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Amigos del libro

Año XV, núm. 37, julio-septiembre 1997

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ArribaAbajoPaisaje de la Literatura Infantil y Juvenil en España


ArribaAbajo Control ideológico en la novela histórica para jóvenes en España

Marisa Fernández López1


La novela histórica,2 entendiendo por tal el género inaugurado en 18143 por Walter Scott con Waverley, se desarrolló con cierta rapidez en España debido en buena parte a la labor de los literatos exiliados tras la restauración del Absolutismo en el país después de la caída de Napoleón. En 1825 se tradujo Ivanhoe (aunque por motivos de censura, a cargo de la Iglesia, se editó en Francia) y en 1828 se publicó la primera novela histórica autóctona. Desde ese momento el género jugó un papel importante dentro de la producción del siglo XIX y más tarde, al adoptarse el género en el campo de la LIJ, se utilizó con intencionalidad ideológica cuando no de cruda propaganda al igual que en otros países. Como indica Stephens este uso de la novela histórica en el campo de la LIJ se ha debido a «... its capacity to transform events which appear to be historical particularities into universals of human experience» (1992: 205).

La segunda mitad del siglo XIX se caracterizó por el gran número de novelas históricas, en ediciones baratas que, sin ser destinadas expresamente para ellos, fueron leídas sin duda por los adolescentes. La novela histórica de raíces románticas fue sustituida por la novela de aventuras históricas, literatura popular que fue desplazada a la periferia del sistema y por tanto sólo digna de ser leída por jóvenes y clases populares. Cuando decayó el interés por la novela histórica hizo su aparición la novela histórica específica para jóvenes, incluyendo todas las características epigónicas de la LIJ: apareció al decaer el interés de los adultos por este tipo de narrativa y estuvo muy influenciada por el lastre didáctico característico del período estando más cercana a la obra de Arnaud Berquin y su maniqueísmo moral que a la de Marryat o Stevenson. Un caso   —8→   extremo en el que una obra se dirige a un público determinado ya desde el propio título es Magdalena: una novela histórica para niños publicada en Madrid en 1890. La bibliografía que cita Bravo-Villasante4 incluye siete obras de este tipo y que mayoritariamente (al menos cuatro de cada siete) parecen estar destinadas a niñas, ya que sus personajes son españolas ilustres (básicamente reinas o santas) cuya vida se novela para ejemplo de la lectora. Llamar novela a estos textos puede ser exagerado, pero es evidente que nacieron a la sombra del éxito editorial de las novelas históricas para adultos que, en muchos casos, fueron adoptadas directamente por los jóvenes.

Esta situación se mantuvo hasta bien entrado el presente siglo sin perder su claro didactismo y la tendencia a la hagiografía y vida de personajes hispanos ilustres (elegidos según las características ideológicas de cada autor). La intencionalidad de «enseñar deleitando» en lugar de una finalidad meramente recreativa aplicada a los libros infantiles y juveniles se mantuvo hasta casi el final del primer tercio de siglo. Así, en 1929, Cruz Rueda (García Padrino, 1992: 152) ganó el Concurso Nacional de Literatura con Gestas heroicas castellanas contadas a los niños (publicada en 1931), de elocuente título ya que fue la región alrededor de la cual se crearía el concepto de nación española a finales del siglo XV.

Esta intencionalidad de premiar una obra que recalcaba la unidad del Estado como una sola nación probablemente estaba revelando la pujanza de movimientos nacionalistas en diversas regiones que se hicieron evidentes al proclamarse la República en 1931. El nuevo Estado tuvo corta vida pues en 1936 estalló una sublevación militar que inmediatamente se transformó en guerra civil abierta e hizo que los escritores tomaran partido y usaran, como era de prever, las posibilidades propagandísticas de la novela histórica. Esta estrategia se usó en ambos bandos aunque lógicamente desde ópticas opuestas y exaltando valores contrapuestos. Así podemos encontrar desde la panfletaria Crónicas de un pueblo en armas (1936) de Ramón J. Sender que el propio autor consideró «obra de trinchera» en la cual se recorre la historia del país y muestra la decidida toma de postura del pueblo español contra la opresión a lo largo de su historia como justificación de la lucha republicana. Aun más tendenciosa es la paraliteratura generada por los rebeldes como las obras de Federico García Sanchiz Más vale volando... (1939) y Sacrificio y muerte del halcón (1938) y otros autores en cuyas obras intervienen los Reyes Católicos, Santiago Apóstol, el concepto de Hispanidad, la Virgen del Pilar, etc.

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La postguerra se caracterizó por la monocorde existencia de una novela histórica repetición de la creada en el bando rebelde durante la guerra, que sirvió para exaltar valores imperiales del país en los siglos XV al XVII, ejemplo a imitar según la mitología franquista basada en la existencia de una España uniforme, católica y tradicionalista (Colomer, 1992: 139). Así las obras de corte histórico presentan únicamente a aquellos personajes interesantes para la «nueva ideología» esto es, los que difunden la idea de imperio invicto (Juan de Austria, Álvaro de Luna, los Reyes Católicos, Felipe II, etc.). No obstante, la característica de la novela histórica de los años cuarenta es la asociada a la propaganda religiosa. Así tenemos títulos tan expresivos como La vestal mártir y ¡Redimidos! (R. Beovide, 1947 y 1942) o ¡Heroísmo!, de F. Guerrero (1948). Varias editoriales unidas a la Iglesia Católica (Salesianas, Paulinas, Escelicer, etc.) que a menudo utilizan autores religiosos, editarán varias novelas cuya finalidad es ensalzar a los mártires cristianos de las diversas épocas, pero sobre todo de la Roma Imperial (así de siete noveles históricas ambientadas con mártires, cuatro suceden en la época de Roma).

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Il. de Juan Ramón Alonso para Mano escondida, de Manuel Alfosea (Madrid: Santillana, 1992)

Los años cincuenta suponen la práctica desaparición de las novelas de propaganda religiosa, manteniéndose las dedicadas al medioevo y al período imperial español. Aparece también alguna novela aislada, en 1947, con propaganda anticomunista   —10→   ambientada en la época de la revolución rusa y sus subsiguientes hambrunas (Las lilas negras, de J. Gutiérrez) e incluso hay una centrada en el trato inhumano sufrido por un prisionero italiano que queda en la URSS tras acabar la Segunda Guerra Mundial, Doce años en el infierno, de Gonzalo Pascual (el año de publicación, 1959, nos indica que estamos en la época de la guerra fría). Resulta interesante señalar que tras la finalización de la Guerra Civil no parecen haberse publicado novelas históricas en las que se exaltara la ideología fascista pura de tipo italiano o alemán, sino solamente la peculiar ideología franquista.

El debilitamiento ideológico y de control de los medios de comunicación que se produce en la Dictadura a partir de los años sesenta supone un cambio de estilo y temática en este tipo de relatos. La editorial Doncel, fundada en esos años, aunque muy cercana al Régimen, publicará una serie de obras que abandonan buena parte de la carga ideológica anterior.

Las novelas que se publicarán en esos años tienen el medioevo, especialmente el Camino de Santiago, como escenario preferido, a través de las obras de Aguirre Bellver (El juglar del Cid o El bordón y la estrella, ambas de 1961). Aunque no aparecen obras en las que se exalte el patriotismo y la religión, entendido desde la ideología franquista hay un caso aislado: Dios en las trincheras (1964), de Martí Timoneda sobre la historia de un sacerdote que se enrola en el ejército de la República como medio para poder pasar al bando rebelde cuando le envíen al frente. Paradójicamente aparece por vez primera una novela cuya publicación sólo se explica por su constante afán moralizante; nos referimos a Manuel y los hombres (1961), de Miguel Buñuel, cuya acción transcurre durante las violentas huelgas de Zaragoza a comienzos de siglo. María y Pilar Molina Llorente tratan en estos años por vez primera la novela histórica ambientada o bien en la prehistoria (Ut y las estrellas, 1964, de Pilar) o en períodos históricos correspondientes a la romanización de España (Las ruinas de Numancia, 1965, de María). En este caso el escenario histórico no es una excusa para la propaganda religiosa. El último año del decenio aparecen dos obras: Viaje al país de los lacetas (Sorribas) y Marcabrú y la hoguera de hielo (Teixidor) que marcan un hito fundamental en la evolución de la novela histórica en España ya que comienza la preponderancia de autores catalanes. La dictadura franquista fue perdiendo parte de su férreo control durante los años cincuenta y a partir de los años sesenta permitirá la edición de obras en otras lenguas del Estado. Como respuesta a este permiso y, sobre todo en   —11→   Cataluña, comenzarán a surgir editoriales y colecciones escritas en catalán. En el campo de la LIJ esta tarea la encabezó La Galera, editorial fundada en Barcelona en 1963. Gracias a ella la novela histórica para jóvenes de la segunda mitad de los sesenta conocerá un tímido renacer de la conciencia nacionalista catalana. Obra importante por las connotaciones ideológicas es Bernardo y los bandoleros (1974), de Josep Vallverdú, novela que está centrada en la revuelta de los campesinos catalanes contra el virrey en el siglo XVII, acontecimiento clave para la identidad catalana. La muerte del dictador al año siguiente deja el camino libre para que se multipliquen los títulos publicados antes de llegar al decenio de los ochenta. La novela histórica escrita en catalán seguirá siendo utilizada como plataforma para dar a conocer la historia propia y reavivar la conciencia nacional. Vallverdú, Teixidor, Vergés y Barceló son algunos de los más importantes autores de esta época.

El final del Franquismo coincide en España con la explosión editorial en el campo de la LIJ y se producirá, en paralelo a la novela histórica catalana, que se traducirá también al español, una novelística asociada a la Historia del Estado centrándose en la historia medieval, la aventura americana y la Guerra Civil.

Tras la muerte del dictador, la expansión de la novela histórica en español fue paralela a la que había experimentado la pionera catalana5 y apenas se distingue de la que se puede encontrar en otros países. Se introducirá el tema de la Guerra Civil y el americano recobrando los aspectos históricos olvidados o censurados durante la etapa de la Dictadura. Autora importante es Concha López Narváez, que compagina el rigor histórico con una muy adecuada descripción del ambiente y elementos culturales (mención de las estaciones del año sin aludir a sus nombres latinos en novelas ambientadas en la Iberia primitiva) presenta el escenario, e incluso los modos literarios, (imitación de la novela morisca de tipo epistolar) junto con argumentos que son auténticos bildungsroman. Dentro del tipo de novela epistolar mencionado la autora publicó La tierra del sol y la luna (1984), novela que ambientada en la Granada del siglo XVI trata sobre la intransigencia entre culturas (cristianos, judíos y moriscos). José María Merino en su trilogía sobre la vida del mestizo Miguel Villace Yólotl narra utilizando la técnica usada en las crónicas de Indias, reproduciendo con fidelidad el ambiente histórico y utilizando un lenguaje muy cercano al de la época (s. XVI) en lugar de una «recreación» del mismo, al   —12→   estilo del register of antiquity de Stephens usado como artificio de «defamiliarization» (Stephens, 1992: 218). Carlos Villanes en Retorno a la libertad (1990) trata el tema de la expulsión de los judíos decretada en el mismo año en que se descubre América. Juan Farias y su colección de novelas «Crónicas de media tarde» nos presenta la tragedia social de la Guerra Civil, el exilio y la postguerra o bien el clima agobiante de la educación en colegios religiosos de postguerra en Los pequeños nazis del 43 (1987). Carmen Kurtz en Dame la mano Habacuc (1989) da un tratamiento igualitario a los participantes de la Guerra Civil sin tomar partido por un bando determinado (Colomer, 1992: 146). Carmen Martín Gaite en El cuarto de atrás (1988) establece un cierto paralelismo con la novela autobiográfica de Judith Kerr Cuando Hitler robó el conejito rosa (1971) narrando la autora su infancia en la Salamanca de la Guerra Civil. Y en 1987 se publica una novela inédita, prologada por Marisol Dorao, y que pertenece a una de las sagas más representativas de la literatura infantil del s. XX en España; nos referimos a Celia en la revolución, de Elena Fortún, donde se nos presenta a una Celia de 16 años cuyo padre confía ilusamente en el triunfo de la República.

No son únicamente los temas de la Historia americana y la reciente de España los tratados en la novela histórica de los últimos 20 años (en el caso del tema americano buena parte del número importante de obras se debe a la celebración del quinto centenario del descubrimiento en 1992). Se retratan todo tipo de ambientes y momentos de la historia del país, así como los de otras culturas (Egipto, Vikingos, etc.); solamente la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento ajeno a la sociedad española que la vivió como mera espectadora desde una durísima postguerra, quedará fuera de los temas tratados por los autores españoles. La novela histórica de los últimos años se caracteriza por tener como decorado el contexto histórico en el que se narra la historia de niños o jóvenes, tratando de transmitir ideales pacifistas, de convivencia en armonía, descalificación del racismo y de los autoritarismos.

Es interesante, a modo de conclusión, comparar la evolución de la novela histórica para jóvenes en España con la de los países de habla inglesa. Para ello se ha elaborado una tabla en la que se han recogido, de acuerdo con una clasificación temporal, las obras incluidas en el catálogo de Fisher (1994) y el nuestro elaborado a partir del de Lage Fernández (1993), completado con otras fuentes. La siguiente tabla sirve para establecer los paralelismos entre las 442 obras en inglés y las 157 en español contabilizadas para la tabla.

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INGLÉSESPAÑOL
Número%Número%
Hasta caída del Imperio Romano46102214
Edad Media50114931
Siglos XV al XVIII105244428
Siglo XIX12428128
Siglo XX117263019

La realidad histórica de cada país se observa en la elección de los períodos históricos más emblemáticos por parte de los distintos autores. Así, mientras las novelas ambientadas en los siglos XIX y XX suponen más de la mitad de las obras catalogadas por Fisher,6 este alto porcentaje debe buscarse en el caso español en la Edad Media y en los siglos XV al XVIII, período que comprende la formación de la nación española y la colonización de América. La historia bélica reciente afecta de forma equivalente a los dos colectivos, así en el caso de novelas en inglés casi la mitad (43%) de las ambientadas en el s. XX corresponden a la Segunda Guerra Mundial y en el caso español los dos tercios de las ambientadas en este siglo tienen a la Guerra Civil como tema de fondo.

El comportamiento de la novela histórica para jóvenes en España no difiere en cuanto a la elección de momentos históricos tratados del que se ha dado en sociedades tradicionalmente más estables. Sí, en cambio, difiere en que, al ser una sociedad con tensiones hasta épocas recientes, ha mostrado de forma más clara la utilización con finalidad propagandística de esta parcela de la LIJ.

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Bibliografía

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