrán dezir:
a Belmonte, caldereros

Tirso de Molina, en los Cigarrales de Toledo (cigarral III), explica de este modo la frase:

«Carrillo, los próvidos franceses que, vendiendo hilo portugués en nuestra patria y amolando tiseras, sin ser alquimistas, convierten el yerro en oro a costa de malas comidas y peores cenas, escarmentados de los vestidos nuevos que en Belmonte su Marqués los forçava a trocar por los viejos, y, con capa de caridad, quitándoles las suyas, amontonó un tesoro, suelen dar en el arbitrio que has visto, porque, temiendo los estratagemas de los vandoleros avezindados en estas asperezas (que por saber de algunos que, cuando passan por ellas, se tragan los doblones, por no hallar más seguro banco que sus mismas entrañas, y los suelen atar por esos pinos, dándoles mucho açote hasta que, si no como gatos de Algalia, a lo menos de escudos, restituyen entre los excrementos el depósito de sus trabajos) tienen por más seguro echar a sus [h]erraduras del más precioso metal que idolatra el mundo, que poner a riesgo de un encuentro salteador lo que tan a su costa ganaron.»

El Belmonte aludido es la villa de la provincia de Cuenca, del señorío de los Marqueses de Villena. (N. del E.)

 

40

M.: «le». (N. del E.)